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28 enero, 2010

J.D. Salinger (1919-2010)


"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso..."
                                                    
- El Guardián entre el centeno (1951)

Relato relacionado:  Cornish, New Hampshire.
 

15 septiembre, 2008

David Foster Wallace (1962-2008)


El cronista fundamental de la nueva narrativa norteamericana se ha suicidado. David Foster Wallace fue hallado muerto por su esposa en su casa de Claremont (California). Se había ahorcado. Tenía 46 años.

Foster Wallace deja tras de sí una obra con grandes logros, pues era punta de lanza de una nueva generación de narradores experimentalistas convencidos de la imposibilidad de abordar nuestro tiempo desde un prisma meramente realista. Aupado al estrellato literario gracias a la monumental y aclamada novela La broma infinita (1996), Foster Wallace ya había despuntado en 1989 con una colección de extraños relatos titulada La niña con el pelo raro. Su estilo complejo y dilatado reunía referencias constantes a aspectos de su tiempo que le causaban desconcierto -el poder de las grandes corporaciones, la capacidad de comunicación de los nuevos medios, la manipulación de la televisión- y a los que continuamente Foster Wallace intentaba desmontar reventando sus debilidades con su prosa sarcástica.


Su vida personal estuvo marcada por su propensión a sumirse en estados de ánimo depresivos, que lo llevaron en una ocasión a pedir ser ingresado en una unidad de vigilancia psiquiatrica porque no se sentía con fuerzas para controlar su tendencia suicida.

Sobre su forma de experimentar con el lenguaje, David Foster Wallace dijo: "Lo esencial es la emoción. La escritura tiene que estar viva, y aunque no sé cómo explicarlo, se trata de algo muy sencillo: desde los griegos, la buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago. Lo demás no sirve para nada".

30 agosto, 2006

Alejandra Pizarnik

Nacida en Buenos Aires en 1936, hija de emigrantes rusos devenidos burgueses en el país andino. Alejandra tuvo una infancia triste, era una niña introvertida, dominada por las fantasías y los miedos. En 1954 ingresa en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y un año después publica su primer libro de poemas, La tierra más ajena. En 1956, publica La última inocencia dedicado a León Ostrov, su psicoanalista de muchos años y de quién, según testimonios, estuvo enamorada. En 1958 publica Las aventuras perdidas, que lleva una ilustración de Paul Klee, su pintor favorito. Su mundo es generalmente amargo. Una vida definida como un dolor vehemente, una absoluta desesperación. Entre 1960 y 1964 se instala en París, e inicia una etapa de maduración personal, que hará que pertenezcan a esta época la mayor parte de sus poemas antológicos. Allí conoce a Octavio Paz y a Julio Cortázar, amistades que mantiene hasta su muerte. En el año 1965 regresa a Buenos Aires, es el inicio de su periodo de obsesiones y delirios, pero no se harán evidentes hasta la última etapa de su obra, marcada por la melancolía y la sombra de la locura anterior a su muerte. Su vida termina en un abandonarse lentamente a su peor enemigo: ella misma. Se suicida el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, de una sobredosis de somníferos.


LA NOCHE
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa deliray grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.
(Las aventuras perdidas, 1958)

26 agosto, 2006

Un poema de Houellebecq

No es eso

"No es eso. Trato de conservar mi cuerpo en buen estado. Quizás esté muerto, no lo sé. Hay algo que habría que hacer y que no hago. No me lo han enseñado. Este año he envejecido mucho. He fumado ocho mil cigarrillos. Me ha dolido, a menudo, la cabeza. No obstante debe haber una manera de vivir; algo que no se encuentra en los libros. Hay seres humanos, hay personajes; pero de un año al otro apenas si reconozco las caras.

No respeto al hombre; sin embargo, lo envidio."

© Michel Houellebecq
Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán


20 agosto, 2006

Félix Francisco Casanova



Con 17 años obtuvo con "El invernadero" el premio el Julio Tovar, principal galardón de poesía de Canarias. A los 18 años recibió el Benito Pérez Armas de novela con "El don de Vorace". A los 19 le fue concedido por el periódico "La Tarde" el premio al poemario "Una maleta llena de hojas". Fue también autor de un diario, "Yo hubiera o hubiese amado", y de "Cuello de botella", un libro de poemas escrito en colaboración con su padre. El conjunto de los versos de Félix Francisco Casanova está recogido en el volumen "La memoria olvidada" (1973-1976), publicado por la editorial Hiperión en 1990.

Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1956, hijo del poeta Felix Casanova de Ayala. Vivió en Tenerife hasta su muerte en enero de 1976: lo encontraron en la bañera asfixiado por un escape de gas. Tenía sólo 19 años. Tras su desaparición quedó la hueya profunda de su fugaz obra, dando paso al nacimiento del mito, alentado por los rumores de su posible suicidio, que aún resuenan. Es incluso probable que esa áurea mística que le rodeaba haya impedido en cierta medida un mayor acercamiento a su obra y a lo que ésta significó. Desde entonces, llueven los aplausos, las consideraciones, los homenajes y los poemas escritos en su recuerdo, en recuerdo de aquel jóven que tal vez hoy sería una figura de la poesía y la narrativa escritas en español.





"A veces, cuando la noche me aprisiona,
suelo sentarme frente a una cabina
telefónica
y contemplo las bocas que hablan
por lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar,
yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas."


...



"El autobús de medianoche
pasará por aquí, frente a tu casa.
Sonará tres veces el claxon
y oirás las risas contagiosas
de sus pasajeros.
Tú morderás la cortina de la ventana
y aferrándote a los muebles
romperás a llorar.
Justo la noche en que decidas
marchar
él faltará a la cita."



...



"Era flexible como un junquillo
y su nombre no hacía despegar los labios.
Ni al caminar por la más blanda arena
dejaba huellas, ni al lanzarse al mar
espuma.
Nunca la lluvia consiguió mojarla
ni la hojarasca crujió a su paso.
No tengo la menor idea de dónde está.
¿Lo sabes tú?"


...


"¿A qué podremos jugar
cuando el invierno emigre
y las lluvias cesen?
Ya no será tan fácil deslizarse
por la húmeda lengua del crepúsculo,
alzar el vuelo con los cuerpos
trenzados

y respirar por una misma boca.
¿Sería ésa la hora
de suponer perfecto nuestro estilo,
de, quizás, haber creado
la verdadera comunicación
para rechazarla luego?"

16 agosto, 2006

John Kennedy Toole

Todo acerca de ti se ha convertido en una leyenda. Abandonaste este mundo en 1969, a la edad de 32 años. Cuentan que estabas deprimido, habías engordado, bebías demasiado, aferrado a un sexo sin control. Desilusionado por no encontrar editor para tu obra literaria, un día de forma estudiada condujiste por una carretera rural a través de la costa del golfo de Mississipi. Aparcaste el vehículo. Sacaste una manguera de las de regar el jardín. Colocaste un extremo en el tubo de escape y el otro lo introdujiste por una de las ventanillas traseras. Fuiste hallado muerto con el motor del coche aún en marcha.

Tu personalidad reunía demasiadas controversias: habías sido un niño mimado; un prodigio academico de primer orden; un muchacho torturado por los conflictos con una madre dominante; un joven con una identidad sexual no asumida; un hombre con signos de esquizofrenia; un profesor de lengua muy apreciado; un trabajador incansable; un amante de las costumbres y la música de New Orleans, tu lugar de origen. Te marchaste de este mundo pensando que tu obra, aquella a la que habías consagrado todos tus esfuerzos, nunca seriá publicada. No fue así. Años después de tu muerte, multitud de nuevos lectores se aproximan a tu obra, descubren tu talento y entonces piensan que tu desaparición les arrebató a un autor que, de haber continuado escribiendo, habría proporcionado grandes obras a la literatura de todos los tiempos. Por eso se te sigue echando de menos, Ken.

Everything about you has turned into a legend. You died in 1969, at the age of 32 years. They tell that you were depressed, had put on weight, were drinking too much, stuck to a sex without control. Disappointed that you did not find publisher for your literary work, one day you drove by a rural highway across the coast of the gulf of Mississipi. You parked the vehicle. Extracted a hose of those of watering the garden. Placed an end in the tailpipe and introduced the other for one of the rear windows. You were found dead with the engine of the car still on.

Your personality was assembling too many controversies: you had been a pampered child; an academic prodigy of the first order; a boy tortured by the conflicts with a domineering mother; a young man with a not assumed sexual identity; a man with signs of schizophrenia; a very valued teacher of language; a tireless worker; a lover of the things and the music of New Orleans, your place of birth. You left this world thinking that your work, that one to which you had dedicated all your efforts, never would be published. It was not like that. Years after your death so many new readers come closer your work, discover your talent and then they think that your disappearance snatched them an author who, in the case of having kept on writing, would have provided great works to the all time literature. That's why they keep on missing you Ken.

Ignatius


"Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez..." -John Kennedy Toole (A Confederacy of Dunces)