02 noviembre, 2006

Mi nombre es Sombra


Según el orden del día, con ocasión de la reunión semestral de la Asociación de Sombras sin Rumbo, la cuestión principal a debatir era: “Ventajas e inconvenientes de ser una Sombra en la diversidad a la luz del desafío de la sociedad del siglo XXI”.

Mi nombre es sombra, -exclamó un espantajo desde la primera fila. Era una fórmula con la que todos los asistentes debían abrir sus intervenciones, asumiendo sin ambages ante los demás el hecho de ser una sombra-. Yo soy sombra porque no sé ser otra cosa, -gorjeó y acto seguido enmudeció.

Una suerte de aparición oscura y muy densa, deambulaba rezagada por el pasillo central en busca de sitio. Mi nombre es sombra –profirió con agitación cuando aún no había encontrado donde depositar su estela-. He venido para acallar los rumores sobre mí antes de que se enfrasquen ustedes en discusiones farragosas –dijo haciéndose un hueco en un banco entre dos negruras tan maquilladas que parecían sombras chinescas-. Yo he sido un agente regulador del tráfico de sombras, esto es, guardia –declaró y se detuvo porque a su lado unos misterios no paraban de cuchichear, como si supieran de la fama de que gozaba-. ¿Quieren ustedes callarse y circular con orden mientras hago uso de la palabra? –vociferó exaltado, arrastrando la última sílaba hasta acabar por completo con los rumores-. Como les decía, he sido un guardia ejemplar y no entiendo a que viene ese sambenito de que tengo “mala sombra”. Solo espantos de muy mala calaña a los que tuve que sancionar por sus graves infracciones son capaces de decir algo así de un agente del orden como yo –y se paró nuevamente al observar ciertas muecas que no le convencieron en absoluto-. ¿Es que no me creen, maldita sea mi sombra? –atronó enfurecido y se sacó un silbato con el que bufó repetidas veces-. ¿Qué harían ustedes si los viandantes sistemáticamente hicieran caso omiso de sus indicaciones? –gimoteó con el pito en la boca-. He sido un recto cumplidor del orden circulatorio y quien diga lo contrario que se levante y me lo diga a la cara si tiene la suficiente oscuridad para hacerlo –atemorizó desafiante al auditorio de esperpentos-. Así me gusta –espetó-, veo que todos están de acuerdo conmigo –agregó pasados unos instantes, chiflando con el silbato a diestro y siniestro-. Hagan el favor de circular como es debido –concluyó entre aspavientos y se arrellanó con autoridad en el asiento desplazando considerablemente a las manchas que tenía a ambos lados-.

Gracias al señor mala… eh… señor buena sombra, por su encendida intervención –dijo el moderador algo aturdido mientras ordenaba sus papeles, y todos rieron al unísono provocando nuevos gruñidos del aludido-.

Otro espectro se puso en pié para dirigirse a la concurrencia: Mi nombre es sombra. Verán, nosotros antes éramos un cuerpo de bailarín de danza contemporánea con su debida sombra. Los primeros años nos compenetramos muy bien. Nuestras coreografías eran perfectas, muy coordinadas, ¿saben? –recordó con melancolía-. Pasamos momentos muy felices porque me sentía realmente querida por aquel cuerpo. Recorrimos los mejores teatros representando las piezas más arriesgadas, y siempre con éxito –añadió-. Hasta que una noche tras una representación en la Scala, vi cómo mi cuerpo besaba a la primera bailarina de la compañía –reconoció, despertando runrunes entre los oyentes-. Fue el principio de nuestro fin –admitió dolida-. Todo empezó a ir mal. Ya no nos entendíamos, no formábamos un equipo. Había piezas en las que cada uno iba por su cuenta y aquello producía risas entre el público, como si estuvieran viendo una película de El gordo y el flaco. Fuimos a terapia durante un tiempo. Nos trataron en pareja y por separado, pero nada. Hasta que un día la primera bailarina acudió a la terapia y dijo en mi presencia que ellos se amaban –relató, dejando humedecidas a las sombras más sensibles-. Nos separamos y desde entonces soy una sombra que no desea acompañar a ningún otro cuerpo. Ellos siguieron bailando hasta que ella, que era más joven, se hizo más famosa que él – reveló-. Pasado un tiempo, no hace mucho nos cruzamos por la calle, y comprobé que ya nada me unía a aquel cuerpo. Supe que se había retirado de la escena. Estaba muy desmejorado, de aspecto descuidado. Como si estuviera solo... porque pude observar que no proyectaba sombra alguna –acabó diciendo en medio de un respetuoso silencio-.

Yo -se atrevió a decir un fantasma desde tan atrás que todos los espantos tuvieron que proyectarse hacia la entrada- donde ustedes me ven, o me adivinan perdón, antes era un cuerpo. En realidad nací cuerpo y crecí cuerpo, hasta que un día me rebelé contra esa situación. Porque yo por dentro me sentía sombra, sólo que no me atrevía a decirlo por miedo al rechazo por parte de los míos. Qué sombra ni niños muertos, -decía mi padre-, tu eres cuerpo y te callas o te arreo un guantazo. Sí, gran parte de mi existencia he sido una sombra asignada al cuerpo equivocado. Sufrí mucho porque había momentos en que no podía remediar sentirme atraído por otras sombras. Tuve que soportar el rechazo generalizado de los cuerpos -adónde vas sombrasa, me insultaban- solo por el hecho de ser distinto. Hasta que tuve la suerte de ir a parar a la Asociación de Sombras Desplazadas de su Existencia, donde me ayudaron y me aconsejaron hacerme el cambio de ser. Y hoy por hoy puedo decir que soy feliz, he olvidado mi pasado corpóreo y comparto mi existencia con otra sombra que me quiere de verdad y yo a ella. Pensamos aprovechar la nueva ley de unión de sombras para legalizar nuestra situación. Espero que mi historia les sirva de algo -concluyó permaneciendo en pie entre rumores, sintiéndose examinada por algunas de las sombras más reaccionarias-.

La sombra moderadora dio la bienvenida a un esperpento para quien era su primera reunión, y le invitó a contar su historia. Bueno verán -comenzó- yo es que no sé si debería decir que mi nombre es sombra porque en realidad no sé si lo soy definitivamente. Lo cierto es que una mañana desperté y era sombra sin que nadie me lo dijera. Era el día antes que nuestra hija contrajera matrimonio. Cuando mi mujer lo supo se puso hecha un basilisco –relató-. Que cómo iba una sombra a llevar a la niña al altar, me dijo. Qué pensarían los invitados al ver entrar a la novia del brazo de una cortina de humo, añadió. Yo sólo quería pensar en que aquello fuera algo transitorio y que tal vez al día siguiente despertara siendo cuerpo otra vez. Pero no fue así para mi desgracia. La boda finalmente se celebró y yo seguía siendo un fantasma. Mi mujer tuvo que acompañar a la novia en medio de los comentarios de que algo pasaba conmigo. Y la cosa es que yo estaba allí en primera fila, avergonzado, sin poder abrir la boca, sufriendo en mi propia estela la mirada despectiva del párroco. Una novia sin padrino… algo huele a podrido en esta familia, pensaría el cura. Ni siquiera pude comulgar ni besar a la novia –se lamentó-. Tiempo después mi mujer me abandonó por un cuerpo amigo común con el que había estado bailando en el banquete. Para qué quiero yo una bruma que me persigue a todas partes, me dijo la muy descarada. Desde entonces cada mañana me palpo a mí mismo nada más abrir los ojos por si hay novedad pero no la ha habido, ya ven. Gracias por recibirme y perdonen ustedes –terminó, y se esfumó ante la mirada compasiva del montón de espantapájaros.-

Un saludo para todos los presentes –pronunció un fantasma de aspecto foráneo-. Yo soy una sombra inmigrante –dijo, provocando un recelo instantáneo-. Vine con mi familia desde muy lejos en busca de prosperidad, de un futuro mejor para los míos –explicó en medio del murmullo de los espectros nativos-. Desde el principio hemos intentado –aseguró- integrarnos en la forma de vida de esta comunidad. Hemos asumido aquellos trabajos que las sombras de aquí no quieren hacer –dijo-, como ser sombra de los cuerpos que realizan tareas domésticas o de los que efectúan trabajos de recolección en el campo. Sin embargo, no siempre hemos sido bien recibidos por algunos de ustedes –se quejó-. Y me gustaría saber por qué. ¿Qué es lo que tienen ustedes en contra nuestra? –preguntó desde la humildad-. ¿A quién hacemos daño cuando nos reunimos a comer y bailar según nuestras costumbres los domingos en el parque o cuando vamos en manada a comprar al centro comercial? –dejó caer de un modo conciliador.- Nosotros no vamos pidiendo por la calle como esas otras sombras que no hablan nuestro idioma. Ni dormimos bajo los puentes como las sombras de color. Ni somos delincuentes como algunas sombras procedentes del Este. Deseamos alcanzar el bienestar que ustedes poseen. ¿Es eso un delito? –reclamó sin que la mayoría de los fantasmas dejaran de observarle con reticencias-. Nosotros –sentenció- somos sombras totalmente legales. Y como tal merecemos ser tratados –concluyó con firmeza, y escrutó con la mirada el gesto generalizado de temor a una hipotética invasión descontrolada de adefesios extranjeros.-

Queridas sombras: Yo hasta hoy no me había atrevido a hablarles a ustedes, mis queridos amigos todos -se oyó decir en medio del vocerío, al tiempo que la sombra que hacía las veces de moderador llamaba al orden-. Estoy aquí... ¿Me ven compañeros? -exclamó la aparición mientras se zangoloteaba para poder ser vista-. Mi problema es que soy un simple sombrajo -continuó diciendo y su reflejo temblaba excitado-. Nadie me quiere porque no soy una sombra hecha y derecha. ¿Y qué culpa tengo yo, amigas sombras?... ¿Creen ustedes que no me gustaría reflejarme completamente, eh? Y a fe que lo he intentado, pero siempre me quedo a medias –gimoteó sin que nadie sintiera la más mínima lástima-. Una vez fui aconsejado llevar conmigo un haz de luz muy potente que iluminara bien mi figura. Lo único que conseguí -querida audiencia- fue realzar más aún las estilizadas sombras con las que me cruzaba. Luego –prosiguió- acudí a una ortopedia para sombras, donde me adosaron una prótesis de relleno con la que lo pasé incluso peor, pues su peso me causó un daño lumbar casi irreparable. De ahí a la técnica del sombreado láser de última generación -dijo-, que no era una técnica definitiva y que precisaba de sucesivas sesiones. Recuerdo aquella vez que olvidé ir a la sesión diaria y –escuchen esto- cuando una sombra muy femenina estaba apunto de besarme me desvanecí entre sus brazos y salió corriendo. Terminé en la consulta de un psicoanalista de sombras. Pasaron muchas sesiones a 70 sombretes la hora –menudo gasto- y eso que sólo hablaba yo. Hasta que un día… ¿saben que me dijo un día, queridos amigos? –inquirió a una multitud que no podía disimular la risotada-. Me dijo que estaba harto de mi verborrea de predicador y que asumiera el hecho de ser… un jodido sombrajo… -espetó-. Lo que oyen amigos, y me invitó a no volver más a su consulta. Así sucedió, sí. ¿Me entienden ahora, amigos míos? –volvió a dejar caer-.

Claro que te entendemos… jodido sombrajo –clamó una voz burlona desde las entrañas de aquel coro de contornos en pleno jolgorio-.

Por todas las sombras, mantengamos el orden y el respeto a los demás -tuvo que imponerse la sombra moderadora-. Vamos a hacer una pausa de unos minutos para ponernos al sol –dijo recomponiéndose-, y enseguida regresamos…

Pasados unos minutos, la marabunta de zombis recaló de nuevo en la sala, dando un merecido descanso al astro sol. La sombra moderadora reanudó el turno de palabra.

Mi nombre es sombra -anunció la voz bien modulada de una sombra de avanzada edad-. Yo he sido represaliado durante años por ser una sombra de izquierdas -confesó, para luego explicar su historia con todo lujo de detalles históricos-. Fue durante la guerra, en medio del hambre y desolación por el enfrentamiento entre conciudadanos. Me delató mi propio cuerpo –reveló a media voz-. Dijo que lo hizo por hambre. Habíamos crecido juntos. Nuestras familias se conocían. Una vez cuando éramos niños le salvé de morir ahogado en un estanque, gracias a que me proyecté hacia el lado contrario al del agua y eso hizo que reaccionara y evitara caerse por los pelos. Y ya ven -explicó abatido- así me pagó los servicios prestados. Más tarde supe que también había entregado a la sombra que me sustituyó a mí, y así hasta cinco sombras inocentes que como yo, fueron encerradas y torturadas sistemáticamente en la cámara de luz invertida hasta perder su identidad y desintegrarse. A mí me salvó que un intendente del campo de concentración de sombras se encaprichó con mi forma de reflejarme, y acabé participando en los bailes de sombras conque se divertían los oficiales -contó-. Les he contado esto porque deseo que nunca más una sombra sea perseguida por sus ideales -concluyó, con la silueta sensiblemente afectada-.

Estoy cansada de ser una sombra objeto -anunció una niebla muy decepcionada-. Por mis cualidades como contorsionista, las cuales descubrió un tío mío durante mi adolescencia, he sido utilizada sistemáticamente como reflejo de objetos de todas la formas y tamaños. Necesitamos que seas la sombra de esa farola, me dijeron un día y así empezó todo. ¿Pero por qué no puedo ser la sombra de un cuerpo y ya está? Pues no, venga árboles, venga edificios, venga vehículos y sobre todo venga mobiliario de interiores –relató airada-. Me he pasado media vida pegada a seres sin alma, sin voz, sin sentimientos. ¿Saben el daño que eso me ha ocasionado? -se quejó dolida-. No, que van a saber. Ahí están ustedes tan ricamente repanchigados, asignados a alguien de carne y hueso, que habla, que ríe, que llora, que es buena o mala persona… a seres que les aportan algo en definitiva. ¿Qué me aporta a mí una torre del tendido eléctrico -se quejaba- que no sean escalofríos por si alguien se acerca y se hace daño?... ¿Y qué me aporta a mí ser la Sombra de la bandera de un juez de línea, me quieren decir? -dijo subiendo el tono de voz-. ¿Terminar la jornada loca de la cabeza entre la agitación y los insultos? -aulló ante una nube de apariciones que la observaban con ojos de "no te quejes tanto, nena"-. Ya ven qué emocionante -terminó-. Entonces se dio cuenta de lo poco que habían calado sus quejas y se sentó sin rechistar.

Tres sombras de mediana edad y muy bien proyectadas llamaron la atención del resto desde uno de los pasillos centrales. Nuestro nombre es sombra -dijo ella, escoltada por dos pedazos de sombra-. Quiero que nuestra historia sirva para explicar que tres sombras no son multitud -afirmó y dirigió una mirada cómplice a cada uno de sus acompañantes-. Yo había conocido primero a la sombra que tengo a mi izquierda. Mantuvimos relaciones durante algunos años. Un día nos dimos cuenta de que la monotonía se había instalado en nuestra vida y decidimos que necesitábamos un aliciente para seguir juntos. Así que acordamos ir una noche a un local de intercambio de sombras, ya saben, dejando a un lado los condicionantes sociales establecidos -explicó de un modo que parecía que estuviera obligada a abrir las mentes de aquella humareda. Durante la alocución algunas sombras se tapaban la boca, y otras recolocaban su figura en sus asientos, disponiéndose a escuchar con cautela la parte mas comprometida del relato-. Fuimos recibidos por la madame sombra, muy amable en todo momento. Al advertir que éramos primerizos, dedicó unos minutos a tranquilizarnos y nos aconsejó comportarnos con naturalidad y sin prejuicios. También dijo que sería mejor si cada uno iba por su cuenta. El interior estaba excelentemente iluminado, para disfrute de las sombras que se contorneaban a la caza de otras penumbras. Entonces nos separamos y nos entregamos a la faena -relató en un tono que hizo que gran parte de las sombras masculinas se removieran en sus asientos, vigilando las posibles alteraciones de sus excitados reflejos-. Unas horas más tarde, bien entrada la madrugada, cuando volvimos a encontrarnos en la entrada, ya éramos tres. Mi pareja me presentó a la sombra con la que había intimado. Al principio me nublé un poco, pero en cuanto mezclamos nuestras estelas supe que habíamos conseguido ser una pareja de Sombras abierta y moderna -dijo muy segura de sí misma en medio del escándalo generalizado-. Al fin y al cabo todos hemos ganado -finalizó su intervención con impudicia-. Ahora somos tres: ellos se tienen entre ellos y yo los tengo a los dos.

Vuelvan cuando quieran -intercedió la sombra moderadora, subiendo el volumen de su micrófono para atajar la cascada de comentarios en contra que podían escucharse con total claridad.

Mi nombre no es sombra -prorrumpió una voz que dejó la sala en silencio-. No, no me busquen ustedes porque aunque estoy aquí, digamos que no estoy -aclaró, y todos los presentes se agitaron buscando al espectro que los había dejado mudos con aquella declaración-. Así es amigos, yo no puedo decir que sea una sombra –se lamentó-. Estoy aquí entre ustedes, pero ustedes no pueden verme. Y voy a explicarles por qué... Verán, hace unos años decidí tomarme un permiso de paternidad para cuidar de mi recién nacida sombrita, así lo habíamos decidido mi mujer y yo. Ella trabajaba como sombra ejecutiva en una corporación importante y sus ingresos eran superiores a los míos. Pues bien, mientras yo cuidaba a la preciosa sombrita mi mujer se había liado con su sombra jefe. Lo que oyen -puntualizó en medio del estupor de la masa de enigmas-. Y no contenta con eso acudió a una sombra hechicera, quien me practicó una magia negra a consecuencia de la cual he desaparecido completamente -concluyó, logrando multiplicar las voces de asombro-. ¿Son capaces ustedes de imaginar lo que se siente al ver con impotencia cómo tu mujer duerme en tu propia cama con su jefe, el cual lleva puesto tu pijama nuevo regalo del último cumpleaños? -se quejó amargamente-. Sólo pensar en que mi sombrita jamás volvería a verme y que algún día pensaría que su padre era el amante de mi mujer, y es que me ponía malísimo. Tuve que marcharme de casa, no podía seguir viviendo en aquel infierno por más tiempo. Por favor, no sientan lástima por mí, no la necesito, soy un tipo duro –expresó reuniendo fuerzas-. Mi sombra madre siempre decía que "no hay mala sombra que por bien no venga", y tenía razón. Viéndome impotente ante aquella situación, decidí denunciar el asunto en una comisaría de sombras. La extraña naturaleza del caso hizo que fuera pasando de sombra en sombra hasta llegar -no me pregunten por qué- hasta las más altas esferas. Al no poder desbaratar el trabajo de magia negra que me habían hecho, decidieron realizarme una oferta -relató la voz-. Me ofrecieron formar parte de la sección de sombras invisibles, un grupo que se dedica a combatir delitos de toda índole que afecten a la seguridad nacional. Dichas sombras pueden recobrar la visibilidad en función de los méritos obtenidos. ¿Entienden ahora por qué no deben verme ustedes? -preguntó soltando una carcajada, y comprobando cómo se desfiguraba la amalgama de máculas presentes-. Durante una de mis investigaciones sobre delitos monetarios, advertí la implicación del jefe de mi mujer. Di parte a los de Anticorrupción y mi mujer y su jefe dieron con sus huesos en la prisión de cuerpos -concluyó riendo cínicamente-. Me fue dada la custodia de mi sombrita y ha crecido feliz escuchando la voz de su invisible sombra padre. ¿Están impresionados, eh? -dijo, mientras el tropel de fantasmas se miraban los unos a los otros como si temieran ser descubiertos en alguna fechoría que aún no hubiese prescrito-.

Quiero aprovechar este momento de confusión -intervino la sombra moderadora- para recordarles que algunos de ustedes no están aún al corriente de la cuota anual de esta asociación. No nos obliguen a poner el asunto en manos de nuestra voz amiga... ¿Está usted ahí todavía? -consultó entre risas-. Tendrá cosas más importantes que hacer y nos ha abandonado ya... respiren, respiren - dijo, alargando un sarcasmo del que nadie se rió-. Antes de cerrar la sesión daré paso a un último turno de palabra. Se trata de un eminente estudioso y miembro de esta sociedad - explicó señalando a una cortina de humo grisáceo que estaba sentado a su lado.

Desearía que no todo fuera amargo en nuestra reunión de hoy -expuso aquella silueta de aspecto entre intelectual y bohemio. Mi nombre es sombra, un saludo lleno de energía para todos ustedes –se dirigió con voz cálida y amable-. Soy profesor de sociología y escritor, autor del manual de autoayuda "Aprender a ser Sombra: tú puedes", de gran éxito el año pasado y traducido a 17 idiomas. Hoy quiero hablarles de un aspecto que les servirá para aprender a ser mejores sombras. Se trata de la autoestima, la cual definiremos como la capacidad de una sombra para quererse a sí misma –dijo, como si estuviera formando a los presentes en los vericuetos de la venta piramidal-. ¿Por qué no nos queremos en ocasiones? -cuestionó al alumnado de esperpentos-.

¿Porque somos una maldita tiniebla? -replicó una especie de eclipse, de un modo contestatario-.

No, mi querido congénere -se apresuró a responder-, no nos queremos porque nos creemos inferiores a los demás, en este caso, a los cuerpos -sentenció-. Pues bien, yo os digo que la solución está en nosotros mismos. Nadie es superior a nadie, es un principio que debemos tener presente. Tenemos que analizarnos y descubrir aquellas cualidades que caracterizan nuestra forma de ser sombra, y potenciarlas. Por ejemplo -y enumeró- la discreción, la lealtad y el servicio a los demás. ¿Discreción? –explicó- porque como acompañantes no corpóreos, observamos y callamos por naturaleza. ¿Lealtad? –prosiguió- porque siempre nos debemos al cuerpo u objeto al que hemos sido asignados. ¿Servicio a los demás? –concluyó- porque nuestra misión no es otra que proporcionar sombra. Estas cualidades han de servirnos para afianzar nuestro amor propio –finalizó y acto seguido preguntó si alguien tenía alguna duda-.

Ahora ya sé por qué me han despedido tantas veces, profesor sombra –exclamó un clandestino al que dirigieron su mirada todas las visiones-. Me explico –dijo casi con orgullo-. Yo he faltado en repetidas ocasiones a esos tres principios.

Cuéntenos por qué querido amigo –replicó el profesor-.

A ver –dijo el penitente una vez levantado de su asiento- creo que no he sido discreto, ni leal, ni me he dado a los demás.

¿Puede ser usted más concreto, amigo? –interrumpió el sociólogo-.

Seré breve y conciso –respondió el osado halo-. Solía estar asignado a cuerpos del más alto nivel, ya saben, miembros del gobierno, realeza, etcétera. Todo el santo día presenciando conversaciones de alto nivel, secretos de estado y esa clase de cosas, también líos de faldas. Un día un reportero de uno de esos tabloides, ya saben, prensa amarilla, me propuso sacar a relucir ese tipo de cosas a cambio de varios millones de sombretes. Y claro, ¿cómo iba a rechazar semejante oferta? –declaró enfáticamente-. Tengo una familia, ¿sabe? –quiso defenderse, ante las miradas de repulsión de la mayoría de espectros-.

¿Así que ha traicionado usted la confianza de quienes le habían adoptado como sombra? –preguntó muy serio el profesor-.

Sí, lo hice –contestó-. Era la ocasión de mi vida, amigos –dijo a una audiencia que se manifestó con voces divididas-.

Es usted muy valiente al declararlo aquí públicamente –replicó el profesor-. ¿No teme represalias?

Ahora soy una sombra jubilada, ¿sabe?, estoy fuera de la circulación, finito –contestó el clandestino con cierto desahogo-.

Aquí no juzgamos a nadie –manifestó el profesor sombra-. Sólo espero –añadió- que la historia que nos ha contado esta tiniebla, nos sirva a todos para reflexionar sobre lo que está bien y lo que está mal del hecho de ser sombra. Ha sido un testimonio muy revelador –concluyo-. Muchas gracias.

Gracias al profesor sombra –se apresuró a decir la sombra moderadora antes de que el asunto se le fuera de las manos-. Hemos llegado al final de la sesión. Gracias a todos y hasta la próxima vez.

Un momento... que nadie se mueva –amenazó estruendosamente una voz que invadió toda la estancia, como si la mismísima sombra Dios les hubiera dirigido la palabra-. Suerte que no me fui del todo –dijo la potente voz, ahora ya reconocible para los presentes-. Este esperpento que les ha contado con descaro sus fechorías acaba de proporcionarme la detención de mi vida –agregó con cautela-. Llevábamos años detrás del contorno corrupto que puso en peligro nuestro país con sus indiscreciones –explicó a un acobardado público deseoso de salir de allí sano y salvo-. Es mi día de suerte –espetó la voz y dio una carcajada-. Llevaré a este esbirro ante la justicia para que responda ante ella de los delitos que ha cometido. ¿Y luego saben qué ocurrirá? –dijo regocijándose-. Que seré condecorado por ello –añadió-. ¿Y saben cómo? –insinuó-. Se lo diré a ustedes: muy probablemente seré recompensado con la vuelta a la visibilidad –afirmó y todas las sombras dirigieron sus estelas hacia arriba imaginando la posibilidad de un milagro-. Después de todo –terminó de decir la voz secreta- ha valido a pena asistir a esta reunión de sombras.

La marea de penumbras comenzó a disolverse con gran alboroto, chismorreando unos con otros.

¿Quieren ustedes callar y circular ordenadamente sin provocar disturbios? -vociferó la sombra que había sido agente de la circulación-. Es que ya no hay respeto a la autoridad -se quejó entre gruñidos-. A ver quién tiene -masculló- la oscuridad suficiente como para decirme que tengo mala sombra...
©Ignatiusmismo 2006.

23 comentarios :

Martin Bolivar dijo...

La sombra es nuestra compañera eterna.

David dijo...

Nacho, un relato fabuloso. Me ha encantado, ¿no has pensado publicarlo en algún sitio?

simalme dijo...

Sombra somos y en sombra nos convertiremos.

TICTAC dijo...

Impresionante texto...!
Me gusta pensar que sin luz no hay sombras...y que si no fuera por las sombras no apreciariamos la luz...

Feliz fin de semana!!

Hugo Denis dijo...

Largo, pero merece la pena acabarlo. Sería una delicia si fuera interpretado teatralmente.

hera dijo...

coincido con Denis, daría para una
puesat en escena espectacular, ¿una sombra, es aquello que mostramos, deformados por vaya a saber que luz que vienne no s ede donde?...muy buen relato

Sakkarah dijo...

Me ha encantado tu blog. Escribes precioso.

Un beso.

Yokas dijo...

Diálogos brillantes en los que el humor absurdo e imaginativo convive en armonía con los acontecimientos reales de este gran circo que es la vida…
Sombras…tinieblas, halos, esperpentos…al fin y al cabo, conjunto de personajes reales que pueblan tanto la vida de las sombras…como la de las luces…existe alguna diferencia entre ambas?...ninguna…todos formamos parte de ella...
La vida es un misterio por vivir…no sabemos si la realidad es tan absurda o el absurdo tan real…
¡Genial!
Besos.

PD…te apuesto unos sombretes a qué…shhhhhhhhh......:)

MORGANA dijo...

Sombras nada silenciosas.
Estupendo relato que tanto tiene que ver con la realidad.
Besos.

Alejandro Szabo dijo...

Sombra.
Duda.
Pena.
Incertidumbre hecha negro.
Negro hecho carne.
Muerte hecha petroleo.
Petroleo color negro, que al final proviene de los disnosaurios.
Dinosaurios en busca de petroleo.
Naturaleza demente, de muerta.
Naturaleza sangre.
Mesopotamia infame.
Sombra de río.
Valla, muro revuelto.
Mexico en sombra.
Mexico.
Al igual que Mesopotamia la sombra da en centroamerica y se alarga y se alarga y se alarga.....
La sombra que traiciona, la judas, la torpe, la nula...
Bueno, cuan más alto este la amarrilla estrella menos es la sombra y mas lo perpendicular. A diferencia de lo paralelo que no junta confines, los fines de la asintota es unir sombra con luz
Y se fue...
Buena Ignacio
Tu música es buena

Gus dijo...

muy buen relato, de los posts que he leído no hay quien le haga sombra...

::: Isis ::: dijo...

Tenemos que conocer la oscuridad y sombras para reconocer lo bello de luz que nos trae el día.

Hermoso texto, crei que no iba poder leerlo entero, pero sin darme cuenta llegue hasta elfinal y valia la pena.

Cuidate y que pases una buena semana.

Saludos.-

flor dijo...

Recién te firmo ahora porque en la oficina se me complica leer textos tan largos, así que lo hacía de a pedacitos, jaja!

Lo cierto es que no me resultó para nada denso, ni interminable, ni exigente. Tiene todos los ingredientes en la medida exacta...

Te confieso algo? cuando intento hacer txt largos, me pierdo entre las líneas y termino escribiendo cualquier cosa. Por eso admiro tanto a quienes hacen algo con tanta coherencia y originalidad!!

Un placer leerte, como siempre

azzura dijo...

Gracias por tu visita.. así he podido conocer tu espacio!!! me gusta mucho como escribes

Te mando un saludo;)

La hormiguita dijo...

Es un excelente relato. Y gran blog.
Saludos

J.A Neira dijo...

Desde hace unos días echaba de menos mi sombra. Por fin sé donde se encuentra.
Enhorabuena por tu relato, ignatius.

Claullitriche dijo...

Delirante Ignatius! me gustó mucho la idea... cómo será ser una sombra? aunque creo haber sentido alguna vez la sensación...

En fin, mucha luz para ti! para todos... (aunque no hay claros sin oscuros...)

PD: me gustan tus escritos, te he puesto más al alcance de mi mano...

naná dijo...

envio SMS SOMBRA para que tu relato eclipse un escenario.

Yo, sombra, con mi sombría historia, pido cita para la siguiente reunión de la Asociación de Sombras sin rumbo.

Y llevaré una linterna del 79 para embriagarnos en el cocktail de penumbras.

Ana dijo...

Estas sombras dan mucha luz. ¡¡¡Fantástico!!!
Salud2s

Javier dijo...

Aunque mi cuerpo está muy agusto con mi sombra, me ha gustado mucho el reflejo que has provocado.

Un abrazo.

PD: Un relato largo, pero "la sombra del cipres es alargada").

flor dijo...

Amigo, hace bastante ya no tenemos el placer de leerte...

Seguiremos esperando. Tiempos son tiempos.

Un abrazo!!

Ariadna en el laberinto. dijo...

Vuelve a escribir, por favor.

Psicóloga? dijo...

Acabo de leer tu comentario en lo que un día fue mi blog. Sigue en pie la propuesta de enamoramiento? Un beso.