30 agosto, 2006

Alejandra Pizarnik

Nacida en Buenos Aires en 1936, hija de emigrantes rusos devenidos burgueses en el país andino. Alejandra tuvo una infancia triste, era una niña introvertida, dominada por las fantasías y los miedos. En 1954 ingresa en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y un año después publica su primer libro de poemas, La tierra más ajena. En 1956, publica La última inocencia dedicado a León Ostrov, su psicoanalista de muchos años y de quién, según testimonios, estuvo enamorada. En 1958 publica Las aventuras perdidas, que lleva una ilustración de Paul Klee, su pintor favorito. Su mundo es generalmente amargo. Una vida definida como un dolor vehemente, una absoluta desesperación. Entre 1960 y 1964 se instala en París, e inicia una etapa de maduración personal, que hará que pertenezcan a esta época la mayor parte de sus poemas antológicos. Allí conoce a Octavio Paz y a Julio Cortázar, amistades que mantiene hasta su muerte. En el año 1965 regresa a Buenos Aires, es el inicio de su periodo de obsesiones y delirios, pero no se harán evidentes hasta la última etapa de su obra, marcada por la melancolía y la sombra de la locura anterior a su muerte. Su vida termina en un abandonarse lentamente a su peor enemigo: ella misma. Se suicida el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, de una sobredosis de somníferos.


LA NOCHE
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa deliray grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.
(Las aventuras perdidas, 1958)

5 comentarios :

María dijo...

Alejandra Pizarnik es... aquella alma inasible que buscamos toda la vida y no encotnraremos jamás. Son las palabras cuchillo, las palabras que se vuelven monstruos y se vuelven maravillas.
Dios salve a Alejandra y sus hechizos.

Yokas dijo...

La noche…sabia como pocas, conoce a la poeta, la reconforta y la cobija, ella lo sabe por eso aunque sea su soledad… es su refugio.

Hace tiempo la leí y me pareció una escritora muy extraña, creo que por que estaba más cercana a la locura que a la lucidez, igual es que conozco poco su obra y no supe entenderla…

“Toda literatura es autobiográfica, finalmente.
Todo es poético en cuanto nos confiesa un destino, en cuanto nos da una vislumbre de él” Jorge Luis Borges

Un beso. Yokas

Alicia dijo...

devuelvo la visita, yo veo: alas...

Alicia dijo...

ahhh, y que compartimos el mismo link de "el poder de la palabra" muy buen blog!

bleuge dijo...

crees que podemos ser salvados?

que gente como Alejandra pueden ser sanados (quizás en el sentido que le atribuye Jodorowsky) y desprenderse del dolor?

maría: quizás tiene razón, yo tampoco quiero escribir poesía