09 abril, 2009

Brooklyn Follies

Imagen: David Martín / Flick-r: SalaBoli.

Qué quieren que les diga. Habría dormido el resto de la mañana de no ser porque mi vieja me ha despertado dando voces desde el otro barrio…

—¿Seymour?… ¿Seymour?… ¡Espabila holgazán!

¿Lo han oído, no? Pues esas fueron sus malditas palabras, ni una más ni una menos. Estaba la mar de entretenido soñando con esa actriz con enormes pechos, ¿cómo diablos se llama? —bueno, da lo mismo— cuando de repente esa condenada voz me ha sobresaltado. Por desgracia no tengo un sueño demasiado profundo, ¿saben? No, no lo tengo. Hace años que me cuesta dormir debido a los gajes del oficio. Un tipo en mi pellejo tiene que estar vigilante las veinticuatro horas del día, ¿entienden? ¡Ah, que les da igual! Pues les diré una cosa muy en serio: en este negocio nunca sabes cuándo van a venir a aguarte la fiesta. No, no lo sabes. Puedes estar en el mismísimo retrete o en la fiesta de graduación de tu hijo que a esos tipos les importa todo eso una mierda. Ellos saben muy bien lo que tienen que hacer, ¡vaya si lo saben! Son verdaderos profesionales. Así que cuando llega la hora de hacer un trabajo, esos tipos no pierden el tiempo haciéndose preguntas estúpidas. No. Ellos van y lo hacen. No sé si me entienden. Y una vez se han deshecho del fiambre entonces se lavan las manos y luego van y se comen un buen bistec con patatas acompañado de media docena de cervezas bien frías. Las cosas funcionan así en este negocio, al menos en Brooklyn. En fin, no quiero cansarles con chorradas que no les incumben. La cosa es que mi vieja se ha propuesto amargarme la existencia, como si no tuviera yo suficiente con salir a la calle cada día y regresar a casa con vida. ¿Me explico? ¡Eran sólo las jodidas doce y media cuando me ha despertado! ¿Les parece normal algo así? Pues a mí no, ¿queda claro? A ella le gusta fastidiar, eso lo sé de sobra. Es capaz de sacarme de la cama a horas intempestivas sólo para hacerme partícipe de alguna de sus chorradas. Ya sé que en el otro mundo no hay gran cosa que hacer. ¿Y a mí qué diablos me importa? Menos mal que, aprovechando que estaba amodorrado, decidí olvidarme de ella y seguir con lo mío.

—¿Es que no me has oído, Seymour? ¡Levanta ahora mismo!, ¡maldito desgraciado!

Lo bueno dura poco. Es lo que solía decir mi tía Marsha cuando su marido —el tío Tommy- volvía a casa apestando a alcohol después de haber dejado de beber por una temporada. Mi vieja no suele darse por vencida a la primera, ¿me siguen? Ella sabe muy bien cómo dar la vara para conseguir sus propósitos. ¡Ya, bueno!, sé lo que están pensando. Lo sé de sobra. Pensarán que mi gozo en un pozo, ¿no es eso? Menudos espabilados son ustedes. Pues sí, mi vieja insistió. Y lo hizo justo donde más me duele, fastidiándome el puñetero sueño. En fin, era algo de esperar. Apuesto a que para ustedes tampoco sería fácil permanecer ajenos a sus estupideces a menos que se cortaran las orejas y las guardasen en una caja fuerte para luego arrojarla al agua desde el muelle 41. Además, se supone que ella sabe cómo llamar la atención, ¡ya lo creo! En eso no le gana nadie. Era su especialidad cuando estaba viva. Pregúntenle a mi viejo, él les dará detalles. Bueno, mejor que no lo hagan, es mejor que no. ¿Alguna cuestión más? Ah, sí. Supongo que encontrarán todo esto un tanto absurdo, ¿no es así? Sí, bueno. Y probablemente se preguntarán cosas al respecto. Seguro. Se estarán preguntando lo que cualquier persona en su sano juicio se preguntaría, ¿a que sí? Y claro, querrán averiguar en este mismo instante cómo es que mi vieja –que se supone que está criando malvas desde hace años- puede comunicarse conmigo desde el puto infierno. ¿No es eso? Ya, bueno. Les diré una cosa: yo también me lo pregunto, más veces de las que puedan imaginar. Es una larga historia, ¿saben? Ustedes en realidad no tienen ni pajolera idea de todo esto. Y añadiré algo más: mejor que no quieran escuchar nada más sobre este asunto.

—¡Seymour!, ¿con quién demonios hablas? ¡Haz caso a tu madre de una puñetera vez, mal hijo!

Ahí lo tienen: ¡un alma en pena que va a su puta bola! Sería mejor levantarse y preparar café. ¡Maldita sea! Pues sí que la tenemos buena. Yo sólo quería seguir durmiendo y gozando de mi erección matinal, ¡joder! Sí, dije erección, ¡qué pasa! ¿Es que acaso un tipo como yo no puede amanecer duro como una piedra? ¡Válgame dios!, ¡pues claro que puedo! ¿Quién me lo impide? ¿Tienen ustedes la más remota idea de cuánto hace que no…? ¡Buf! ¡Una semana ya, joder! Creo que un día de estosdebería poner orden en este asunto. Pero ya ven, así están las cosas. Ahora ya no pegaría ojo ni por asomo sabiendo que mi vieja me acecha. No me conviene, ¿comprenden? Bueno. Ustedes qué diablos van a saber. A ustedes esto les suena a chino y además la erección se me ha ido a tomar por… bueno, qué le vamos a hacer. La cosa es que, una vez que mi vieja me hubo despertado, abrí los ojos como platos para asegurarme de que ella no estaba de cuerpo presente, eso me habría hecho saltar de la cama, pueden estar seguros. Así que al no verla en la habitación volví a cerrar los ojos, a ver si así me la quitaba de encima y podía seguir dando una cabezada. Pero no, no ha habido maldita suerte.

¡Seymour!, ¿qué es ese bulto que tienes entre las piernas?... ¡Eres peor que tu padre cuando lo conocí! ¡Desvergonzado!

¿Ven lo que digo? Mi vieja es como un jodido dios que está por todas partes y no hay forma de librarse de sus condenados sermones. Como si no hubiera tenido bastante con las malditas charlas del reverendo Goodward cuando yo era un crío. Sí, el reverendo Goodward. Qué gran tipo. Era un ser generoso al que podías sacarle cualquier cosa. Cualquier cosa dentro de sus posibilidades, claro. Y Qué paciencia tenía. Se preocupaba continuamente por encauzarnos, a sabiendas de que nosotros —los chicos de los barrios desfavorecidos de Nueva York— estábamos condenados a delinquir para ganarnos la vida. Sí, el reverendo Goodward. No hace mucho supe de él: lo habían enchironado por abuso de menores al muy cabrón. Supongo que en algún momento abandonó los sermones para pasar a la acción. Cosas que pasan. Como él mismo solía decirnos cuando cometíamos alguna fechoría: el señor a veces escribe con renglones torcidos.

—¡Cierra esa sucia boca y escúchame, chico! ¡Tengo que decirte algo importante!

En fin, el espíritu de mi vieja seguía dale que dale a la lengua y a mí ya me zumbaban los putos oídos de oír aquella puñetera voz de ultratumba. Así que no tuve más remedio que desperezarme y prestar atención a sus rumores. Aunque esto último sin dárselo a entender en ningún momento, claro. No tenía ni la más mínima intención de que se le subieran los humos más de la cuenta. Así que me incorporé y me puse los malditos pantalones y luego me agaché a buscar los zapatos debajo de la cama pero, ¡maldita sea!, allí no estaban.

—¡No están ahí, idiota! ¡Los dejaste anoche en el cuarto de baño porque apestaban! ¡Te enseñé a hacerlo cuando no eras más que un renacuajo!

¡Joder!, ¿les parece gracioso que el fantasma de una chiflada eche por tierra la reputación de alguien de su propia sangre, eh? Pues a mí no. No me hace maldita gracia. Es más, lo considero un golpe bajo. Pero bueno, ya estoy acostumbrado a su sarta de burlas. En vida no hacía otra cosa que reírse de mí, sobre todo cuando las esposas de los muchachos estaban delante. Ella solía disfrazarme con la ropa de ir a la iglesia los domingos para exhibirme como un mono de circo delante de aquellas mujeres gordas y enjoyadas, auténticos bocoyes cuya vida estaba consagrada a mimar matones y criar futuros delincuentes. ¡Ya, claro! Es mi vieja, ¿no? ¿Y qué? Eso no le da derecho a amargarme la vida cada vez que le venga en gana. Imagino que tendrá cosas que hacer en el puto purgatorio en vez de perseguirme a mí todo el santo día, ¿no? Ustedes no me conocen pero les diré cómo me las gasto cuando alguien intenta joderme. Bueno tal vez luego, ahora no tengo tiempo, tengo que terminar de contarles esta historia. ¡Joder!, ahora no sé por dónde diablos iba. ¡Sí, ya recuerdo! Resulta que fui al aseo a mear y luego preparé café. Una vez despierto del todo le metería mano al asunto de mi vieja. Lo que pasó es que por el pasillo me encontré con el gato y, claro, el puto animal pagó los platos rotos… ¡Gregory!, ¡vuelve!, ¡lo siento, maldita sea! ¡No era mi intención patearte! En fin, ¿no dicen que los gatos tienen siete vidas, joder? Pues si decide volver lo llevaré a que lo miren, ahora no tengo tiempo. Como les iba diciendo…

—¿Es que piensas contarles la historia de tu vida, mequetrefe? ¡Sigue perdiendo el tiempo y no escuches a tu madre! ¡Ya te arrepentirás!

Una cosa: ¿no les ha ocurrido alguna vez que están durmiendo plácidamente y de repente suena sin parar uno de esos despertadores de campana que es tan inoportuno que deseas aplastarlo de un puñetazo? Pues con mi vieja me pasa lo mismo, que cuando se pone tan pesada me dan ganas de… ¿ah, que no están de acuerdo conmigo? Bueno, me da igual que no lo estén. Ya sé que ella cuenta con la simpatía de ustedes. Por mí como si se la llevan a su casa, es más, me harían un gran favor. El mundo está lleno de tipos odiosos que son estupendos para el común de los mortales y nadie se explica por qué diablos es así. Bueno, a lo que iba. Abrí la ventana de la habitación para ventilar y de paso ojear la calle. Nada especial. Los gamberros de siempre haciendo sus fechorías, algún desahucio rodeado de curiosos y los trapicheos de ese tipo —Miles— en la esquina. Por lo demás hace un buen día, ya lo creo.

—¡Seymour!, ¡tienes que eliminar a ese tipo antes de que te liquide él a ti!

Cerré la ventana instintivamente sin ser demasiado consciente de lo que acababa de oír, hasta que las neuronas más espabiladas por el efecto del café se dignaron a darme la jodida información. Entonces exclamé: ¡Hostia puta! Y acto seguido añadí: ¡qué demonios dices!, ¡cómo!, ¡cuándo!, ¡quién!, ¿quién diablos quiere eliminarme? —pregunté pero sólo por curiosidad—. ¡Dímelo ahora mismo, mamá, que soy tu hijo!

Sí claro, sé que ahora estarán pensando que no estoy exactamente en mis cabales. Un tipo duro como yo dando pábulo a las amenazas de un maldito fantasma del más allá. Les parece increíble, ¿no es eso? Bueno. No digo que no tengan razón. Yo mismo no me tengo por un tipo muy cuerdo, que digamos. Ya saben, las drogas van haciendo su trabajo. Llevas consumiéndolas media vida y cuando quieres darte cuenta ya estás jodido.

—¡Estás asustado, eh muchacho! ¡Muerto de miedo como una liebre acorralada en su madriguera!

—¡Será zorra la maldita vieja! ¡Dime ahora mismo de dónde has sacado eso! ¿O es que quieres que me maten?… ¿Asustado yo? ¡Vah! Yo no me asusto con estas cosas, ya me conoces. Menudo soy para verlas venir. Sabes perfectamente que duermo con un 38 bajo la almohada. No quiero que cuando me llegue la maldita hora, el asunto me coja en calzoncillos y sin haber llenado el estómago lo suficiente. Es una medida que nunca está de más, lo sabes de sobra. Además tú siempre insistías en ello, ¿o es que no lo recuerdas?: ¡Seymour es hora de ir a la cama!; ¡Seymour, no olvides cepillarte los dientes!; ¿Seymour, has colocado el arma bajo la almohada?… Sí. Solías estar orgullosa de mí. Recuerdo que antes de irte al otro barrio, postrada en la cama y llena de dolores como estabas, un día me dijiste –y tú solías mentir sólo por dinero-, que no habías conocido a otro delincuente tan astuto como yo, y que podía llegar a ser un digno sucesor de mi viejo si me lo proponía. ¿Y sabes qué?, sabías muy bien lo que decías. Te habías casado con el número uno de los rufianes de Brooklyn y preparabas con mimo las cosas para cuando llegara el día de su relevo.

—¡Si tú lo dices!

Vinnie Valiente. Ése era el nombre de mi viejo. Era el gran jefe, el patriarca de todas las familias de Brooklyn, el padrino. Un gangster temido por varias generaciones de tipos duros. Les diré más: él solito liquidó al puto Giacomo Panetti mientras lo afeitaban en una barbería; y a Richie Mora después de enterarse que éste quería quedarse con los beneficios de las maquinas tragaperras; y a Santos, el jodido bocazas que le delató ante los federales a cambio de un acuerdo con el fiscal del distrito; y aunque fue lo último que hizo, también se llevó por delante al maldito Joe Mantella, el capo italiano que quería dominar la droga en los barrios más prósperos. Ninguno de esos tipos se libró de mi viejo y sus ajustes de cuenta.

Además de todo eso, mi viejo era un buen viejo y una fuente de inspiración para mí. Lo era desde el mismo día en que vine a este mundo. Comprenderán que no recuerde con todo lujo de detalles lo ocurrido el día que nací pero lo que sí tengo presente es que abrí los ojos y allí estaba él para darme mi primera lección. Había dejado plantados a los mafiosos más influyentes de la Costa Este sólo para estar presente cuando mi vieja diera a luz. Así que supuestamente abrí los ojos y mi viejo estaba allí delante de pie, de punta en blanco, agitando delante de mis narices un precioso sonajero de colores. Más tarde supe por mi vieja que el maldito sonajero mi viejo lo había tomado prestado de la cuna situada inmediatamente al lado de la mía, la de los Sanders. Mucho más tarde averigüé que el señor Sanders había tenido el amable gesto de regalar el sonajero a mi viejo mientras éste le apuntaba en la sien con un Smith & Hueson, algo que al parecer sucedió en los aseos del hospital. Qué gran tipo era mi viejo, sí señor. Yo recién llegado a Brooklyn y allí estaba Vinnie Valiente -el tipo más duro de América- jugando tiernamente con un condenado sonajero para retener la atención de su recién nacido compinche.

—¡Diles lo que me costó sacarte adelante! ¡Tu padre siempre tenía algo más importante que hacer!

Mi vieja se llamaba Miriam pero todos le decían Mir. Era esa la forma con la que se dirigían a ella sus clientes en el burdel de la calle Memphis. Aquel antro fue su casa durante la adolescencia. Se había largado de casa huyendo de las palizas de su padre -mi abuelo- al que nunca conocí porque palmó antes de que yo naciera. La cosa es que Vinnie solía frecuentar el burdel con sus muchachos cuando terminaban un trabajo delicado y necesitaban relajarse. Allí tomaban unas copas y le contaban su vida a la ramera de turno. Por lo visto una vez mi viejo estaba tratando de tirarse a una tal Karen pero cada cinco minutos uno de los muchachos le interrumpía dándole quejas de Mir. Que si la nueva no se deja meter mano, que si esa fulana es demasiado estirada y no se quiere meter en la cama conmigo. Lo cierto es que mi viejo tuvo que dejar a Karen a medias y personarse en el vestíbulo donde Mir la estaba liando gorda. Según tengo entendido mi viejo hizo que todos los muchachos se fueran a casa y entró con Mir en una de las habitaciones. Y dos horas más tarde salió de allí con ella y le dijo a la dueña, Mae, que Mir se retiraba para siempre. Luego se marcharon y fundaron un hogar como dios manda o algo así. Pueden imaginarlo: Vinnie Valiente había encontrado la horma de su zapato y -créanme- eso le había gustado. Así que mi viejo siguió siendo el tipo más duro de Brooklyn pero en casa obedecía a Mir sin rechistar, como si estuviera a sus órdenes. Era digno de ver cómo Vinnie se transformaba en el hogar. En ocasiones venía de cargarse a alguien con la ropa ensangrentada y mi vieja sin apenas inmutarse le recriminaba estar hecho un asco y acto seguido le ordenaba hacer pasta con tomate para cenar y luego sacar la basura. Un rudo mafioso capaz de liquidar a alguien sólo por cómo iba vestido, en casa era dócil como un peluche. La maldita vida tiene esas cosas. Se puede formar parte del crimen organizado y ser un buen padre y un esposo dedicado. El amor es cosa de locos, créanme.

—¡Ya lo creo!, ¡debí haber sido puta en Harlem! ¡Así no le habría conocido!

A pesar de lo que mi vieja pueda decirles, nuestra vida no ha sido una mala vida. Hemos sido consecuentes con lo que nos ha tocado vivir. Vinimos a este mundo para delinquir y vaya si lo hemos hecho. Y además hemos vivido. Nuestra casa podría decirse que era el cuartel general de mi viejo. Siempre estaba llena de gente, de tipos que iban y venían, unas veces para informar y otras para hablar de negocios. Bueno, no todo el mundo podía venir a casa, claro que no. Los muchachos tenían orden de vigilarla y velar por su integridad como si cuidaran de su propia vida. No había nada escrito. No, no lo había. Sin embargo Vinnie sabía cómo ganarse la fidelidad de los muchachos. Todos ellos vivían a costa de sus negocios así que nunca les faltó de nada. Vinnie hacía que todo el mundo se sintiera parte de su familia. Luego ellos, los muchachos, malgastaban el dinero en ropas llamativas, coches de lujo y mujeres, sobre todo mujeres. En ocasiones mi padre tenía que mediar en sus líos de faldas para evitar que alguna zorra deslenguada perjudicase la buena marcha de la organización. Así era la vida a mi alrededor mientras yo crecía.

—¿Piensas seguir mirándote el ombligo en lugar de pensar en lo que te espera, chico? ¡Ese tipo te está esperando ahí fuera!

—¡Maldita sea, mamá!, ¡dime de una puñetera vez quién quiere matarme!

—¡Está bien, chico! ¡Alguien ha puesto fecha de caducidad a tu desgraciada vida!

—¿Pero qué dices, vieja loca? —pregunté sin que el asunto me interesara demasiado.

—¡Van a liquidarte! ¡Es el final, muchacho!

—¡Mamá!, ¡no me digas eso, joder! — repliqué con firmeza para no dejar que se creciera—. ¿Quién querría hacerme eso? ¡Dímelo!

—¡Nino Mantella! ¡Quien demonios iba a ser!

—¿Y por qué iba a querer aniquilarme el maldito hijo de Joe Mantella?

—¡En realidad pensaba darte una fiesta de cumpleaños pero no sabía cuantas velas poner en el pastel!... ¿Eres idiota o estás drogado, chico? ¡Ese tipo lleva años deseando quitarte del medio para vengar a su padre!

Por un instante rondó mi cabeza un presentimiento: es el jodido final. Era algo en lo que no me gustaba pensar a menudo pero sabía que este momento llegaría algún día. Así que al escuchar aquel nombre me flaquearon las fuerzas y me puse a sudar como un condenado, sólo que en ningún momento se lo di a entender a mi vieja. No era plan, ¿saben? Cuando te dedicas a esto hay una norma que nunca te debes saltar: aunque te estés cagando encima tienes que aparentar ser un tipo duro. Además, no quería que mi vieja pensara que soy un jodido cobarde.

—¡Te estás cagando encima, eh chico! ¡Yo que tú pensaría en cómo salir de ésta!

Ser un tipo duro hace que te crezcas ante la adversidad. Eso pensé y entonces decidí que no tenía tiempo para aguantar las estupideces de mi vieja. Así que me puse en marcha. Salí a la calle, tenía cosas que hacer. Le había dicho a Frankie que me pasaría a verle para hablar de unos asuntos pendientes. Además, un poco de aire fresco me ayudaría a serenarme.

—¡Deberías coger el arma, chico! ¡Y no olvides ajustar el silenciador!

Créanme: aquella voz de vieja loca ya no hacía mella en mí, a pesar de sus tonterías proféticas. No obstante regresé a casa a por mi pistola. Un gangster sin su arma es como un garito con un reservado para jugar al póker sin una puta puerta trasera: no tienes escapatoria.

—¡Sigue renegando de tu madre, malagradecido! ¡Sabes que me necesitas, lo sabes de sobra!

Nada más salir a la calle me puse las gafas de sol. No crean que lo hice por coquetería, no. Lo hice para protegerme. No es bueno que un tipo con el que vas a tratar un asunto adivine en tus ojos lo que piensas hacerle si no entra en razón, ¿saben?

El viejo Al me saludó como de costumbre, quitándose el sombrero a mi paso. Le devolví el saludo con un gesto y eché un vistazo al interior de la lavandería. ¡Pobre Al! La gente ya no entra allí ni para trapichear.

—¡Seymour!, ¡ése tipo, el que está delante de la tienda de licores!

—¡Pero si es Frankie!, ¿qué demonios pasa con él? —dije apartándome las gafas sólo para asegurarme.

—¡Nunca te ha esperado en la calle, idiota!

—¡Joder, eso es cierto! Bueno, ¿y que? ¡Es Frankie!

Me acerqué a él para darle un abrazo. Hacía tiempo que no le veía. Me había llamado un par de días antes para quedar y charlar de negocios. Frankie era la mano derecha de mi viejo. Ahora llevaba una vida más tranquila, dedicada principalmente a las estafas. El muy cabrón robaba coches de lujo a punta de pistola y los vendía en otros Estados a tipos que no solían hacer preguntas. Los del fisco andaban pisándole los talones. Supuse que necesitaba ayuda.

—¡No te fíes de él! ¡Es un vendido!

Frankie me abrazó mientras me susurraba al oído que yo tenía buen aspecto. En este negocio las cosas funcionan así, si alguien te aprecia nunca te lo dirá a voces. Entramos en la tienda de licores. Frankie saludó a Ben y luego me dijo que estaríamos más cómodos en la trastienda. Aquí todo local que se precie tiene una segunda vida en la parte de atrás, los llamados santuarios. Si nunca has estado en uno de ellos es que no pintas una mierda en esto. Yo me pasé la infancia en los santuarios observando a mi padre y a los muchachos. Fue allí y no en la escuela donde aprendí las cosas que más me han servido en esta vida.

—¡Seymour! ¡Por el amor de dios, no le des la espalda a ese tipo!

Nos sentamos frente a frente. Sobre la mesa había una botella de Bourbon y dos pequeños vasos de cristal grueso. Frankie acercó un cenicero, encendió un cigarrillo que extrajo de su lujosa pitillera y me miró a los ojos sin decir nada. Entonces serví un trago y esperé a que dijera algo. Pero no lo hizo. Sólo me miraba con esa media sonrisa nerviosa que empezaba a ponerme enfermo. Tal vez era su forma de mostrarme respeto.

—¡No pierdas de vista sus manos, chico! ¡Y desabrocha la funda de tu arma!

Entonces Frankie abrió la boca.

—Verás, Seymour —dijo—, los del fisco me tienen cogido por los huevos. Y sólo tengo una forma de salir de esta —añadió.

Decidí permanecer en silencio. Frankie era de esos tipos a los que les cuesta manifestarse. Intuí que querría pedirme algún favor.

—Nino Mantella puede conseguir que esos tipos se olviden de mí —continuó—. Lleva años pagándoles grandes sumas de dinero para que miren hacia otro lado.

Al oír aquello bajé mi mano derecha y la situé sobre mi pierna. Él no hizo lo mismo.

—Todo en esta vida tiene un principio y un fin, Seymour —sentenció, con el cigarrillo acumulando ceniza pegado entre sus labios.

Desabroché la funda y acaricié el arma sin dejar de mirarle a los ojos. Luego le pregunté si pensaba matarme.

—Yo no —dijo—. Es cosa de Nino Mantella —aseguró.

—¡Seymour, acaba con él antes de que llegue Nino!

En ese instante sentí cómo Ben bajaba la persiana de la tienda. Eso sólo podía significar una cosa: Mantella estaba dentro.

¡Dispara! ¡Dispara! ¡Descerrájale el cargador de una maldita vez!

Disparé el arma una, dos, tres veces, impactando en el estómago de Frankie.

—¡Bien hecho, muchacho! ¡Arrivederci, Frankie!

El muy cabrón permaneció sentado, con el puto cigarrillo en la boca y la mirada clavada en mí.

—¡Seymour, a tu espalda! ¡Es Mantella!

Sentí unos pasos pero no hice nada. Sólo esperé lo suficiente para asegurarme de que se trataba de Nino.

—Veo que has hecho tu trabajo, Frankie —dijo una voz a mi espalda—. Por cierto, hola Seymour —añadió.

Era él. Lo supe por su voz aguardentosa con acento italiano. Así que no esperé. Antes de que se diera cuenta de lo de Frankie, me giré muy despacio y cuando su mirada y la mía se encontraron le pegué tres tiros que le alcanzaron en el pecho.

¡Ese es mi Seymour, sí señor! ¡Púdrete en el infierno, desgraciado spaghetti!

Mantella se desplomó quedando sentado contra a la puerta. Permanecí sentado unos segundos. Me serví una copa y me la bebí de un trago. Entonces entró Ben y al abrir la puerta apartó un poco el fiambre. Observó el panorama, se secó las manos en el delantal y luego se dirigió a mí con ese tono que tienen los tenderos cuando van a echar el cierre, como si lo sucedido le importase una mierda excepto porque le haría retrasarse en llegar a casa como de costumbre.

—Seymour —dijo—, tienes que largarte de aquí.

Me puse en pie, estaba algo aturdido. Guardé el arma y dejé cien dólares sobre la mesa. Miré a los ojos a Mantella y quise decirle algo pero no me salió nada. Tuve presente a mi viejo imaginando que al fin había honrado su memoria. Luego me largué de aquel antro.

—¡Seymour, hijo!, creo que te debo una disculpa. Me he comportado como una idiota dudando de ti. ¿Sabes, hijo?, eres el tipo más duro que he conocido después de tu padre.

—Olvídame, ¿quieres? He tenido que liquidar a dos tipos para cerrarte la boca. Espero que esta vez no me molestes más, ¿entendido?

—¡Tranquilo!, no te molestaré más! Ahora que sabes cuidar de ti mismo podré descansar. ¡Me duelen los huesos!

En el camino a casa tracé un plan para salir del atolladero. Lo había elaborado en un minuto y estaba todo bien ordenado en mi cabeza: recogería mis cosas y desaparecería por un tiempo; me iría a otro estado o tal vez a Méjico; echaría mano de mis contactos para garantizarme el anonimato; le pediría a Jerry un pasaporte falso, cambiaría de teléfono y cancelaría mi cuenta bancaria, así no dejaría rastro. Sí. Lo tenía todo muy pensado. Era un plan a lo grande. Hasta que abrí la puerta de casa para marcharme.

—¡Seymour, a tu espalda!

—¡Los Federales!, ¡lo sabía joder!… vale, tranquilos, estoy desarmado…

—¡Es Gregory, idiota! ¡Apuesto a que pensabas largarte sin despedirte del maldito gato!

—¡Joder, mamá!, ¡Por qué demonios me haces esto! ¿Sabes qué?, debí dejar que me liquidaran. Así me habría librado de ti, ¡vieja loca!

—Si te hubieran liquidado te habrías reunido conmigo, ¡imbécil! Es mejor que te lo metas en la cabeza, Seymour. ¡Vivo o muerto tendrás que cargar con tu madre!

Bueno ya lo han visto, ¿no? Ustedes han sido testigos. Por más que lo intenté no pude deshacerme de ella. No, no hubo manera. ¿Se imaginan el resto de mis días cargando con esta pesadilla?, ¿eh? Sí, ya. En realidad a ustedes todo esto les importa una mierda, lo sé de sobra. Y ahora el asunto ya no tiene arreglo. ¡Maldita sea! Debí tomarme muy en serio aquello que Vinnie me dijo cuando cumplí la mayoría de edad: “¡trata de buscar tu destino hijo o tú madre se ocupará de todo!”. Cuánta razón tenía mi viejo. Que pasen un buen día.
© ignatiusmismo, 2009.

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01 abril, 2009

Hasta siempre, Maurice

Maurice Jarre (Lyon, 13.09.1924 - Los Angeles, 29.03.2009)


Me dejaste descubrir al fascinante ser humano que había detrás del maestro. Gracias por regalarme tu generosa amistad.

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15 agosto, 2008

Spock


- Buenos días... le habla el servicio automático de la United Telephone Company... su número de teléfono ha sido seleccionado aleatoriamente en el listín telefónico del Estado de Pensylvania... el motivo de esta llamada es la realización de un sondeo telefónico sobre aspectos psicológicos de los consumidores. Le recordamos que sus respuestas serán grabadas y tratadas confidencialmente con fines sociológicos con arreglo a lo dispuesto por la ley federal de tratamiento de datos de los usuarios...
- ¿Es usted humano?
- Disculpe... su respuesta no puede ser procesada...
- ¿Y como debería dirigirme a usted?
- Disculpe... su respuesta no puede ser procesada... le recordamos que le habla un servicio telefónico automático...
- Le acosejo que evite esas trivialidades tan humanas.
- Gracias... Si es usted el propietario de la línea 222-555-434, por favor diga sí...
- Claro, toda resistencia será fútil.
- Gracias... por favor indíquenos su nombre completo...
- Comandante Spock... Shin'tagai Spock.
- Gracias... Sr. Spock... a contiuación le realizaremos una serie de preguntas. Le rogamos respuestas rápidas y comprensibles. Si está preparado diga sí...
- Siempre digo la verdad.
- Gracias... por favor, indíquenos la fecha de su nacimiento...
- 2220.
- Disculpe... la fecha de nacimiento no puede ser posterior a la fecha actual... por favor, indíquenos la fecha de su nacimiento...
- 2220.
- Respuesta no procesada... por favor, indíquenos su lugar de nacimiento...
- Vulcano.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos a qué Estado pertenece su lugar de nacimiento...
- Espacio interestelar.
- Respuesta no procesda... por favor, indíquenos el nombre de su progenitor...
- Sarek, embajador de Vulcano.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos el nombre de su progenitora...
- Amanda Grayson.
- Gracias... por favor, indíquenos su ocupación...
- Comandante y oficial científico.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos a qué cuerpo pertenece: ¿marines?, ¿fuerzas aéreas?, ¿infantería de marina?...
- Flota interestelar de la Confederación.
- Respuesta no procesada... por favor, a continuación indíquenos el nombre de la compañía donde desarrolla dicha ocupación...
- USS Enterprise.
- Gracias... algunos de sus datos personales no han podido ser procesados... a continuación le realizaremos la entrevista... por favor, indíquenos qué calificativo le sugiere el consumismo imperante...
- Es altamente ilógico.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos qué opinión le merecen los consumidores...
- Las necesidades de muchos sobrepasan las necesidades de unos pocos ... o de uno solo.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos qué factor considera usted que incita a las personas al consumismo...
- Curiosidad, insaciable curiosidad.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos qué cualidad considera usted que caracteriza a las personas consumistas...
- Poseer no es tan importante como desear.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos si se considera usted una persona consumista...
- Yo soy un vulcano, no tengo ego que pueda ser herido.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos si considera que la publicidad en los medios de comunicación incita al consumismo...
- Solo la arrogancia humana puede suponer que el mensaje se dirige a ellos.
- Gracias... la telefonía móvil 3G encabeza el ranking de elementos de consumo más adquiridos por los americanos... por favor, indíquenos a continuación si en su caso está de acuerdo con este dato...
- Perseguir una especie hasta extinguirla no es lógico.
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos que haría en caso de que le advirtieran que su tarjeta de crédito ha sobrepasado el límite permitido en el momento en que usted va a pagar la factura de sus compras en un centro comercial: ¿utilizar otra tarjeta?, ¿pagar en efectivo?, ¿abandonar la compra?...
- ¡Capitán Kirk, es una situación desesperada! ¿Qué rumbo tomamos?
- Gracias... por favor, a continuación indíquenos que consejo daría a aquellos consumidores insaciables que viven por encima de sus posibilidades...
- Si yo fuera humano creo que diría váyanse al diablo, si yo fuera humano claro.
- Gracias... la entrevista ha finalizado... le recordamos nuevamente que sus respuestas serán tratadas de forma confidencial... le agradecemos muy sinceramente la atención que nos ha dispensado...
- ¡Fascinante!
- Sr. Spock... en nombre de la United Telephone Company le deseamos que tenga un buen día...
- ¡Larga vida y prosperidad!

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14 agosto, 2008

Esbjörn Svensson (1964-2008)






Ballad time - Esbjörn Svensson: Piano; Dan Berglund: Bass; Magnus Öström - Drums.


News annouced the passing of the swedish jazz pianist and composer Esbjörn Svensson last 15 june at the age of 44 while diving near Ingarö Island in Stockholm. before his passing, Esbjörn had left the doors of the 21th century jazz widely opened.

Ha fallecido el pianista y compositor sueco Esbjörn Svensson, el pasado 15 de junio a la edad de 44 años mientras practicaba buceo en Ingarö, cerca de Estocolmo. Antes de marcharse, Esbjörn dejó bien abiertas las puertas del jazz del siglo 21.

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29 marzo, 2008

Aguas de marzo

Sofia Waters - Aguas de Março (Antonio Carlos Jobim)

29 noviembre, 2007

Merrill & Sonia



Merrill está sentado en la mesa de la cocina leyendo el diario. La gata le hace compañía. Se dirige a ella por su nombre —Sonia— y sin quitar ojo del periódico le dice que Brenda realmente le gustaba. Y añade que cree que esta vez la gata se ha equivocado. Sonia está echada en el interior de una cesta de mimbre acondicionada con unos cojines estampados. La cesta está instalada en el suelo, enfrente del ventanal que tiene las cortinas recogidas, dejando entrar un generoso rayo de sol que calienta gran parte de la estancia. La actitud de Sonia es de no inmutarse lo más mínimo ante las palabras de su dueño. Merrill insinúa que desearía que se le escuchase cuando habla.

—Sobre todo si se trata de un asunto importante —reclama.

La gata se incorpora lo justo para lanzar una mirada sobre Merrill y vuelve a esconder la cabeza regresando a su dulce estado de reposo. Merrill pasa varias páginas del diario ayudándose con el dedo índice previamente ensalivado y luego se alza las gafas desde la punta de la nariz usando el mismo dedo.

—¡Fíjate en esto Sonia! —dice Merrill con las comisuras de los labios humedecidas por la espumilla—, han publicado cinco demandas de empleo nuevas. ¡Es excelente! —asegura.

El hombre toma un lápiz de la mesa y marca con un círculo uno de los anuncios. Luego pronuncia un nombre en voz alta —Sara— y le dice a la gata que espera que esta vez se muestre atenta con la chica. Merrill explica que procede de Wisconsin y que es estudiante de leyes.

—¿Sabías que adoro las leyes, Sonia? —comenta excitado.

Sonia actúa como si la cosa no fuera con ella. Permanece tendida, reposando la cabeza sobre su costado izquierdo, prácticamente enroscada. Merrill abandona la lectura del diario, lo dobla cuidadosamente y lo deja sobre la mesa. El viejo reloj de cuerda del salón señala de un modo afónico que es mediodía. Merrill observa su reloj de pulsera.

—¡La una y media! —exclama—. Es hora de comer, Sonia —anuncia dirigiéndose al frigorífico. Extrae una pieza de pescado, la unta con mantequilla de cacahuetes y la coloca sobre una sartén.

—Hoy te he comprado lenguado, gatita —dice colocándose el delantal.

El olor a pescado asado llama la atención de la gata, que se despereza para llamar la atención de su amo. Merrill, ensimismado, murmura cosas ininteligibles mientras cocina. La gata acude al borde de su plato vacío esperando la inminencia del banquete y desde allí observa a Merrill, que ha terminado de cocinar y aparta la sartén del fuego. El hombre se dirige hacia donde está la gata y deposita el lenguado en el plato. La gata se relame. Merrill se quita el delantal y le pide a Sonia que espere para comer juntos. Abre la despensa y saca una lata de conservas. La gata se toma su tiempo antes de aproximarse al plato, disfrutando del aroma que desprende el pescado humeante. Merrill retira la pestaña del bote y lo abre por completo. Luego coge un tenedor y se sienta a comer. En la etiqueta del bote puede leerse: “alimento completo para gatos”. Merrill le dice a Sonia que está delicioso, y le desea buen apetito.

Durante la comida Merrill explica que piensa citar a la chica por la tarde, y que dedicará el resto de la mañana a los preparativos.

—Ya sabes, hay que tener lista la habitación de invitados —apunta.

La gata dedica toda su atención a dar pequeños mordiscos al delicioso lenguado.

Son las ocho en punto. Llaman a la puerta. Merrill se asoma al espejo para colocarse la pajarita. Antes de abrir echa un vistazo por la mirilla. Es la chica. Abre la puerta y se queda callado al verla. La chica se presenta y sonríe. Merrill le devuelve su mejor sonrisa y la invita a pasar y sentarse. La chica parece tímida, a tenor de lo sonrojadas que tiene las mejillas. Merrill se muestra muy amable, si bien los primeros instantes del encuentro están llenos de silencios mutuos.

Tras unos minutos de charla Merrill se disculpa para ir a la cocina. La chica permanece sentada, examinando la vetusta decoración del salón. La gata no ha abandonado su lecho, ajena por completo a la visita. A Merrill se le ve agitado, como si fuera un colegial que regresa de una excursión y necesita contar los detalles. Coge a Sonia y la deposita sobre la mesa. Se sienta a su lado y se dirige a ella con mimo. Le dice que la chica le gusta y que desea presentársela.

—Esta vez sí, Sonia —expone poniéndose serio—. No podemos seguir así por más tiempo. La chica me gusta y creo que yo también le gusto a ella. Así que quiero que la conozcas y colabores conmigo para conquistarla.

La gata se limita a mirarlo fijamente con unos ojos que irradian todo su verdor amarillento. Merrill insiste, tratando de ofrecerle razones, pidiéndole una respuesta. Pero la gata se muestra indiferente.

—¡Si piensas que me tienes dominado te equivocas!, ¡maldita rata callejera!, —explota Merrill, agarrándola por el abdomen y zarandeándola, exigiéndole su aprobación.

La gata se eriza completamente y lanza una salva de maullidos, enterrando sus garras en los antebrazos de Merrill. El hombre la deja caer en la mesa, asustado, retrocediendo unos pasos. Luego se sacude los brazos y se adecenta el jersey, dándose un poco de tiempo para calmarse.

—Está bien, Sonia… tú mandas —balbucea antes de dar media vuelta para regresar al salón.

La chica ha dedicado los últimos minutos a ojear una de las revistas sobre gatos que hay en la mesa. Merrill se disculpa por la demora, le ofrece una limonada a la chica y se sirve otra. Se sientan a charlar. Merrill le pide que le hable de ella. La chica le cuenta algunos detalles de su vida. Merrill pregunta la razón por la cual abandonó Wisconsin para venir a Detroit. La chica responde que lo hizo porque deseaba marcharse de Phillips, su ciudad natal, y por el prestigio de la Escuela de Leyes de la Universidad de Michigan.

—Apuesto a que ha venido usted sola —se aventura Merrill.

La chica contesta que sí. Merrill especula con la posibilidad de que la chica eche de menos a su familia.

—Muchísimo —responde la chica—. Me considero una persona muy familiar —agrega.

Merrill añade que espera que pronto los considere a Sonia y a él como parte de su familia. La chica sonríe y no puede reprimir ruborizarse. Merrill también sonríe y a continuación guarda silencio. La chica da un trago de limonada y pregunta en qué consiste el trabajo. Merrill contesta que el trabajo es ameno y que consiste básicamente en hacerse cargo de la casa y cuidar de la gata en su ausencia.

—Sé que no es mucho dinero —reconoce Merrill—, pero le resultará muy grata la compañía de Sonia. Es una gata muy especial.

La chica dice que le parece bien y sonríe.

—¿Por qué vive usted solo? —pregunta la chica.

—Bueno, verá… —Merrill se queda callado un momento. La pregunta le ha cogido por sorpresa y por la cara que pone no le ha sentado muy bien—. Vivo solo desde que murió mamá —responde sacando las palabras a trompicones—. He consagrado mi vida a cuidar de ella —añade—. ¿Acaso le parece mal? —se defiende contrariado desviando la mirada hacia la librería.

La chica no dice nada, cabizbaja y abochornada. Se hace un silencio. Merrill resopla y cierra los ojos apretando los párpados con fuerza.

—¡Ya basta de preguntas! —profiere encolerizado—. ¡No estoy aquí para hablar de mí mismo! —prosigue con aspaviento.

La chica le pide disculpas trastabillando. Merrill se revuelve en el asiento, le suda la frente y hace por no mirarla a los ojos. Transcurren unos instantes. Merrill murmulla sin parar, como si mantuviera una disputa interna. La chica empieza a incomodarse. Merrill levanta la vista y la clava sobre la chica. La observa unos instantes y luego le pide de un modo dramático que lo acompañe para mostrarle la habitación de invitados. A la chica se le cambia el semblante, desapareciéndole de súbito el color. Al levantarse le tiemblan las piernas. Da unos pasos hacia la puerta del pasillo y luego se detiene, en un amago de dar media vuelta sugiriendo que tal vez sería mejor dejar los detalles para otro día ya que se le va a hacer tarde. El hombre se ha situado detrás de ella, de modo que la chica no tiene más remedio que avanzar por el pasillo.

—Entra en tu habitación —dice Merrill, y la chica se queda paralizada.

—¡Te he dicho que entres en tu habitación, quiero enseñártela!

—¡Por favor, déjeme marchar, quiero irme! —suplica la chica muy asustada.

—¡Hazlo de una maldita vez! —Merrill está completamente trastornado—. ¡Es la voluntad de Sonia!, ¡entra en la habitación ahora mismo! —ordena.

La chica sufre un ataque de nervios y rompe a llorar. Merrill está detrás de ella sumido en un delirio. Tiene las venas de los brazos tensas como cables de acero, el rostro desencajado, con la mandíbula aprisionando los dientes de ambos maxilares y los labios hinchados escupiendo espuma. La chica no deja de llorar, inmovilizada por el pánico. Se ha tapado la cara con las palmas de las manos. Merrill alza su mano derecha y la deposita en la espalda de la chica, y ejerce la presión suficiente como para obligarla a atravesar la puerta. La chica está tan asustada que no ofrece oposición. Padece convulsiones y se ha orinado encima, sus zapatos de ante están empapados. Merrill entra y pega un portazo pero la puerta se queda abierta. De repente un silencio. Desde afuera no se oye nada. Al momento se escucha llorar a la chica, suplicando a Merril que no le haga daño. Al hombre no se le escucha. La gata se asoma al pasillo, que visto desde el salón está a oscuras. Las orejas de la gata, súbitamente erguidas, delatan que la chica se ha puesto a chillar. Se la percibe moviéndose y forcejeando violentamente dentro del cuarto. El silencio queda roto por los ruidos, golpes y gritos. La gata avanza unos pasos y se detiene a la mitad del pasillo. El único rastro de su presencia en la oscuridad lo constituyen sus ojos, que brillan como dos potentes balizas. Desde el lugar donde está, Sonia aprecia un fino rayo de luz que procedente de la habitación se ha proyectado sobre el suelo a través de la rendija que ha dejado la puerta entreabierta. Los gritos de espanto de la chica no causan perturbación en el rostro del animal, que apenas sí parpadea, graduando la intensidad de su hipnótica mirada ante la suerte de sombras que cubren la mancha de luz del suelo. A Merrill no se le oye decir nada, al menos nada que sea audible desde afuera, o si ha dicho algo sus palabras han quedado sepultadas por los quejidos de la chica, que ahora revelan dolor. La gata no se mueve. Los gemidos de la chica, perpetrados desde el cansancio, pasan a ser más débiles hasta extinguirse en un silencio aliviador. La gata sigue en el mismo sitio. Sólo gira la cabeza unos grados en señal de que sus oídos han captado una brusca interrupción del ruido. A la chica ya no se le oye. La sombra del pasillo, antes agitada, ahora vuelve a ser blanca y uniforme, como el encefalograma plano de un organismo vencido por la muerte.

Han transcurrido unos minutos. Se abre la puerta. La luz de la habitación aclara en parte la oscuridad del pasillo. La gata ya ha visto suficiente y desaparece.

Merrill asoma por la puerta de la habitación y se abre paso por el pasillo. Parece un muerto viviente. Lleva las manos y la ropa teñidos de sangre y el rostro arañado. Se detiene a la entrada del salón. Está aturdido, sumido en un zumbido que le impide captar el sonido de ambiente a su alrededor. Mira a un lado y a otro y llama a Sonia.

—¡Soniaa!, ¡Soniaa!

La llama una y otra vez, aumentando el tono del sollozo en cada intento, como si fuera un niño extraviado. Sonia no se deja ver. Merrill alza la voz para que la gata lo oiga dondequiera que esté.

—¡Te has salido con la tuya! —se lamenta. Y lo repite con un hilo de voz.

El hombre recorre unos metros hasta la entrada. En su rostro se refleja el dolor que le produce la brecha en una de las piernas, seguramente a causa de un mordisco. Se asoma a la puerta de la cocina y dirige su mirada hacia donde está Sonia. La gata está descansando en su cesta. Merrill balbucea intentando decirle algo. Sonia se levanta y se acerca a él muy lentamente. Da un salto hasta la mesa y de la mesa se encarama al hombro del hombre. Merrill la recoge y la sostiene entre sus brazos, arrullándola.

—¡Sonia!… ¡Sonia!… ¡mi gatita!… —le dice mientras la acaricia.

Luego la coge con ambas manos y se la pone delate de la cara para observarla sin decir nada. La gata mira a los ojos de Merrill, y mantiene su mirada dejando que haga mella en el hombre, que enseguida la deja sobre la mesa. Todavía aturdido, Merrill llena el plato de Sonia con pienso hasta rebosarlo, pone agua en la taza y se da media vuelta y se va a su habitación.

La casa permanece en silencio. Sonia se asoma por la puerta de la cocina. Su mirada se dirige al salón. Se queda observando el terreno por espacio de unos segundos. Luego avanza con cautela y se detiene en la entrada del pasillo, lugar desde el que había asistido al espanto. Seguidamente la gata atraviesa el pasillo, lo hace con la seguridad de que nada ni nadie va a perturbar su visita al lugar de los hechos. La puerta de la habitación de Merrill está cerrada. Sonia se aproxima a la mancha de luz que sale de la habitación de invitados, aún no puede ver el interior de la misma. Se detiene y se queda ensimismada antes de iniciar la exploración.

La gata asoma la cabeza por la puerta. Desde el interior puede apreciarse el movimiento inquieto de sus pupilas al observar los restos del horror. Atraviesa la puerta. Sus pasos parecen estar medidos para no pisar ni una gota de sangre en su paseo macabro. Recorre cada rincón, se encarama a los muebles, sigilosamente, sin alterar un ápice la escena. Su seguridad y parsimonia dan qué pensar, como si se tratase de un ceremonial repetido. El cuerpo de la chica está semidesnudo, con el estómago abierto en canal y las tripas asomando. La gata se detiene justo delante del rostro y lo observa deliberadamente. La cara está desencajada, con una mueca de dolor prolongado. Acerca el hocico llegando a rozar la tez con los bigotes. Saca la lengua y da varios lametones y otras tantas relamidas para limpiar casi por completo los restos de sangraza de su morro. Más tarde abandona el lugar en medio del silencio sepulcral que domina toda la casa.

Han transcurrido casi dos días. En todo ese tiempo Merrill no ha salido de su habitación. Sonia, por su parte, no ha abandonado su lecho.

Merrill está sentado en la mesa de la cocina leyendo el diario. La gata le hace compañía. Merrill se dirige a ella sin quitar ojo del periódico, le dice que Sara realmente le gustaba. Y añade que cree que esta vez la gata se ha equivocado. Sonia está echada en su cesta de mimbre. La actitud de Sonia es de no inmutarse lo más mínimo ante las palabras de su dueño. Merrill insinúa que desearía que se le escuchase cuando habla.

—Sobre todo si se trata de un asunto importante —añade.

La gata se incorpora lo justo para lanzar una mirada sobre Merrill y vuelve a esconder la cabeza regresando a su dulce estado de reposo. Merrill pasa varias páginas del diario ayudándose con el dedo índice previamente ensalivado y luego se alza las gafas desde la punta de la nariz usando el mismo dedo.

—¡Fíjate en esto, Sonia! —dice Merrill—, han publicado tres demandas de empleo nuevas. ¡Es excelente! —asegura.

Merrill toma un lápiz de la mesa y marca con un círculo uno de los anuncios. Luego pronuncia un nombre —Laura— y le dice a la gata que espera que esta vez se muestre atenta con la chica. Merrill explica que procede de Massachussets y que es enfermera.

—¿Sabías que adoro los hospitales, Sonia? —pregunta excitado.

Sonia actúa como si la cosa no fuera con ella. Permanece acostada, reposando la cabeza sobre su costado derecho, prácticamente enroscada. Merrill abandona la lectura del diario, lo dobla cuidadosamente y lo deja en la mesa. El viejo reloj de cuerda del salón señala que es mediodía. Merrill mira su reloj de pulsera.

—¡Vaya!, ¡la una y media! —dice—. Es hora de comer, Sonia —anuncia dirigiéndose al frigorífico. Extrae una pieza de pescado, la unta con mantequilla de cacahuetes y la coloca sobre una sartén.

—Hoy te he comprado salmón, gatita —exclama mientras se coloca el delantal.

El olor a pescado asado llama la atención de la gata, que se despereza para llamar la atención de su amo. Merrill murmura cosas ininteligibles mientras cocina ensimismado. La gata acude al borde de su plato esperando la inminencia del banquete, y desde allí observa a Merrill, que ha terminado de cocinar y aparta la sartén del fuego. El hombre se dirige hacia donde está la gata y deposita la pieza de salmón en el plato vacío. La gata se relame. Merrill se quita el delantal y le pide a Sonia que espere para comer juntos. Abre la despensa y saca una lata de conservas. La gata se toma su tiempo antes de aproximarse al plato, disfrutando del aroma que desprende el pescado humeante. Merrill retira la pestaña del bote y lo abre por completo. Luego coge un tenedor y se sienta a comer. En la etiqueta del bote puede leerse: “alimento completo para gatos”. Merrill le dice a Sonia que está delicioso, y le desea buen apetito.

Durante la comida Merrill explica que piensa citar a la chica por la tarde, y que dedicará el resto de la mañana a los preparativos.

—Ya sabes, hay que tener lista la habitación de invitados —apunta.

La gata permanece impasible, dedicada por completo a dar pequeños mordiscos al delicioso trozo de salmón.

Son las ocho en punto. Llaman a la puerta. Merrill se asoma al espejo para colocarse la pajarita. Antes de abrir echa un vistazo por la mirilla. Es la chica. Abre la puerta y se queda callado al verla…
© ignatiusmismo, 2007.

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31 mayo, 2007

Desmontando a John Wayne Gacy


John Wayne Gacy Jr. - Sufjan Stevens


His father was a drinker and his mother cried in bed
Folding John Wayne's t-shirts
when the swingset hit his head
The neighbors they adored him
For his humor and his conversation
Look underneath the house there
Find the few living things, rotting fast, in their sleep
Oh the dead 27 people
Even more, they were boys, with their cars, summer jobs
Oh my God
Are you one of them?
He dressed up like a clown for them
With his face paint white and red
And on his best behaviour
In a dark room on the bed he kissed them all
He'd kill ten thousand people
With a slight of his hand, running far, running fast to the dead
He took off all their clothes for them
He put a cloth on their lips, quiet hands, quiet kiss on the mouth
And in my best behaviour
I am really just like him
Look beneath the floor boards
For the secrets I have hid.


*****
Su padre era un alcohólico y su madre lloraba en la cama
plegando las camisetas de John Wayne
cuando el columpio golpeó su cabeza
Los vecinos lo adoraban
por su humor y su conversación
miras ahí debajo de la casa
y encuentras unas cuantas cosas vivientes, pudriéndose deprisa, dormidas
Oh los 27 muertos
incluso más, eran niños, con sus coches, sus trabajos de verano
Oh dios mío
¿Eres tú uno de ellos?
vestía como un payaso para ellos
con su cara pintada de blanco y rojo
y comportándose impecablemente
En una habitación oscura sobre la cama los besaba a todos
Mataría a diez mil personas
con el mínimo esfuerzo de su mano, corriendo lejos, corriendo deprisa hacia los muertos
los desvistió completamente
puso un trapo en sus labios, manos silenciosas, besos silenciosos en la boca
Y comportándome impecablemente
me ocurre realmente como a él
busco debajo del suelo de madera
los secretos que yo mismo he escondido


*****

Ciertas canciones logran transmitirnos una historia en apenas un par de minutos con un puñado de estrofas certeras y una melodía afortunada. Ciertas otras van más allá, consiguen elevar esos versos encadenados a la categoría de poesía, y lo hacen por medio mecanismos que no siempre está a nuestro alcance desentrañar. Este es el caso del tema titulado "John Wayne Gacy Jr.", compuesto por el músico de Illinois Sufjan Stevens, basándose en un caso real que conmocionó al pueblo norteamericano. Este incalificable compositor nos presenta un ejercicio sencillo en su planteamiento pero complejo en cuanto al fondo, que tímbricamente nos remite a una cierta época a través de los acordes solitarios de una guitarra acústica, dándonos a oler un paisaje que mezcla felicidad y desolación al mismo tiempo, descifrando con hondura el interior de los personajes, mostrándonos justamente la parte de ellos que no se ve, yuxtaponiendo la ternura con el drama de forma sublime, deslizándose con destreza en los vericuetos del bien y del mal, trazando líneas de conexión entre aquellas cosas que no son lo que parecen y las que parecen lo que no son, componiendo un cuadro fragmentado que solo es excrutable desde los sentimientos. Y además está ese final, un puñetazo al estomago con el que Stevens se compromete y nos compromete a todos, dejando claro que ninguno de nosotros tiene el alma completamente limpia de polvo y paja. Lo que sigue -escarbando entre estos versos tristes- es un intento de arrojar algo de luz sobre la historia verídica en la cual se inspira esta hermosa y a la vez demoledora canción.

John Wayne Gacy Jr. nació en Chicago el día de San Patricio de 1942. Su infancia no fue demasiado feliz. Su padre -John Wayne Gacy Sr.- estaba alcoholizado y solía abusar físicamente de su mujer -Marion Elaine- y maltrar verbalmente a sus tres hijos, John era el segundo de ellos, entre Joanne, su hermana mayor, y Karen, la pequeña. A pesar de sufrir un constante desprecio por parte de su padre -quien acostumbraba a llamarle "nena"-, el pequeño John Wayne siempre lo quiso con locura, y hasta el final de sus días se esforzó para ganarse su cariño, cosa que nunca logró. Así que John creció marcado por el dolor interior que le provocaban los conflictos conductuales y afectivos vividos en el hogar de sus padres. Después de cambiar de instituto en cuatro ocasiones en el año de su graduación, Gacy dejó los estudios y se marchó a Las Vegas donde trabajó en una empresa de servicios funerarios hasta que decidió regresar a Chicago, graduándose finalmente en una escuela de negocios. Era un vendedor nato, y después de un trabajo eventual en una empresa de zapatos, consiguió crear su propia empresa de venta de ropa en Springfield, Illinois.

No sólo la violencia doméstica y la falta de afecto marcaron la infancia de John Wayne Gacy. También los desgraciados infortunios. A los 11 años de edad sufrió un accidente mientras jugaba en el jardín, cuando un columpio golpeó su cabeza causándole un coágulo de sangre que no le fue descubierto hasta los 16 años. Así que durante todo ese tiempo padeció continuos desmayos que no le desaparecieron hasta que por fin lo medicaron. Por si fuera poco, a los 17 años le fue diagnosticada una enfermedad indeterminada en el corazón, con la que convivió el resto de su vida, sufriendo sucesivas recaídas en la edad adulta, acrecentadas por un abandono de la forma física, lo que le haría engordar considerablemente.

John Wayne Gacy Jr. era un tipo muy querido por todos. Sus vecinos lo adoraban por su sentido del humor y su conversación amena. Unánimemente le veían como una persona amable, amigo de sus amigos, dedicado a su familia, un gran trabajador, un emprendedor que, cuando no estaba levantando una empresa, organizaba fiestas vecinales y dedicaba gran parte de su tiempo a mejorar la vida de la comunidad en la que vivía. En Springfield, Gacy promovió con esmero su faceta solidaria, involucrándose en numerosos proyectos cívicos como el Chi Rho Club, del que fue presidente, el Inter-Club Católico, la Defensa Civil Federal de Illinois, la de Chicago, o la Sociedad del Nombre Santo, entre otras. Entregarse a los demás le hacía feliz, proyectaba sobre los que le rodeaban el afecto que a él le había faltado, tal vez como forma de sublimar el dolor que sentía por dentro.

En 1964 Gacy contrajo matrimonio con una compañera de trabajo, Marlynn Myers, hija del dueño de una cadena de restaurantes Kentucky Fried Chicken en Waterloo, Iowa. Su suegro le ofreció trabajar para él y el feliz matrimonio de trasladó a Iowa. Las cosas empezaban a ir muy bien para Gacy. Allí, siguiendo con su empeño en darse a los demás, John entró a formar parte de los Jacees, una asociación de voluntarios dedicados a ayudar a los demás, donde muy pronto fue nombrado "Hombre del Año". Este proyecto era "su vida" para él, según palabras de algunas de sus amistades de la época, a pesar de que en ese tiempo fue padre de dos hijos.

Las cosas parecían ir bien para la familia Gacy, aunque esa felicidad no duraría mucho. Pronto surgieron rumores por toda la ciudad y entre los miembros de los Jaycees sobre las preferencias sexuales de Gacy, y su gusto por insinuarse a los chicos jóvenes que trabajaban para él en el restaurante que dirigía. Y en 1968 los rumores se hicieron realidad. Gacy fue acusado de pretender un acto de sodomía con un muchacho llamado Mark Miller. Miller explicó al tribunal que Gacy lo había atado y violado alevosamente durante una visita a la casa del acusado. Gacy negó los hechos alegando que el chico le había solicitado relaciones sexuales en varias ocasiones para ganar un dinero extra a lo que él se había negado. Finalmente Gacy fue condenado a 10 años de carcel, ingresando en prisión donde cayó en una enorme depresión, acrecentada por la muerte de su padre, de quien no había podido despedirse como hubiese sido su deseo. Al salir de la carcel al año y medio por buena conducta, Gacy regresó a Chicago con su madre y remontó el vuelo trabajando como chef en un restaurante. Su capacidad de redención y reinvención funcionó al cien por cien. Pronto se instaló por su cuenta en un rancho a las afueras, donde trabó amistad con sus vecinos, los Grexas, quienes desconocían por completo el pasado del nuevo miembro de la comunidad, un hombre para ellos encantador que no hacía sino invitarles a cenar en casa. Pero al poco tiempo Gacy fue nuevamente acusado de conducta escandalosa, al intentar abusar de un joven que había recogido con su vehículo en la estación de autobuses. La suerte esta vez hizo que los cargos contra él fueran retirados y más temprano que tarde Gacy volvió a ser un hombre libre.


En 1972 se casó con Carole Hoff, una divorciada con dos hijas que se encontraba en un estado emocional inestable, y a la que Gacy supo ganarse con cariño y generosidad, a pesar de que ella sabía de sus antecedentes penales. El rancho volvió a ser lo que era y los Grexas seguían allí, acudiendo fieles a las cenas de barbacoa organizadas con esmero por el adorable John Gacy. Un día la señora Grexa preguntó a Gacy por los olores a rata muerta que procedían de debajo de la casa. Gacy restó importancia al asunto, ocultando en realidad durante años la verdadera naturaleza del hedor, la cual sólo él conocía. Aún así las fiestas siguieron celebrándose, cada vez con mayor éxito, las había de toda índole, vaqueras, hawaiianas, con disfraces incluidos. A Gacy le gustaba sentirse importante, y sus invitados se dejaban impresionar por su contrastada capacidad como anfitrión.

En 1974 Gacy fundó su propia empresa como constratista -PMD Contractors Inc.- especializada también en reformas y limpiezas y para la que contrató a chicos jóvenes alegando que así reduciría costes. No era la única razón. Gacy intentó seducir a algunos de sus jóvenes empleados. Sus deseos homosexuales se hicieron cada vez más patentes, lo que no escapó a ojos de Carole, quien terminó por separarse de él en 1976, después de encontrar revistas de chicos desnudos entre las pertenencias de su marido. Gacy llegó a decirle que le gustaban más los chicos que las mujeres. En ese momento sus ansias sexuales podían ya más que su necesidad de control para salvaguardar su imagen pública.

Otro aspecto que predominaba en la personalidad de Gacy era el afán de sentirse importante. Esto le llevó a plantearse metas políticas, las cuales le servirían según su modo de ver las cosas para mantaner su nombre a salvo en caso de nuevos deslices sexuales. Sabía de su talento en las relaciones personales y lo puso en práctica, llamando la atención de Robert Mattwick, delegado Demócrata en Norwood Park. Gacy se ofreció para limpiar con sus muchachos la sede local del partido, lo cual le sirvió para adentrarse en la organización y dar a conocer sus múltiples habilidades solidarias. Mattrick quedó gratamente sorprendido el día que vio al tenaz empresario disfrazado haciendo reir a los niños enfermos de un hospital. Vestía como un payaso para ellos -Pogo el payaso- con su cara pintada de blanco y rojo. Llenaba de felicidad a los pequeños y a sus familias comportándose impecablemente. Gacy se afanaba por agradar a los demás, y muy especialmente a los niños, para quienes se había sacado de la manga un personaje a través del cual poder acercarse a ellos. Con este gesto generoso se había ganado con creces el respeto de sus nuevos congeneres, siempre educado, siempre considerado y entregado al prójimo como pocos.

Rendido ante las capacidades de Gacy, al poco tiempo Mattrick lo nombró delegado para la comisión del alumbrado público. En 1975 Gacy era ya secretario tesorero. Parecía que su carrera política iba viento en popa. Incluso se había entrevistado con Jimmy Carter durante una visita presidencial a Illinois,fotografiándose para la posteridad con la primera dama, Rosalynn. Nada de eso le sirvió de mucho cuando comenzaron a circular nuevos rumores sobre su interés por los jovencitos. En concreto dichos rumores lo relacionaban con un incidente ocurrido durante la limpieza de la sede local del Partido Demócrata. Uno de los muchachos que trabajaron en ella, Tony Antonucci, declaró que Gacy le había hecho proposiciones sexuales y que había tenido que defenderse por medio de una silla. Gacy había restado importancia al suceso y le había dejado en paz durante un mes. Pero durante una visita de Antonucci por trabajo a casa de Gacy, éste lo había esposado e intentado desnudar, hasta que el chico logró escaparse y huir. Gacy le prometió que no sucedería más y el joven siguió trabajando para él durante un año.

A Johnny Butkovich, de 17 años, le gustaban los coches. Dedicaba mucho tiempo a mantener en buen estado su Dodge de 1968. Entró a trabajar en PDM Contratistas y estaba contento con el puesto que le habían asignado. Hasta que un buen día Gacy se negó a pagarle dos semanas de trabajo extra. Johnny fue a casa de Gacy en compañía de unos amigos para reclamarle el dinero. Gacy se enfadó mucho, discutieron airadamente hasta que los muchachos decidieron marcharse. Butkovich dejó a sus amigos y condujo supuestamente hacia su casa. Nunca más se le volvió a ver con vida.

A Michael Bonnin, también de 17, le gustaban los trabajos de carpintería de madera y trabajaba en la restauración de un antiguo jukebox. Un día desapareció mientras tomaba un tren para ir a ver al hermano de su padrastro.

Billy Carroll era el tipo de joven problemático, al menos así lo definían sus propios padres, hartos de sus problemas con la justicia. Con 9 años había sido internado en un centro juvenil por un robo. A los 16 mantenía un negocio como intermediario para encuentros sexuales entre adultos y jovencitos. Un día de junio de 1973 Billy salió de casa y nunca más se supo de él. Estos tres muchachos, sin conocerse entre ellos, tenían algo en común: todos ellos se toparon en algún momento de sus vidas con John Wayne Gacy.

Gregory Godzik era feliz con su trabajo en PDM Contratistas. El chico no ponía pegas para acometer los trabajos fuera de hora que le pedía su jefe, principalmente de limpieza de locales y oficinas. Con el dinero extra que sacaba, el muchacho mantenía a punto su Pontiac 1966, un precioso automóvil que ocupaba todo su tiempo libre. Precisamente en uno de sus días de descanso había salido a dar una vuelta en el automóvil. La policía encontró el vehículo abandonado en una carretera secundaria. Gregory había desaparecido para siempre. Tenía 17 años.

En un suceso similar, John Szyc de 19 años desapareció en enero de 1977 mientras conducía su Plymouth Satellite de 1971. Días después la policía detuvo a un muchacho conduciendo el coche de Szyc. El joven dijo a los agentes que el hombre con el que vivía les explicaría todo. Ese hombre era John Gacy, quien dijo que Szyc le había vendido el vehículo hacía tiempo. Si la policía hubiera comprobado la fecha de la venta, habría descubierto que la firma del traspaso se produjo 18 días después de la desaparición de Szyc.

El joven de 18 años Robert Gilroy amaba los caballos. El 15 de septiembre de 1977 tomó un autobús para ir a montar con unos amigos. Nunca llegó a su destino. Su padre era sargento de la policía de Chicago. A pesar de los dispositivos de búsqueda que el padre puso en marcha al saber de la desaparición de su hijo, este nunca fue hallado con vida.

Algo más de un años después un muchacho llamado Robert Piest desapareció misteriosamente. Tenía 15 años. Su madre había ido a recogerle a la farmacia donde trabajaba. El chico dijo a su madre que esperase un momento, que se había citado con un hombre para un posible empleo. Preocupada porque el joven no regresaba, la madre de Piest avisó a la policía, facilitándoles el nombre del hombre con el que se había citado su hijo. Ese nombre era el de John Wayne Gacy.

El teniente Joseph Kozenczak, encargado de la investigación, interrogó a Gacy. El sospechoso dijo que no tenía nada que ver con la desaparición del chico. No le detuvieron. Pero el teniente Kozenczak tuvo la precaución de solicitar el expediente penal de Gacy. A los pocos días descubrió que el sospechoso tenía antecedentes por practicar sodomía contra un menor. Este hecho hizo que solicitara una orden de registro del domicilio de Gacy. El 13 de diciembre de 1978 la policía entró en casa de Gacy en Summerdale Avenue. Gacy no se encontraba allí. El registro deparó la incautación de los siguientes objetos: Un joyero conteniendo dos permisos de conducir; una caja con marihuana y papel de fumar; siete películas pornográficas de procedencia sueca; píldoras de valium; un cuchillo de hoja intercambiable; fotografías a color de farmacias y otros establecimientos; una agenda de direcciones; libros con títulos como Adolescentes apretados, Jóvenes ciclistas, Sexo entre hombres y niños o Ventiún casos de sexo anormal; un par de esposas con sus respectivas llaves; una plancha de madera con orificios en ambos extremos; una pistola de 6mm de fabricación italiana con munición; placas de policía; un dildo de 18 cms; ropa de tallas tan pequeñas que difícilmente podía pertenecer a Gacy. Además, 3 automóviles propiedad de Gacy también fueron confiscados.

Durante el registro exhaustivo del lugar, la policía accedió al entresuelo de la casa, donde lo primero que les llamó la atención fue el hedor que de allí provenía, y que en un principio asociaron a las aguas residuales. Finalizado el registro Gacy fue llamado a comisaría para declarar por segunda vez. Interrogado sobre los objetos encontrados en su casa, Gacy solicitó la presencia de su abogado, quien le dio instrucciones vía telefónica para que no firmase ninguna declaración. La policía no tenía realmente nada contra él, así que fue puesto en libertad vigilada las 24 horas. En los días posteriores la policía acudió nuevamente a casa de Gacy para continuar con el registro. Al mismo tiempo fueron interrogados sus amigos y allegados, sin que surgieran evidencias delictivas en contra del sospechoso. Finalmente los agentes, frustrados por la falta de pruebas, decidieron detenerlo por posesión de marihuana.

Por ese tiempo Jeffrey Ringall, que había sido violado, se había propuesto encontrar al tipo que lo había hecho. Cada día pasaba varias horas en la carretera donde había sido recogido por un hombre que lo había dormido con cloroformo. Un día identificó el vehículo y se decidió a seguirlo con su coche. La persecución le llevó a una casa, donde el hombre entró después de salir del auto. Ringall inspeccionó el buzón de correo postal y tomó nota del nombre del propietario de la casa. Al día siguiente presentó una denuncia por abuso sexual. El nombre que había leído en el buzón era el de John Wayne Gacy.

Las investigaciones de la policía científica sobre los objetos hallados en la casa Gacy arrojaron sus primeros resultados. Uno de los anillos encontrados pertenecía al joven John Szyc, desaparecido un año antes. Los agentes intensificaron los interrogatorios al sospechoso, cerrando el cerco sobre él más y más, hasta que un Gacy arrinconado confesó haber asesinado a una persona, alegando que lo hizo en defensa propia. El contratista explicó a la policía dónde estaba el cuerpo y los agentes realizaron un nuevo registro de la casa. Ese mismo día Robert Stein –médico forense del condado de Cook- fue requerido por la policía en casa de Gacy. Nada más llegar, el especialista dijo a los agentes que reconocía en aquel lugar el “inconfundible olor a muerte”.

La búsqueda de los cuerpos se realizó con cuidado, como si se tratara de unos trabajos de excavación arqueológica. El viernes 22 de diciembre de 1978 John Wayne Gacy confesó a la policía haber asesinado y enterrado en su propia casa al menos a 30 personas. Su primer crimen databa de 1972. Los detalles de del modo en que habían sido realizados los crímenes conmocionaron a todo el país. Gacy confesó que esposaba a sus víctimas para luego violarlas y torturarlas hasta la muerte. Para evitar sus gritos, Gacy los desnudaba y les metía la ropa interior en la boca. Luego los asfixiaba con una cuerda alrededor del cuello hasta dejarlo sin vida. La cadena de testimonios espeluznantes del mayor asesino en serie de la historia no había hecho sino empezar.

El primer día aparecieron dos cuerpos, uno de ellos pertenecía a John Butkovich y había sido enterrado en el garaje. El otro era la primera evidencia de la enorme fosa común que Gacy había creado en el entresuelo de la casa. Se supo que algunas de las víctimas habían sido sepultadas juntas, luego gacy confesaría con frialdad que lo había hecho así para disponer de más espacio para otros cadáveres. El 28 de diciembre la policía había encontrado un total de 27 cuerpos. Pero había más. El cuerpo sin vida de Frank Landingin fue hallado en el río Des Plaines. Su permiso de conducir estaba en la lista de objetos incautados a Gacy. En el mismo lugar la policía rescató el cuerpo de James Mazzara. Tenía los calzoncillos metidos en la garganta. Según declararía el asesino, tuvo que sumergir los cuerpos en el río porque su “cementerio” casero se le había quedado pequeño. Más tarde en el patio de la casa apareció otro cuerpo, el de un hombre con la ropa puesta y una sortija que delataba que estaba casado. A la semana siguiente encontraron a la víctima número 31 en el río. Era un muchacho llamado Timothy O’Rourke, a quien sus familiares pudieron reconocer gracias a que tenía un tatuaje. Y en la casa apareció el cadáver que hacía el número 32. Los restos de Robert Piest -la última víctima conocida por los investigadores- apareció en abril de 1979 en el río Illinois. Tenía la garganta llena de pañuelos desechables. Se completaba así la macabra lista de asesinatos de John Gacy: 33 personas.

El 6 de febrero de 1980 comenzó la causa contra John Wayne Gacy, también conocido como "Pogo el payaso", en la Corte Criminal del Condado de Cook, en Chicago. Era la hora de reconstruir los asesinatos y desentrañar las causas que habían conducido a un hombre al que todos querían y respetaban a sembrar semejante horror. El jurado estaba compuesto por siete hombres y cinco mujeres. Ante ellos, sentado, callado, desprovisto aparentemente de cualquier sentimiento de culpa, estaba el acusado, John Gacy. A su lado el abogado de la defensa, Robert Motta. A unos metros de ellos, Bob Egan, el fiscal acusador. Abrió las sesiones este último, que relató con todo lujo de detalles todos y cada uno de los asesinatos cometidos por Gacy, haciendo hincapié en la intencionalidad sexual subyacente en todos ellos, el sadismo y la saña con que el acusado se empleaba con sus víctimas y, sobre todo, el carácter consciente de dichos actos homicidas. Tras el fiscal tomó la palabra la defensa, dedicando su alegato casi por completo a intentar convencer al jurado del hecho de que Gacy había actuado sumido en la demencia, lo cual justificaría que no pudiera controlar su conducta. De haber sido considerado demente, Gacy habría salvado la vida casi con toda seguridad, pues su caso habría pasado a manos del sistema nacional de salud, que lo habría recluido y tratado psiquiátricamente, con posibilidad de reinsertarse en la sociedad y quedar en libertad al cabo de un tiempo.

El fiscal llamó a declarar al padre de John Butkovich. Era el primer testigo de una serie que incluyó a familiares y amigos de las víctimas. Más tarde pasaron por el estrado aquellos que, habiendo sido trabajadores de Gacy, habían sufrido alguna vez acoso por parte de él. Los acosados se explicaron con todo lujo de detalles acerca de las insinuaciones y las tretas del contratista en su incesante y enfermiza búsqueda de sexo. Luego llegó el turno de los familiares, amigos y vecinos del acusado. También testificaron los agentes que habían llevado la investigación. Unas sesenta personas en total.

La defensa por su parte sorprendió a todos iniciando su turno de testigos llamando al estrado a Jeffrey Ringall, la única víctima de Gacy que había salvado la vida. La estrategia del abogado defensor era muy clara: necesitaba que Ringall reconociera que Gacy no estaba en sus cabales, y lo hizo, explicando que sólo hablando de un loco podía entenderse el salvajismo de sus ataques. Luego el chico rompió a llorar y tuvo que ser acompañado fuera de la sala. Gacy, que estaba sentado en la primera fila, ni se inmutó ante el testimonio descarnado del joven. No había un ápice de arrepentimiento en el rostro del asesino. Prosiguiendo con su plan, la defensa citó inmediatamente a familiares y amigos de Gacy, los cuales abundaron en la demencia del acusado. Su madre recordó a la sala cómo su padre abusaba constantemente de él, empleado una correa de cuero. Su hermana se refirió al mismo hecho y se confesó testigo de cómo John Wayne era blanco de los insultos de su padre. Los amigos de Gacy destacaron su generosidad, sus servicios a la sociedad y su entrega a los necesitados. Sólo su vecina -Lillie Grexa- desentonó al negarse a reconocer que Gacy estuviera loco, lo cual en lugar de beneficiarle perjudicaba el alegato de la defensa a favor de su estado mental como causa de los crímenes. El último testigo era Thomas Eliseo, psicólogo especialista que había examinado a Gacy antes del juicio. Eliseo contó al tribunal que había encontrado al acusado extremadamente inteligente, si bien creía que actuaba bajo la influencia de una esquizofrenia que le producía un desdoblamiento de personalidad y desorden antisocial, todo lo cual hacía que fuera incapaz de comprender la magnitud de sus actos y por consiguiente que los adoptara como forma de conducta habitual.

En los alegatos finales ante el jurado ambas partes se emplearon a fondo para sostener sus tesis. La acusación recordó la naturaleza execrable de los crímenes, subrayando que habían sido premeditados, planeados y cometidos por un hombre en posesión de sus facultades mentales. La defensa insistió en el hecho de que Gacy era un buen hombre que se había convertido en un demente. Sólo llevó dos horas que el jurado decidiera un veredicto. Cuando sus miembros entraron en la sala se hizo un silencio sepulcral hasta que el secretario del tribunal leyó el fallo diciendo: “Nosotros, el jurado, encontramos al acusado John Wayne Gacy… culpable.” El país entero recibía con alivio un fallo que, por su naturaleza, condenaba a Gacy a correr la misma suerte que sus víctimas: la muerte. Tras seis semanas de arduo juicio John Wayne Gacy fue condenado a 21 cadenas perpetuas y 12 penas de muerte por el asesinato de 33 personas.

El 10 de mayo de 1994 Gacy fue ejecutado mediante inyección letal en la Penitenciería Estatal de Crest Hill, Illinois. Tardó en morir 27 minutos, debido a que los productos químicos de que se componía el suero mortífero que se le administró fallaron parcialmente. Horas antes había disfrutado de su última comida, un menú formado (irónicamente) por pollo frito con patatas y fresas de postre. También había concedido una última entrevista a un periodista del Knight-Tribune, al quea modo de resumen de su "hazaña" le dijo que a pesar de que no era un ególatra se habían escrito 11 libros sobre él, 31 monográficos, 2 guiones, una película, una obra de teatro, 5 canciones y alrededor de 5.000 artículos. Y concluyó diciendo: "¿Qué más puedo pedir?". Sus últimas palabras antes de ser ejecutado, en lo que pareció una muestra de su no arrepentimiento y de su odio a quienes según él le habían arruinado la vida, fueron: “¡Bésenme el culo! ¡Nunca sabrán dónde están enterrados los otros!”.

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15 abril, 2007

Cornish, New Hampshire


La camioneta está estacionada junto a la acera en Commons Park. A unos metros del vehículo hay un teléfono público. Los faros delanteros, mal montados sobre la defensa, marcan las diez y diez. La parte trasera está cubierta por un toldo raído de color verde bosque, fijado a la carrocería mediante unas cuerdas deshilachadas. En ambos laterales del vehículo lucen unas pegatinas desgastadas en las que no sin dificultad puede leerse “Very Private Investigations 800-755-SWIN”. El único limpiaparabrisas que funciona se afana en despejar la luna de cristal delantera del tremendo aguacero que está cayendo. Desde afuera puede intuirse la presencia de dos individuos en el interior. Están sentados en el asiento delantero de una sola pieza.

—El plan es perfecto, John Joe —aseguró el hombre situado al volante—. Colocaré una cámara del tamaño de la cabeza de un alfiler en el botón derecho del cuello de tu camisa, de modo que la imagen muestre lo que ven tus ojos de sapo.

—¡Caracoles jefe Swindler! qué ideas tan macanudas tié usté en el tarro —añadió el muchacho mientras bajaba la ventanilla—.

—Cierra esa ventanilla ahora mismo, maldita sea, nos pueden oír —profirió airado el hombretón—. Es un material endiabladamente bueno que recibí hace un par de semanas contra reembolso en mi apartado postal secreto número 1345. No hay que dejar rastro, ya sabes. El tipo que me lo vendió me aseguró que lo usan los del FBI para infiltrar a polis en organizaciones criminales… je,je… esos tipos saben lo que se traen entre manos, John Joe.

—¿1345, jefe? —dijo el chico mientras se apresuraba a subir la ventanilla—. No sé si recordaré una cantidá tan retorsía. Nunca he visto tantos pavos juntos, ja.

—No tienes que recordar nada, maldita sea —espetó el hombre haciendo aspaviento—. Olvida esa maldita combinación secreta ahora mismo, muchacho.

—¿Cuál? —preguntó el muchacho— ¿1345, jefe..?

—¡Maldito bocazas! Quítatelo ahora mismo de esa cabeza de chorlito que tienes o tendré que volarte la tapa de los sesos para que lo olvides. ¿Sabes lo que hacen los tipos duros como yo con quienes meten las narices donde no deben?

—Oh sí, jefe Swindler —se apresuró a contestar el chico con ademán de tenerse la lección bien aprendida—. Según usté jefe, los tipos duros son capases de descuartisarte, meté tus trositos en una bolsa de plástico y almasenarlos en el arcón frigorífico del sótano, sólo porque te hayas ido de la lenbua…

—Pues ya sabes, en boca cerrada….

—Descuide usté jefe, que ya me metío en la cocorota que no vuelvo a recordá el apartao de correos 1345 ese…

—¡Maldición! ¡Estúpido muchacho! —bramó Swindler aporreando el volante con ambas manos hasta que hizo sonar el claxon—, ¿no te he dicho que cierres esa maldita bocaza de una vez? No sé por qué diablos me fijé en ti. Debí dejar que siguieras recogiendo tuercas para Barnie el chatarrero. Cuando le dije a Thelma que iba a darte una oportunidad no quieras imaginar la cara que puso. No la había visto así desde que nos arruinamos por completo en el 78, debido a una mala racha de suerte durante nuestra luna de miel en las Vegas. Y todo por culpa de aquella furcia que paseaba sus tetas delante de mis narices durante la partida. La muy ramera permaneció a mi lado toda la maldita noche hasta que lo perdí todo y luego desapareció. El tipo de seguridad que me sacó de allí a puñetazos me dijo que ella era un gancho del propio casino, antes de dejarme caer en un charco.

—Diantre jefe, qué mala suerte la suya de usté —masculló el muchacho cambiando de posición la visera de su gorra —.

—Tuvimos que regresar a casa en autobús —espetó Swindler—, después de empeñar el dichoso anillo que le había regalado a Thelma. Estuve a punto de cortarle el maldito dedo para quitárselo mientras dormía. El reverendo que nos había casado dijo que eligiéramos: o le entregábamos el anillo o anulaba el matrimonio para devolvernos sólo 150 dólares de los 500 que le habíamos pagado —refunfuñó mientras observaba en el salpicadero una reliquia con la imagen petrificada de Thelma en cuyo pie podía leerse: “menos mal que yo pienso en todo, querido”—. Y aquí estoy yo, poniendo mi golpe más elaborado en manos de un paleto que no sabe ni hacerse el nudo de los zapatos como dios manda. Pero estás de suerte, chico. No te preguntes por qué pero te has topado con la grandeza de los tipos importantes. Ya sabes —dijo cambiando de humor— solemos ser generosos de cuándo en cuándo con los pobres desgraciados como tú. Después de todo, forma parte del sueño americano, ¿no?... América fue fundada con la sangre derramada por tipos intrépidos como yo.

—Estoy aquí pa seguirle en too, jefe —dijo el chico—, pero el jefe Barnie no ma tratao mal que dijéramos. De ves en cuando me daba algo caliente pa comer. Ni que fuera un potentao…

—Ahora trabajas para mí, muchacho —sentenció Swindler hurgándose la nariz—. Tú limítate a seguir al pie de la letra mis instrucciones y tal vez algún día llegues a parecerte a mí. ¿Lo has entendido?

—Entendío jefe, lo que usté mande. Recibío cambio y corto. Me se pone la carne de gallina na más de que imaginarme metío en el ajo, ja.

—De acuerdo. Repasemos el plan —Swindler sacó unas notas escritas en un puñado de servilletas de papel—. Recuerda que irás vestido como vestiría el afeminado ese de la novela que te di a leer el otro día, ese tal Caulfielfd, ¿recuerdas? La tomé prestada de la Librería Pública del Condado con nombre falso, je, je. Le dije a la señora Banister que yo era un miembro destacado del Club Estatal de Lecturas Americanas, y lo cierto es que se mostró muy interesada en nuestras actividades.

—Disculpe usté, jefe Swindler —interrumpió John Joe rascándose la cabeza sobre la tela de la gorra—. He ojeao el susodicho libro y no me he enterao de na, si quiere que le diga. El menda en cuestión es un refinao de esos que van a escuelas caras y le dan mucho al tarro.

—Por suerte trabajas con profesionales, chico —alardeó Swindler—. Mi mujer se ha ocupado de todos los detalles. Ella misma ha confeccionado la ropa que usarás para el golpe. Nos gusta hacer las cosas a lo grande. Llevarás la camisa sin abrochar, así el viejo podrá ver con total claridad la palabra “Phoebe” estampada en tu camiseta blanca. No me preguntes lo que significa, no tengo ni idea. Thelma dice que conseguirá que le inspires confianza. ¿Sabes cuánto tiempo ha invertido para coser las enormes letras de color púrpura? Menos mal que la costura se le da bien a mi mujercita. Y no veas los pasteles de manzana que prepara, umm. Si todo sale bien muchacho, celebraremos el éxito zampándonos un enorme y delicioso pastel con un gran vaso de batido de chocolate mientras pensamos cómo gastarnos la pasta, je, je. Las manzanas solemos tomarlas prestadas del jardín de los Bloomberg, ya sabes, nunca se han dado cuenta de nada. Dedican todo su tiempo a la televisión por cable.

—Con permiso de usté, yo prefiero el batío de fresa, jefe Swindler —dijo el chico—. Después de too, pa entonces ya seré millonario y podré pedí lo que me plasca, ¿no?

—Por mí como si te zampas toda la maldita carta del Dessert’s Lullaby, John Joe. Para entonces Thelma y yo nos habremos esfumado del condenado Springfield. Con nuestra parte del botín pensamos comprarnos una casa en California. Thelma odia el clima de Vermont, con este asqueroso invierno haciéndole añicos los huesos. Además, estoy hasta las narices de que me pregunten si soy familia de ese tipo, Homer Simpson, válgame diós. ¿Acaso tengo yo algo que ver con un estúpido dibujo animado?... Una vez leí en el diario local que hay 53 malditos lugares llamados Springfield repartidos en 34 estados de todo el país. ¿Por qué diablos iba a ser aquí?...

—Pos a mí nunca me han confundío con nadie, jefe. Bueno, sólo una ves un tipo tarjeao que sabía mi nombre me pidió que subiera a su coche, desía que pa llevarme a casa, ja…

—Así que nos largamos. He oído que en la Costa Oeste las tías van todo el santo día en bikini y, ¡qué demonios!, tendremos las lujosas mansiones de Hollywood a nuestra disposición… je, je. Y tú muchacho, podrás comprarte ese estupendo Plymouth del 58 con el que tanto has soñado, sí… las tías se volverán locas por dar un paseo en él.

—¡Caracoles jefe! Ya me estoy imaginando sentao al volante, y el asiento de atrás bien surtío de chorbas toas pa mí je, je… ¿oiga jefe, pué uno condusir sin carné?

—¿Ves esto chico? — Swindler le muestra un sobre recién extraído del bolsillo de su cazadora—. Es tu carné de conducir, John Joe. En cuanto acabemos el trabajo, será tuyo.

—¡Vaya jefe!, ¿de ande ha sacao usté eso? —preguntó alborotado el joven dando vueltas sin parar al ala de su sombrero—.

¿Te gusta eh, muchacho? —el jefe soltó una carcajada escandalosa—. No quieras saber quién es el difunto. Además, nunca revelo mis fuentes, chico, es algo que aprendí trabajando para un tipo llamado Jimmy di Francesco en Las Vegas. Mafia italiana, ya sabes. Esos tipos no se andan con chiquitas. ¿Capice…?

—¡Ostras jefe!, parlotea usté el italiano que se sale…

—Al tajo chico, sigamos con los detalles. Lo haremos a última hora de la tarde. He oído que a esa hora el viejo realiza sus malditos ejercicios Zen. Así que lo encontraremos muy relajado, justo antes de cenar según mis cálculos.

—¿El viejo practica artes marciales, jefe? A vé si por ayudarle a usté voy a salí mal parao…

—¡Cierra la boca, ignorante! Son unos malditos ejercicios de relajación. Hace algún tiempo que se le fue la cabeza y le dio por hacer cosas raras. Ya sabes, fue Marine o algo parecido durante la segunda guerra mundial, y no es necesario que te explique cómo vuelven esos tipos del frente.

—¡Madre mía jefe! El viejo está majareta perdío… Buenos mal que no me he alistao jefe, pos mira que han venío veces a buscarme los muy pringaos esos —suspiró el chico haciéndose el importante—.

—Mejor así hijo, no sea que perdamos la próxima guerra por culpa de tu incompetencia —contestó Swindler carcajeándose hasta concluir con eructo atronador—. Bueno, a lo que iba, chico. Saldremos a las tres en punto. Avanzaremos por Highland Road camino de Bugbee, hasta tomar la interestatal 91, así alcanzaremos antes Windsor. Atravesaremos el maldito puente sobre el río Connecticut ya en New Hampshire. Calculo que llegaremos a Cornish a eso de las seis. Una vez en Sander Hill Road, me detendré a dos manzanas de la casa en cuestión. Tú bajarás de la camioneta y seguirás a pie. Cuidado con la maldita lluvia, no quiero que lo eche a perder todo. Y no olvides llevar el ejemplar de “El guardián...” bien visible. Confío en ese endemoniado libro, muchacho, y en el efecto psicológico que pueda causarle. Un loquero muy puesto en el asunto escribió en el Reader’s Digest que los buenos recuerdos aplacan la ira de los chalados.

—¡A ver si el viejo chalao ése va y me pega un tiro, jefe! Acuérdese que yo quiero condusí con las chorbas en mi coche nuevo, eh…

—¡Si vuelves a poner una sola pega, condenado arrapiezo, el que te pega un tiro en el trasero soy yo! ¿Lo has entendido?

—Entendío, cambio y corto, jefe. Usté a mandar y yo a sus órdenes de usté.

—Sigamos. Cuando llegues a la altura de la casa, procura actuar sin miedo, mostrando todo el maldito valor que se supone que llevas dentro, chico. Que el viejo tenga claro que estás allí porque él lo desea. Y no hagas caso del maldito letrero que dice "propiedad privada, cuidado con el perro”, aquí todo el mundo tiene uno como quien tiene una barbacoa o un buzón para el correo.

—Lo que usté diga jefe, pero si sale el perro me van a faltar piernas pa salí corriendo dando alaríos…

—¡Paparruchas, chico! Matusalén lleva cuarenta años encerrado sin salir de casa. Es más que probable que si tiene un perro el maldito chucho esté criando malvas en el jardín desde hace dos décadas… Así que tú subes las escaleras sin hacer demasiado ruido y tocas a la puerta —explicó Swindler—. Tienes que estar concentrado, John Joe. ¡Diablos!, un error por tu parte y todo se iría al infierno. Se supone que el tipo está con una pata en la tumba, así que se tomará su tiempo para arrastrarse hasta la entrada. No insistas demasiado, ¿entiendes?, aporreas la puerta un par de veces y permaneces allí hasta que se abra y aparezca él en mismísima persona. Yo estaré en la parte de atrás de la camioneta asegurándome de que la grabación es buena. Y procura no moverte demasiado o la imagen quedará echa un asco y nos quedaremos sin California y sin coche, ¡maldita sea!

—Tranquilo usté jefe, que en cuanto me abra la susodicha puerta yo me queo congelao ahí sin mover ni un deo, ja.

—¿Recuerdas tu diálogo, muchacho?... “Hola J.D... soy Holden… he vuelto” —espetó Swindler tratando de imitar una voz juvenil—, le dices eso mientras le enseñas muy claramente el maldito libro y permites que te examine de arriba a abajo por unos instantes como si fueras miss América. No creo que sea tan difícil de hacer, chico. ¿Cuántas veces lo has leído?...

—Pos una, jefe, y no pasé de la primera página. Demasiao complicao pa mí cabesa de chorlito. Lo único que me se queda en la memoria son las orasiones de la parroquia cuando hago de monaguillo, y porque si me equivoco el reverendo Wildborn me suelta un cogotaso, el muy pringao…

—¡Por mil rayos, John Joe!, ¿sólo una? Puede que el viejo te haga preguntas. Estarás delante de las malditas narices del escritor del condenado libro, ¿recuerdas?... ¿y qué diablos le vas a contestar si te pregunta algo sobre ti y la respuesta sólo está en la dichosa novela?

—Usté tranquilo, jefe, que si hace falta me leo el libro en un santiamén cuando el viejo se qué dormío, ja. Cuando hago las cosas como a él le gustan, el jefe Barnie siempre dice que tengo las tuercas de la chaveta bien apretás...

—Los de la tele han dicho que no nos molestemos en llamarles a menos que tengamos un buen puñado de imágenes que ofrecerles. ¡Malditos bastardos! ¡Sólo piensan en sacar dinero! Qué tiempos aquellos de Walter Cronkite, sí señor. Nunca aceptes dedicarte a la televisión, hijo, no es más que un nido de comunistas corruptos. Aún siguen forrándose de pasta a costa mía. ¿Recuerdas aquellas imágenes tomadas con cámara oculta a O. J. Simpson cuando escapó de la justicia?

—No recuerdo na jefe, el jefe Barnie no tié tele en la chatarrería, se pasa el día en la mesedora mascando tabaco y riéndose solo…

—Fue un gran trabajo el del 95, muchacho. Lo único que tenía que hacer era colocar una microcámara en el collar de su perro. Pasé dos malditos meses siguiendo al condenado jugador de Fútbol por todo el país, no creo que ese tipo haya recorrido tantas yardas en todas sus malditas temporadas en la NFL. Hasta que se detuvo a poner combustible y atraje al chucho hasta mi camioneta. Levantó la pata para mearme la rueda trasera y… zas, le endosé el aparatejo. Luego lo acaricié y le ordené volver con su dueño. Tenía el presentimiento de que el sabueso estaría de mi parte, je,je.

—¡Madre mía! Un chucho teledirigío, eso si que es… ¿me enseñará usté a poner una cámara de esas en el retrovisó del plymouth, jefe? Así vería bien a las chorbas mientras le doy al volante, ja.

—Cierra la boca y mantén bien abiertas esas orejotas… Una vez se percate de que eres el maldito chico, el viejo te invitará a pasar, apuesto a que lo hace. Entonces habremos dado el primer paso, hijo. Tú intenta moverte por la casa, así tendremos una visión mas detallada de su guarida. Un juntaletras de un periódico importante de Nueva York dijo que es muy probable que ese tipo tenga dos malditas novelas inéditas listas para publicar. Si pudieras hacerte con una de ellas, muchacho, no sé cómo pero si pudieras hacerte con una sola de ellas John Joe, jejeje… pediríamos el doble de pasta, maldita sea. Ya me conoces, hay que pensar a lo grande. Algún día tal vez llegues a ser como yo, es cuestión de que te fijes mucho en mi forma de actuar, chico.

—Prometío, jefe, yo me fijo en usté too lo que me tenga que fijá. Es cosa de un par de golpes más y fijo que me miro al espejo y sale usté mismamente, ja.

—¿Sabes? —confesó Swindler— Si me hubieran dado a tiempo el soplo de lo de Washington en el 97, ten por seguro que le habría metido una maldita cámara a Monica Lewinsky entre las tetas, je, je. Ese si que habría sido un señor golpe. ¿Te imaginas a toda la maldita nación viendo por la tele cómo se las gasta el mismísimo Presidente en el condenado despacho oval?

—¡Lo siento jefe! No sé qué es eso de ová…

—Ni falta que hace chico, no es más que un maldito despacho de la Casa Blanca que siempre está en el punto de mira de los condenados misiles rusos…—se carcajeó Swindler—. En fin, Thelma siempre dice que no hay que perder la fe, que unos trabajillos te conducen a otros mayores. Y es verdad muchacho, siempre que esos desgraciados de los federales no sueñen las veinticuatro horas con tu maldito trasero.

—¡Caracoles jefe! La jefa Thelma los tié bien puestos, ja…

—No lo sabes bien, chico. Ha visto La ley del silencio por lo menos una docena de veces. Una vez le dio un puñetazo a un tipo de la oficina de empleo sólo porque la llamó “ama de casa”. Desde entonces trabaja para mí, le encanta administrarme el billetero, je. De todas maneras, si quieres un buen consejo, nunca te cases muchacho, es algo que sólo trae complicaciones.

—¡Puag! ¿Casarse? Ni hablá de eso, jefe. Yo lo que quiero es acostarme con toas las chorbas que se suban al coche, sabe usté. Pa eso voy a poné un cuaderno en el salpicadó ande llevar la cuenta y que no me se olviden los nombres, ja.

—Volvamos a lo nuestro, muchacho, no trae buena suerte vender la piel del oso antes de cazarlo. Bien, así que estás dentro y dominas la situación. Tú siempre a lo grande, siguiéndole la corriente. No olvides que eres un muchacho educado y sensible, no vayas a soltar alguna de las tuyas o se te vaya a escapar una de esas palabras que confundes y que dices al revés. Y sobre todo no tartamudees maldita sea, el viejo podría darse cuenta y seguro que tiene la escopeta cargada desde 1955. Ah, y nunca, bajo ningún concepto muchacho, saques a relucir el nombre de Joyce, aquella mujerzuela que sacó los trapos sucios del viejo en la maldita prensa. Eso le haría enfurecer más que ninguna otra cosa.

—¿Escopeta, jefe? A vé si el muy pirao va y saca un fusil desos que usan los marines con bayoneta y lanzallamas y too…

—¡Tonterías chico! Al maldito viejo no le quedan fuerzas ni para sacudírsela –Swindler lanzó una risotada alternándola con una salva de eructos—. Así que tú a lo tuyo, te llamas Holden Caulfield y has venido a saludar al viejo J.D., y por lo que más quieras chico, tienes que sacar al maldito niño que ese tipo lleva dentro, aunque haya perdido el condenado juicio y esté más loco que una cabra. Una vez lo hayas conseguido, el resto será pan comido. ¿Entendido?

—¡Entendío jefe! Recibío cambio y corto. Me se pone la carne de gallina na más de que…

—Apuesto a que lo conseguiremos, John Joe —añadió Swindler—. Oh maldita sea, quería decir Holden, chico —el hombre descendió de la camioneta y se dirigió al teléfono público—.

—Al loro, jefe Swindler… soy Holden, he vuelto, ja…

—¡Aleluya chico!—exclamó Swindler desde la acera—. Empiezo a pensar que tal vez no me equivoqué contigo —descolgó el aparato, marcó un número de teléfono y esperó a que alguien contestase al otro lado de la línea, mientras vigilaba los alrededores-. ¿Thelma?... ¡Todo listo!.... sí, espero que los tipos del FBI tengan mejores cosas que hacer hoy… yo también… hasta luego pillina… ve preparando las maletas…

—¿Qué ha dicho la jefa Thelma, jefe? —preguntó John Joe dándole giros a su gorra— Me tié usté entrigao…

—¿Sabes lo que ha dicho mi santa, John Joe…? —Swindler arrancó la camioneta, observó al chico de reojo y luego pisó el acelerador a fondo soltando el freno de mano— ¡Que tenemos un plan endiabladamente bueno!... ¡Yeehaah!

—¡Yeehaah!
©Ignatiusmismo, 2007. Publicado originalmente el 03-09-2006.

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04 marzo, 2007

Poesía de la desazón

Te regalaré una rosa, una rosa roja para pintar cada cosa, una rosa para cada lágrima tuya consolar, y una rosa para poderte amar. Te regalaré una rosa, una rosa blanca como si fueras mi esposa, una rosa blanca que te sirva para olvidar, cada pequeño dolor.

Me llamo Antonio y soy un loco, he nacido en el '54, y vivo aqui desde cuando era un niño, creo hablar con el demonio, así que me han encerrado cuarenta años dentro de un manicomio. Te escribo esta carta porque no sé hablar, perdona la caligrafía de primero de básica, y me sorprendo si intento de nuevo una emoción, pero la culpa es de la mano que no deja de temblar.

Yo soy como un piano con una tecla rota, el acorde disonante de una orquesta de borrachos, que día y noche se asoman, en la poca luz que traspasa los vidrios opacos. Me lo hago de nuevo encima porque tengo miedo, porque en la sociedad de los sanos tenemos siempre la condición de basura, peste de orina y serrín, esta es la enfermedad mental y no existe cura.

Te regalaré una rosa,una rosa roja para pintar cada cosa, una rosa para cada lágrima tuya consolar, y una rosa para poderte amar. Te regalaré una rosa, una rosa blanca como si fueras mi esposa, una rosa blanca que te sirva para olvidar, cada pequeño dolor.

Los locos somos signos de interrogación sin frase, millones de astronaves que no vuelven a la base, soy de los muñecos iguales a secar al sol, los locos son apóstoles de un Dios que no los quiere. Me fabrico la nieve con el poliestireno, mi patología es que me dejaron solo, ahora toma un telescopio... mide las distancias, y mírate a través de mí y de ti. ¿Quien es más peligroso?

Dentro de los pabellones nos amábamos a escondidas, recortando un rincón que fuera sólo el nuestro, recuerdo los pocos instantes en que nos sentíamos vivos, no como las carpetas clínicas amontonadas en los archivos. De mis recuerdos serás el último en esfumarse, eres como un ángel conectado a un radiador, no obstante todo yo te espero ahora, y si cierro los ojos siento tu mano que me roza.

Te regalaré una rosa, una rosa roja para pintar cada cosa, una rosa para cada lágrima tuya consolar, y una rosa para poderte amar. Te regalaré una rosa, una rosa blanca como si fueras mi esposa, una rosa blanca que te sirva para olvidar, cada pequeño dolor.

Me llamo Antonio y estoy en el techo, querida Margatita hace veinte años que te espero, los locos somos nosotros cuando nadie nos entiende, cuando realmente tu mayor amigo te traiciona, te dejo esta carta, ahora debo irme, perdona la caligrafía de primero de básica. ¿Y te sorprendes de que intente de nuevo una emoción? Sorpréndete de nuevo porque Antonio sabe volar.
-Letra y música de Simone Cristicchi.

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03 diciembre, 2006

Aeropuerto 77


El 27 de marzo de 1977 trajo un precioso amanecer a las "islas afortunadas". Era domingo, uno de esos días en que se supone que sólo cosas buenas deberían suceder...

07:42 horas (GMT). El vuelo PA1736 de Pan American -un Boeing 747-121 procedente de Los Angeles- parte de Nueva York con 378 pasajeros a bordo, después de una parada técnica para repostar, recoger otros 103 turistas e incorporar una tripulación de refresco.

09:00 horas (GMT). Un boeing 747-206B de KLM fletado como vuelo charter KL4805, con 234 pasajeros y 14 tripulantes, despega del aeropuerto de Schiphol en Amsterdam.

Ambas aeronaves tienen como destino la isla de Gran Canaria.

A las 12:30 horas, al tomar contacto con la Torre de Control de Gran Canaria, el comandante del PA 1736, Victor Grubbs -un piloto con 21.000 horas de vuelo- recibió la noticia de la explosión de un artefacto en la terminal de pasajeros del aeropuerto, concretamente en la zona de los mostradores de facturación. A causa del incidente y ante la alerta provocada por una llamada telefónica comunicando la existencia de un segundo artefacto explosivo, el tráfico estaba siendo desviado a Tenerife. Pensando que disponía de combustible suficiente, Grubbs solicitó mantenerse en el aire entretanto el tráfico fuera restaurado, pero las autoridades aéreas se lo denegaron y le dieron la orden de aterrizar en el aeropuerto de Los Rodeos, un aeródromo en el que habían recalado ya por las mismas circunstancias al menos otros cuatro vuelos internacionales.

El vuelo charter KL4805 también tomó tierra allí. Había sido fletado por la Royal Dutch Airlines KLM para el turoperador Holland International Travell Group, especializado en organizar viajes de turismo de sol y playa en las Islas Canarias para clientes deseosos de escapar del frío invierno del norte de Europa. El comandante Jacob Van Zanten era el jefe de instructores de los Boeing 747 de KLM, compañía en la que volaba desde 1951, cuando con sólo 24 años había comenzado como primer oficial en los viejos DC-3. Algunos pasajeros quedaron gratamente sorprendidos al cruzarse por los pasillos del enorme avión con el hombre cuya fotografía encabezaba la publicidad de la revista que la compañía había situado en el bolsillo del respaldo de sus asientos. Los otros tripulantes eran el primer Oficial Klass Meurs y el ingeniero de vuelo William Schreuder.

La explosión ocasionó varios heridos y el segundo artefacto estaba pendiente de ser inspeccionado por la policía española. Se trataba de un atentado terrorista obra del Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipielago Canario (MPAIAC), liderado por Antonio Cubillo, una organización con base en Argelia que reclamaba la independencia de las islas con respecto al estado español.

La situación meteorológica en el aeropuerto de Los Rodeos no hacía justicia a la fama de buen tiempo reflejada en los eslóganes turísticos del archipiélago. Ese día había nubes bajas, lluvia y una densa niebla que envolvía completamente la zona. Un fenómeno singular que en ocasiones afectaba al aeródromo debido a su emplazamiento en un lugar al norte de la isla, rodeado de montañas y a 700 metros sobre el nivel del mar.

La zona de aproximación, así como parte de la pista de rodadura, estaban ocupados por distintas aeronaves estacionadas. Así que la Torre de Control ordenó al 747 de KLM salir de la pista por la última intersección y estacionarse en un área de espera junto a un Boeing 737 noruego. Poco después, un 727 de DanAir y un DC-8 de Sata aterrizaron y fueron situados en la misma zona. Al principio el pasaje no fue autorizado a descender del aparato, pero después de una espera de 20 minutos fueron transportados en autobús a la terminal.

El vuelo de Pan Am tomó tierra en Los Rodeos 30 minutos después, quedando estacionado justo detrás del vuelo de KLM. El viaje había sido largo. El comandante Grubss anunció a los pasajeros que permanecerían a bordo en previsión de un inmediato permiso para salir hacía Gran Canaria. La espera duró dos horas.

Una vez que el aeropuerto de Gran Canaria quedó operativo, la Torre de Control de Los Rodeos lo anunció inmediatamente a las tripulaciones de todos los aviones que habían sido desviados. El vuelo de Pan Am estaba situado en quinto lugar para acceder a la pista. Los tres primeros aviones -un 737, un 727 y un DC-8- recibieron permiso para despegar y fueron saliendo con normalidad. Cuando le llegó el turno a la aeronave de KLM -cuarta en la cola- la cadena de despegues se interrumpió inesperadamente. El comandante Jacob van Zanten había solicitado llenar los tanques de combustible para así no tener que respostar en Gran Canaria, pues debía regresar a Amsterdam lo antes posible para que el aparato pudiera prestar otro servicio. Además, los pasajeros debían embarcar desde la terminal. Mientras, la tripulación holandesa, preocupada porque posiblemente no tuvieran tiempo de completar su vuelo hacia Holanda, contactaron con Amsterdam mediante la banda de Alta Frecuencia (HF). Según las normas de KLM, las tripulaciones debían solicitar a la base el establecimiento de un nuevo limite horario. Los capitanes estaban sujetos a esta normativa, y podían ser enjuiciados si excedían su horario de trabajo. Desde Amsterdam se les comunicó que si despegaban de Las Palmas a las 19.00hrs no excederían su límite de horas de vuelo diarias. Esta notificación se recibió también por escrito en el aeropuerto al poco tiempo.


El capitán Victor Grubbs se comunicó con el capitán Van Zanten, para preguntarle cuánto tiempo tardaría en terminar sus operaciones. Van Zanten respondió que unos 35 minutos. El controlador explicó a la tripulación, que aunque no había retrasos por causa del trafico aéreo, debían esperar, dado que la pista de rodadura paralela a la principal se encontraba totalmente obstruida por otros aviones, y en la entrada a la pista principal se encontraba el aparato de KLM. Las otras aeronaves situadas en la zona de espera habían conseguido pasar al KLM (debido a su menor tamaño) pero el Pan Am se encontraba bloqueado sin poder pasar. Grubbs pidió a su copiloto, Robert Bragg, y al ingeniero de vuelo, George Warns, que descendieran y midieran la distancia entre ambos aviones para verificar si era posible intentar salir antes que el KLM. Los dos miembros de la tripulación hicieron la medición y determinaron que no era posible maniobrar sin el riesgo de colisionar con la otra aeronave. Esto hizo que el vuelo de Pan Am tuviese que esperar a que el avión de KLM finalizara sus operaciones y saliera primero. Dos empleados de la compañía se unieron a la tripulación para realizar el corto vuelo entre ambos aeropuertos, alcanzándose un total de 396 pasajeros.

El aeropuerto de Los Rodeos está situado a 2000 pies de altitud, entre montañas, con presencia habitual de nubes bajas lo que reduce la visibilidad. Con niebla, la humedad hace que la visibilidad permanezca más o menos estable, pero con nubes bajas, la situación puede cambiar en cuestión de minutos. Existía el riesgo de que el tiempo empeorara, retrasando aún más los despegues, y la iluminación de la línea central de la pista se encontraba inoperativa, complicando todavía más la situación. Dado que también había mucha humedad, los aviones necesitaban utilizar los limpiaparabrisas para rodar. La niebla empezaba a dominar toda la extensión de la pista.

Eran las 16:30 horas y la tripulación americana llevaba 10 horas y 45 minutos trabajando. El cansancio ya hacía mella y sólo pensaban en los 25 minutos que les separaban del merecido descanso una vez aterrizaran en Las Palmas. La tripulación del KLM llevaba 8 horas y 45 minutos, pero aun les quedaba un vuelo hasta Amsterdam. Solo tenían tres horas más para despegar de las Palmas, pero con el tiempo empeorando, este límite de horas podía quedar comprometido. Si la tripulación se pasaba de horas, el avión de KLM debía quedarse en Las Palmas, causando unos cuantos problemas al personal de tierra de la compañía. Para empezar, encontrar 250 camas en Las Palmas en tan poco tiempo iba a ser imposible, por lo que el pasaje tendría que dormir en el aeropuerto. Además, la tripulación también llegaría tarde a Amsterdam, y el avión no podría cumplir con la ruta del día siguiente.

Una vez los pasajeros volvieron a subir al avión, el KL4805 inició las maniobras de salida. Robina van Lanschot, una empleada de la compañía charter que había fletado el vuelo, había decidido quedarse a pasar la noche en Tenerife. A las 16:45 horas, el comandante firmó el registro de combustible y a las 16:51 horas empezó con las comprobaciones previas al inicio del vuelo y solicitó la puesta en marcha. Atentos a las comunicaciones, la tripulación del Pan Am recibió con agrado la noticia, el avión holandés estaba listo. Poco después ellos también recibirían la autorización para la puesta en marcha. Dado que había viento de componente noroeste, ambos aviones entraron desde el punto de espera en la pista 12, rodando hasta el final de la misma y despegando por la pista 30.


Lo que sigue es la reproducción de las comunicaciones mantenidas en las operaciones de salida por las cabinas de ambos aviones y la torre de control, transcritas a partir del registro sonoro obtenido en las cajas negras de los aparatos:

PANAM2: ... Tenerife, aquí Clipper uno siete tres seis...
Torre: ... Clipper uno siete tres seis, aquí Tenerife...
PANAM2: ... Eh... tenemos instrucciones de contactar con usted y de inicar rodadura...
Torre: ... Afirmativo, inicien rodadura y abandonen por la tercera calle, tercera hacia su izquierda...
PANAM2: ... Tercera hacia la izquierda, Ok...
PANAM1: ... Dijo tercera...
PANAM2: ... Tres...
Torre: ... La tercera a su izquierda...
PANAM1: ... Creo que dijo primera...
PANAM2: ... Le preguntaré otra vez...
PANAM1: ... ¿Qué ocurrió allí realmente hoy? (en referencia al incidente en Gran Canaria)
PANAM2: ... Pusieron una bomba en la terminal, señor, justo en los mostradores de facturación...
PANAM1: ... Bueno, les preguntamos si podíamos esperar y, eh... supongo que sabes la respuesta, aterrizamos aquí...
Torre: ... KLM 4805... ¿a qué altura de la pista de rodadura están?...
KLM: ... Creo que acabamos de pasar Charlie cuatro ahora...
Torre: ... Ok ... al final de la rodadura giren 180 grados e informen que ... estan listos para permiso de tránsito de vuelo...
PANAM2: ... El primer giro es de 90 grados...
PANAM1: ... Sí, Ok...
PANAM2: ... Debe de ser el tercero ... le preguntaré otra vez...
PANAM1: ... Ok
PANAM2: ... ¿Puede confirmar que quiere que clipper 1736 gire a la izquierda en la tercera intersección?...
Torre: ... uno, dos, tres, tercera, la tercera...
PANAM1: ... Eso es lo que necesitamos, de acuerdo, la tercera ... haremos el giro...
Torre: ... Eh ... 1736, informen al abandonar la pista de rodadura...
PANAM1: ... ¿Flaps?...
PANAM2: ... diez, Indican diez, las luces de borde principales están en verde...
(se suceden las órdenes del procedimiento de comprobación de mecanismos de la aeronave)
PANAM1: ... Chequeo de rodadura del ingeniero...
PANAM3: ... Chequeo de rodadura completo...
PANAM1: ... ¿Plan de despegue y aterrizaje?...
PANAM2: ... Ok ... será estandard, vamos a salir directos hasta subir 350 pies entonces vamos a hacer esa inversión y bajaremos a 140 pies...
Torre: ... 8705 y clipper 1736, para su información, la iluminación de la línea central está fuera de servicio...
KLM2: ... Copiado...
PANAM: ... Clipper 1736 ... no tenemos marcas de la línea central ... necesitamos 800 metros si no disponemos de esa línea central...
KLM2: ... Eh ... el KLM 4805 está ahora listo para despegue ... eh y esperando permiso de tránsito de vuelo...
Torre: ... KLM 4805 eh permiso de despegue para ruta Papa Beacon y manteniendo nivel de vuelo nueve cero giro a la derecha despues del despegue con rumbo cero cuatro cero hasta interceptar la radial tres dos cinco desde Las Palmas VOR...
KLM2: ... Eh recibido, señor, tenemos permiso para Papa Beacon nivel de vuelo nueve cero, giro a la derecha cero cuatro cero hasta interceptar la tres dos cinco y saliendo...
KLM1: ... Saliendo...
PANAM2: ... No ... eh...
Torre: ... Esperen para despegue, se lo comunicaré...
PANAM2: ... Nosotros estamos aún rodando por la pista, el clipper 1736...
(Las comunicaciones del Panam y de la Torre causan un ruido estridente en la cabina del KLM, y los mensajes no pueden ser escuchados por su tripulación)
Torre: ... Gracias...
PANAM1: ... saquemos el avión de aquí...
PANAM2: ... Sí... está ansioso, no?
PANAM3: ... Sí, sobretodo después de que nos ha hecho esperar hora y media...
KLM3: ... ¿Aún no ha abandonado la pista entonces?
KLM1: ... ¿Qué dices?...
KLM3: ... ¿Aún no ha abandonado la pista el Pan American?
KLM1: ... Oh, sí (enfático)
(El comandante del KLM ve las luces de posición del boeing de Pan Am a unos 700 metros. Levanta el morro del avión, que va lanzado a toda velocidad, intentando despegar)
PANAM1: ... Ahí está... míralo... maldito... ese hijo de puta está viniendo...
PANAM2: ...¡Apártate!... ¡apártate!... ¡apártate!...
(sonido de los motores del KLM aproximándose)
KLM1: ... (grito)
(se produce la colisión de ambos aparatos)


Los instantes finales resultaron dramáticos. Unos segundos antes de impactar contra el avión de Pan Am, el comandante Van Zanten observó las luces de aproximación del otro avión a unos 700 metros e intentó levantar vuelo inmediatamente. Al sentir la aproximación del avión de KLM, el comandante Grubbs aceleró bruscamente e intentó girar a la izquierda para apartarse, sin conseguirlo. En el desesperado intento de despegue, el morro y las ruedas delanteras del KLM lograron evitar al 747 de Pan Am pero el motor número uno rozó la punta del lado derecho del otro avión y desató la catástrofe. El avión no pudo elevarse lo suficiente y unos 450 metros más adelante se estrelló contra la pista partiéndose en pedazos y ardiendo en llamas. El comandante Van Zanten había repostado 55.000 litros de combustible adicional para no tener que hacerlo en Gran Canaria. Este factor fue determinante para que el avión de KLM no pudiera elevarse lo suficiente como para evitar el impacto con el de Pan Am, el peso influyó en la capacidad de levantar vuelo del aparato. Con los tanques llenos de combustible, las consecuencias del impacto contra la pista del avión de KLM fueron devastadoras.

En el avión de KLM ninguno de sus ocupantes sobrevivó. Un fuego inmediato y violentísimo debió impedir las operaciones de emergencia, por lo que todas las puertas de evacuación del avión permanecieron cerradas tras el impacto contra el suelo. Había abordo 234 pasajeros y 14 tripulantes. Un total de 248 víctimas, entre las que había 51 niños, tres de ellos de menos de un año. La mayoría de los pasajeros eran holandeses, pero también volaban 2 australianos, 4 alemanes y 2 americanos.

En el avión de Pan Am la situación fue distinta. No hubo una gran fuerza de impacto, por lo que al pasaje les pareció que la causa era una explosión. Como consecuencia del choque, desaparecieron el salón de primera clase así como la mayor parte superior del fuselaje. El suelo del salón de primera se derrumbó, por lo que los tripulantes tuvieron que saltar a primera y desde allí salir al exterior por un agujero a través de la pared izquierda. Este agujero constituyó la principal vía de escape de los pasajeros situados en la parte delantera del avión, los cuales debieron arrojarse a la pista desde 6 metros de altura. Se sucedieron las explosiones y el fuego se extendía con rapidez. Se sabe que que el primer oficial Braggs intentó apagar los motores en cuanto tuvo conciencia de la situación, pero no pudo hacerlo debido a que el techo de la cabina -donde estaba situado el control de encendido- había sido arrancado de cuajo durante la colisión. Los pasajeros que estaban sentados en la parte central y posterior del aparato murieron debido a que la acumulación de restos y la deformación de las planchas metálicas del fuselaje debió ser tal que actuó a modo de trampa impidiendo la posibilidad de escapar al exterior. El pasajero de 37 años Jim Naik, de California, estaba sentado con su esposa Elsie cuando sintió una repentina explosión. El avión estalló completamente en llamas. Luchaba por sacar a Elsie consigo, pero después del impacto la gente empezó a caer encima de ellos desde el compartimento de arriba, al hundirse el techo. Un pedazo del techo cayó sobre su esposa. Luego una segunda explosión lanzó a Jim a la pista. Corrió hacia el avión para salvar a Elsie cuando vió un cadáver que yacía en la hierba. Era el cuerpo sin vida de su esposa. John Amador, californiano de 35 años, miró por la claraboya y vio el avión KLM que venía directo hacia él. Se agachó y, cuando levantó la vista, su propia aeronave se había partido en tres partes. Tuvo miedo de ser arrasado por el fuego. Sin embargo saltó y se puso a salvo. Briton John Cooper, un mecánico de Pan Am de 53 años, viajaba como pasajero en la cabina de mando cuando el avión fue impactado por el jumbo de KLM. Fue lanzado afuera y sólo sufrió cortes leves. Había gente gritando, mujeres y niños envueltos en llamas. Dorothy Kelly, sobrecargo de Pan Am de 35 años, de New Hampshire, fue la heroína del día. Cuando todo se asentó tras la confusión del choque, se dio cuenta de que el techo había desaparecido. Hubo explosiones detrás de ella y tuvo que salir por arriba mientras el piso empezó a hundirse. Saltó más de 6 metros para ponerse a salvo y luego se volvió a mirar el avión roto y en llamas. Luego de una serie de explosiones oyó a la gente que gritaba desesperada dentro de la aeronave, así que volvió corriendo. Vio al capitán de rodillas, sin moverse. Pensó que se había roto las piernas. Alrededor había otras personas con miembros fracturados. Agarró al capitán por debajo de los brazos y tiró de él. Hubo una enorme explosión. Siguió empujando hasta que finalmente lo dejó caer en la pista. Habiendo salvado la vida del capitán Grubbs, Kelly aún regresó para auxiliar a otros supervivientes, hasta que estuvo segura de que no podía haber nadie más vivo. Una última serie de estallidos envolvió en llamas al avión. Ya no había ninguna esperanza de salvación para quienes aún permanecían a bordo. Dorothy Kelly fue condecorada con la medalla al valor por su coraje durante el accidente. De los 382 pasajeros, 326 murieron. De los 16 miembros de la tripulación, 9 de ellos salvaron la vida. En total murieron 335 personas.

La cifra total de muertos ascendió a 583 personas. Sería declarado como el mayor accidente de la historia de la aviación comercial.

El plan general de evacuación funcionó muy de acuerdo con los previsto. En general se hizo con gran rapidez y hubo fluidez en el traslado de heridos a los hospitales. La donación de sangre fue masiva y centenares de particulares acudieron al aeropuerto a prestar ayuda en la forma que les fue solicitada. Los servicios de emergencias fueron movilizados de inmediato y los hospitales respondieron adecuadamente a la cantidad de heridos y la naturaleza de los daños. Cuando la niebla se esfumó, la pista del aeropuerto de Los Rodeos estaba sembrada de cuerpos mutilados, restos de fuselaje humeante y efectos personales esparcidos por todas partes, en medio de un silencio desolador y con el aire impregnado de un intenso olor a queroseno mezclado con el hedor de la carne humana quemada. El hangar del aeropuerto se convirtió en una inmensa morgue donde fueron depositados los cuerpos calcinados de centenares de víctimas. No había en la isla ataúdes suficientes para tal cantidad de restos, por lo que tuvieron que ser solicitados a otras ciudades del estado español. Algunos heridos con quemaduras graves fueron trasladados en avión a centros especializados de la península. Los particulares que prestaron sus vehículos para el traslado de heridos, tardaron mucho tiempo en olvidar el horror vivido, algunos de ellos tuvieron secuelas psicológicas. Para los 61 supervivientes de la tragedia, lo sucedido ese día marcaría el resto de sus vidas.

El porqué de este accidente fue inmediatamente investigado por las autoridades aéreas. Equipos de expertos españoles, holandeses y norteamericanos estudiaron "in situ" las posibles causas de la que hoy en día sigue siendo actualmente la mayor catástrofe aérea en la historia de la aviación civil. Las conclusiones de la investigación ofrecen luz sobre los hechos que causaron la colisión. Se supo que no hubo fallo mecánico en ninguno de los aparatos involucrados en el accidente. El error fue claramente humano. El informe oficial refleja un cúmulo de causas, una sucesión desgraciada de errores que intentaremos enumerar por orden de importancia:

1) El comandante Jacob Van Zanten, piloto del avión de KLM. Por su gran experiencia era el piloto estrella de la compañia, su foto aparecía en la publicidad de KLM. Quedó de manifiesto que despegó sin permiso de la Torre de Control de Tenerife. Tenía prisa por despegar y muy probablemente actuó bajo el "síndrome de la prisa", una situación en la cual los pilotos pierden parte de sus capacidades debido a la necesidad de "correr". Además, van Zanten pudo actuar también bajo el "síndrome del instructor de vuelo", un fenómeno que afecta a aquellos pilotos que han permanecido tiempo instruyendo a principiantes en un simulador, y que se manifiesta en forma de autosuficiencia: el piloto piensa que depende de sí mismo y puede llegar a ignorar las órdenes de la Torre de Control y a otorgarse él mismo el permiso de vuelo, como parece que ocurrió en este caso. Para colmo de males, el copiloto -quien a penas tenía experiencia de vuelo- no se atrevió a contradecir a su superior, a pesar de que éste no le había dejado terminar de leer la confirmación del plan de vuelo y había iniciado el despegue sin autorización de la Torre.

2) El vuelo de Pan Am, durante la rodadura debía salirse de la pista por la tercera salida y no lo hizo, siguió hasta la cuarta salida cuando el aparato de KLM lo embistió, seguramente porque el giro que debían realizar les pareció demasiado complicado o por que confundieron dicha salida debido a la intensidad de la niebla.

3) Cuando el aparato de KLM había inicado la maniobra de despegue a más de 200 km/hora se produjo una interferencia en las comunicaciones. A causa de dicha interferencia en ambas cabinas no se escuchó la indicación de la Torre de Control de que uno iba a despegar y el otro aún estaba rodando por la pista. Faltaban 67 segundos para el impacto. Aún así, el ingeniero de KLM alcanzó a escuchar cómo la Torre le pedía al vuelo de Pan Am que abandonase la pista y la respuesta del copiloto "de acuerdo, le informaremos cuando abandonemos la pista", situación que comunicó inmediatamente al comandante Van Zanten. Pero el veterano piloto -en un gesto autoritario que quedó registrado- sólo dijo "Oh, sí" y siguió adelante. De haber abortado el despegue en ese momento, la catástrofe se habría evitado. El ingeniero -el miembro más joven de la tripulación- tampoco se atrevió a cuestionar a su prestigioso comandante y no volvió a abrir la boca.

4) La deficiencias del sistema de comunicación entre la Torre de Control y los aparatos. El aeropuerto de Tenerife disponía entonces del mismo sistema de comunicaciones que aún hoy continúa utilizándose en todo el mundo: los aviones se comunican con la Torre a través de radios vhf de dos sentidos. Todos los aviones del aeropuerto sintonizan la misma frecuencia, no sólo para recibir instrucciones, sino para escuchar lo que están haciendo los demás. Sin embargo el sistema tiene sus limitaciones. No es como un teléfono donde dos interlocutores pueden hablar a la vez. Es algo parecido a hablar por un Walkie-Talkie. Hay que apretar un botón para poder hablar. Por una misma frecuencia, sólo puede hablar una persona al mismo tiempo. Todo el mundo tiene que esperar su turno. Los problemas ocurren cuando dos personas tratan de hablar al mismo tiempo, se produce una interferencia ruidosa en forma de chirrido. Cuando se produce una interferencia en una frecuencia abierta, 999 veces de cada 1000 se trata de un incidente inocuo. Pero el accidente de Tenerife fue esa ocasión entre un millar en la que la interferencia resultó dañina. Varios interlocutores dijeron cosas fundamentales al mismo tiempo sin escucharse los unos a los otros. La investigación revela que cuando el comandante Van Zanten solicitó permiso para despegar, lo único que escuchó como respuesta fue "Ok", si bien la instrucción completa de la Torre era "Ok, permanezca a la espera... le avisaremos". Coincidiendo con esa frase, el comandante del Pan Am dijo "Aún estamos rodando por la pista", adevertencia que a causa de la interferencia tampoco escucharon sus interlocutores. Faltaban 30 segundos para el impacto fatal.

5) La situación meteorológica. Debido a su geografía y elevación (el aeropuerto de Los Rodeos está situado a 700 metros de altura), en una especie de vaguada entre montañas, el aeropuerto de Los Rodeos tiene una especial meteorología, con frecuente penetración de nubes a menudo pegadas al suelo. El día de los hechos, cuando los aviones aterrizaron hacía buen tiempo pero en pocos minutos las nubes bajas invadieron toda la pista, evitando así que desde la Torre de Control, los dos controladores en ese momento de servicio pudieran ver la pista y las evoluciones de los aparatos. Las luces de eje central de pista se encontraban fuera de servicio.

6) La Torre de Control ordenó el tráfico de rodadura de modo que ambos aparatos tuvieron que circular por la pista de despegue al mismo tiempo, actuación que -aunque reglamentaria- no es standard y puede ser potencialmente peligrosa. Por si fuera poco, la posición de estacionamiento del avión de KLM impidió que el avión de Pan Am, con el pasaje a bordo, despegase antes. De modo que por cuestiones logísticas, el avión de Pan Am hubo de esperar a que el 747 de KLM recargase combustible y acomodase el pasaje que previamente había desembarcado.

7) El atentado terrorista en el aeropuerto de Gran Canaria y su posterior cierre al tráfico aéreo, lo que ocasionó el desvió de vuelos al aeropuerto de Los Rodeos en Tenerife.

El próximo 27 de marzo de 2007 se cumplirán 30 años de la catástrofe. La tragedia sumió en el dolor a ciudadanos americanos y holandeses, que pasado el tiempo se han constituido en asociaciones desde las que homenajear a las víctimas. Muchos aún se preguntan cómo es posible que se sucedieran tantas circunstancias desgraciadas, las suficientes como para provocar la mayor tragedia aérea de la historia.

Se agradece cualquier aportación a este artículo, especialmente por parte de profesionales de la aviación o de aquellas personas que pudieran haber tenido alguna relación con los hechos relatados.

Comments to this article are welcome, especially from airline crew members, investigators or people involved in the tragedy.

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02 noviembre, 2006

Mi nombre es Sombra


Según el orden del día, con ocasión de la reunión semestral de la Asociación de Sombras sin Rumbo, la cuestión principal a debatir era: “Ventajas e inconvenientes de ser una Sombra en la diversidad a la luz del desafío de la sociedad del siglo XXI”.

Mi nombre es sombra, -exclamó un espantajo desde la primera fila. Era una fórmula con la que todos los asistentes debían abrir sus intervenciones, asumiendo sin ambages ante los demás el hecho de ser una sombra-. Yo soy sombra porque no sé ser otra cosa, -gorjeó y acto seguido enmudeció.

Una suerte de aparición oscura y muy densa, deambulaba rezagada por el pasillo central en busca de sitio. Mi nombre es sombra –profirió con agitación cuando aún no había encontrado donde depositar su estela-. He venido para acallar los rumores sobre mí antes de que se enfrasquen ustedes en discusiones farragosas –dijo haciéndose un hueco en un banco entre dos negruras tan maquilladas que parecían sombras chinescas-. Yo he sido un agente regulador del tráfico de sombras, esto es, guardia –declaró y se detuvo porque a su lado unos misterios no paraban de cuchichear, como si supieran de la fama de que gozaba-. ¿Quieren ustedes callarse y circular con orden mientras hago uso de la palabra? –vociferó exaltado, arrastrando la última sílaba hasta acabar por completo con los rumores-. Como les decía, he sido un guardia ejemplar y no entiendo a que viene ese sambenito de que tengo “mala sombra”. Solo espantos de muy mala calaña a los que tuve que sancionar por sus graves infracciones son capaces de decir algo así de un agente del orden como yo –y se paró nuevamente al observar ciertas muecas que no le convencieron en absoluto-. ¿Es que no me creen, maldita sea mi sombra? –atronó enfurecido y se sacó un silbato con el que bufó repetidas veces-. ¿Qué harían ustedes si los viandantes sistemáticamente hicieran caso omiso de sus indicaciones? –gimoteó con el pito en la boca-. He sido un recto cumplidor del orden circulatorio y quien diga lo contrario que se levante y me lo diga a la cara si tiene la suficiente oscuridad para hacerlo –atemorizó desafiante al auditorio de esperpentos-. Así me gusta –espetó-, veo que todos están de acuerdo conmigo –agregó pasados unos instantes, chiflando con el silbato a diestro y siniestro-. Hagan el favor de circular como es debido –concluyó entre aspavientos y se arrellanó con autoridad en el asiento desplazando considerablemente a las manchas que tenía a ambos lados-.

Gracias al señor mala… eh… señor buena sombra, por su encendida intervención –dijo el moderador algo aturdido mientras ordenaba sus papeles, y todos rieron al unísono provocando nuevos gruñidos del aludido-.

Otro espectro se puso en pié para dirigirse a la concurrencia: Mi nombre es sombra. Verán, nosotros antes éramos un cuerpo de bailarín de danza contemporánea con su debida sombra. Los primeros años nos compenetramos muy bien. Nuestras coreografías eran perfectas, muy coordinadas, ¿saben? –recordó con melancolía-. Pasamos momentos muy felices porque me sentía realmente querida por aquel cuerpo. Recorrimos los mejores teatros representando las piezas más arriesgadas, y siempre con éxito –añadió-. Hasta que una noche tras una representación en la Scala, vi cómo mi cuerpo besaba a la primera bailarina de la compañía –reconoció, despertando runrunes entre los oyentes-. Fue el principio de nuestro fin –admitió dolida-. Todo empezó a ir mal. Ya no nos entendíamos, no formábamos un equipo. Había piezas en las que cada uno iba por su cuenta y aquello producía risas entre el público, como si estuvieran viendo una película de El gordo y el flaco. Fuimos a terapia durante un tiempo. Nos trataron en pareja y por separado, pero nada. Hasta que un día la primera bailarina acudió a la terapia y dijo en mi presencia que ellos se amaban –relató, dejando humedecidas a las sombras más sensibles-. Nos separamos y desde entonces soy una sombra que no desea acompañar a ningún otro cuerpo. Ellos siguieron bailando hasta que ella, que era más joven, se hizo más famosa que él – reveló-. Pasado un tiempo, no hace mucho nos cruzamos por la calle, y comprobé que ya nada me unía a aquel cuerpo. Supe que se había retirado de la escena. Estaba muy desmejorado, de aspecto descuidado. Como si estuviera solo... porque pude observar que no proyectaba sombra alguna –acabó diciendo en medio de un respetuoso silencio-.

Yo -se atrevió a decir un fantasma desde tan atrás que todos los espantos tuvieron que proyectarse hacia la entrada- donde ustedes me ven, o me adivinan perdón, antes era un cuerpo. En realidad nací cuerpo y crecí cuerpo, hasta que un día me rebelé contra esa situación. Porque yo por dentro me sentía sombra, sólo que no me atrevía a decirlo por miedo al rechazo por parte de los míos. Qué sombra ni niños muertos, -decía mi padre-, tu eres cuerpo y te callas o te arreo un guantazo. Sí, gran parte de mi existencia he sido una sombra asignada al cuerpo equivocado. Sufrí mucho porque había momentos en que no podía remediar sentirme atraído por otras sombras. Tuve que soportar el rechazo generalizado de los cuerpos -adónde vas sombrasa, me insultaban- solo por el hecho de ser distinto. Hasta que tuve la suerte de ir a parar a la Asociación de Sombras Desplazadas de su Existencia, donde me ayudaron y me aconsejaron hacerme el cambio de ser. Y hoy por hoy puedo decir que soy feliz, he olvidado mi pasado corpóreo y comparto mi existencia con otra sombra que me quiere de verdad y yo a ella. Pensamos aprovechar la nueva ley de unión de sombras para legalizar nuestra situación. Espero que mi historia les sirva de algo -concluyó permaneciendo en pie entre rumores, sintiéndose examinada por algunas de las sombras más reaccionarias-.

La sombra moderadora dio la bienvenida a un esperpento para quien era su primera reunión, y le invitó a contar su historia. Bueno verán -comenzó- yo es que no sé si debería decir que mi nombre es sombra porque en realidad no sé si lo soy definitivamente. Lo cierto es que una mañana desperté y era sombra sin que nadie me lo dijera. Era el día antes que nuestra hija contrajera matrimonio. Cuando mi mujer lo supo se puso hecha un basilisco –relató-. Que cómo iba una sombra a llevar a la niña al altar, me dijo. Qué pensarían los invitados al ver entrar a la novia del brazo de una cortina de humo, añadió. Yo sólo quería pensar en que aquello fuera algo transitorio y que tal vez al día siguiente despertara siendo cuerpo otra vez. Pero no fue así para mi desgracia. La boda finalmente se celebró y yo seguía siendo un fantasma. Mi mujer tuvo que acompañar a la novia en medio de los comentarios de que algo pasaba conmigo. Y la cosa es que yo estaba allí en primera fila, avergonzado, sin poder abrir la boca, sufriendo en mi propia estela la mirada despectiva del párroco. Una novia sin padrino… algo huele a podrido en esta familia, pensaría el cura. Ni siquiera pude comulgar ni besar a la novia –se lamentó-. Tiempo después mi mujer me abandonó por un cuerpo amigo común con el que había estado bailando en el banquete. Para qué quiero yo una bruma que me persigue a todas partes, me dijo la muy descarada. Desde entonces cada mañana me palpo a mí mismo nada más abrir los ojos por si hay novedad pero no la ha habido, ya ven. Gracias por recibirme y perdonen ustedes –terminó, y se esfumó ante la mirada compasiva del montón de espantapájaros.-

Un saludo para todos los presentes –pronunció un fantasma de aspecto foráneo-. Yo soy una sombra inmigrante –dijo, provocando un recelo instantáneo-. Vine con mi familia desde muy lejos en busca de prosperidad, de un futuro mejor para los míos –explicó en medio del murmullo de los espectros nativos-. Desde el principio hemos intentado –aseguró- integrarnos en la forma de vida de esta comunidad. Hemos asumido aquellos trabajos que las sombras de aquí no quieren hacer –dijo-, como ser sombra de los cuerpos que realizan tareas domésticas o de los que efectúan trabajos de recolección en el campo. Sin embargo, no siempre hemos sido bien recibidos por algunos de ustedes –se quejó-. Y me gustaría saber por qué. ¿Qué es lo que tienen ustedes en contra nuestra? –preguntó desde la humildad-. ¿A quién hacemos daño cuando nos reunimos a comer y bailar según nuestras costumbres los domingos en el parque o cuando vamos en manada a comprar al centro comercial? –dejó caer de un modo conciliador.- Nosotros no vamos pidiendo por la calle como esas otras sombras que no hablan nuestro idioma. Ni dormimos bajo los puentes como las sombras de color. Ni somos delincuentes como algunas sombras procedentes del Este. Deseamos alcanzar el bienestar que ustedes poseen. ¿Es eso un delito? –reclamó sin que la mayoría de los fantasmas dejaran de observarle con reticencias-. Nosotros –sentenció- somos sombras totalmente legales. Y como tal merecemos ser tratados –concluyó con firmeza, y escrutó con la mirada el gesto generalizado de temor a una hipotética invasión descontrolada de adefesios extranjeros.-

Queridas sombras: Yo hasta hoy no me había atrevido a hablarles a ustedes, mis queridos amigos todos -se oyó decir en medio del vocerío, al tiempo que la sombra que hacía las veces de moderador llamaba al orden-. Estoy aquí... ¿Me ven compañeros? -exclamó la aparición mientras se zangoloteaba para poder ser vista-. Mi problema es que soy un simple sombrajo -continuó diciendo y su reflejo temblaba excitado-. Nadie me quiere porque no soy una sombra hecha y derecha. ¿Y qué culpa tengo yo, amigas sombras?... ¿Creen ustedes que no me gustaría reflejarme completamente, eh? Y a fe que lo he intentado, pero siempre me quedo a medias –gimoteó sin que nadie sintiera la más mínima lástima-. Una vez fui aconsejado llevar conmigo un haz de luz muy potente que iluminara bien mi figura. Lo único que conseguí -querida audiencia- fue realzar más aún las estilizadas sombras con las que me cruzaba. Luego –prosiguió- acudí a una ortopedia para sombras, donde me adosaron una prótesis de relleno con la que lo pasé incluso peor, pues su peso me causó un daño lumbar casi irreparable. De ahí a la técnica del sombreado láser de última generación -dijo-, que no era una técnica definitiva y que precisaba de sucesivas sesiones. Recuerdo aquella vez que olvidé ir a la sesión diaria y –escuchen esto- cuando una sombra muy femenina estaba apunto de besarme me desvanecí entre sus brazos y salió corriendo. Terminé en la consulta de un psicoanalista de sombras. Pasaron muchas sesiones a 70 sombretes la hora –menudo gasto- y eso que sólo hablaba yo. Hasta que un día… ¿saben que me dijo un día, queridos amigos? –inquirió a una multitud que no podía disimular la risotada-. Me dijo que estaba harto de mi verborrea de predicador y que asumiera el hecho de ser… un jodido sombrajo… -espetó-. Lo que oyen amigos, y me invitó a no volver más a su consulta. Así sucedió, sí. ¿Me entienden ahora, amigos míos? –volvió a dejar caer-.

Claro que te entendemos… jodido sombrajo –clamó una voz burlona desde las entrañas de aquel coro de contornos en pleno jolgorio-.

Por todas las sombras, mantengamos el orden y el respeto a los demás -tuvo que imponerse la sombra moderadora-. Vamos a hacer una pausa de unos minutos para ponernos al sol –dijo recomponiéndose-, y enseguida regresamos…

Pasados unos minutos, la marabunta de zombis recaló de nuevo en la sala, dando un merecido descanso al astro sol. La sombra moderadora reanudó el turno de palabra.

Mi nombre es sombra -anunció la voz bien modulada de una sombra de avanzada edad-. Yo he sido represaliado durante años por ser una sombra de izquierdas -confesó, para luego explicar su historia con todo lujo de detalles históricos-. Fue durante la guerra, en medio del hambre y desolación por el enfrentamiento entre conciudadanos. Me delató mi propio cuerpo –reveló a media voz-. Dijo que lo hizo por hambre. Habíamos crecido juntos. Nuestras familias se conocían. Una vez cuando éramos niños le salvé de morir ahogado en un estanque, gracias a que me proyecté hacia el lado contrario al del agua y eso hizo que reaccionara y evitara caerse por los pelos. Y ya ven -explicó abatido- así me pagó los servicios prestados. Más tarde supe que también había entregado a la sombra que me sustituyó a mí, y así hasta cinco sombras inocentes que como yo, fueron encerradas y torturadas sistemáticamente en la cámara de luz invertida hasta perder su identidad y desintegrarse. A mí me salvó que un intendente del campo de concentración de sombras se encaprichó con mi forma de reflejarme, y acabé participando en los bailes de sombras conque se divertían los oficiales -contó-. Les he contado esto porque deseo que nunca más una sombra sea perseguida por sus ideales -concluyó, con la silueta sensiblemente afectada-.

Estoy cansada de ser una sombra objeto -anunció una niebla muy decepcionada-. Por mis cualidades como contorsionista, las cuales descubrió un tío mío durante mi adolescencia, he sido utilizada sistemáticamente como reflejo de objetos de todas la formas y tamaños. Necesitamos que seas la sombra de esa farola, me dijeron un día y así empezó todo. ¿Pero por qué no puedo ser la sombra de un cuerpo y ya está? Pues no, venga árboles, venga edificios, venga vehículos y sobre todo venga mobiliario de interiores –relató airada-. Me he pasado media vida pegada a seres sin alma, sin voz, sin sentimientos. ¿Saben el daño que eso me ha ocasionado? -se quejó dolida-. No, que van a saber. Ahí están ustedes tan ricamente repanchigados, asignados a alguien de carne y hueso, que habla, que ríe, que llora, que es buena o mala persona… a seres que les aportan algo en definitiva. ¿Qué me aporta a mí una torre del tendido eléctrico -se quejaba- que no sean escalofríos por si alguien se acerca y se hace daño?... ¿Y qué me aporta a mí ser la Sombra de la bandera de un juez de línea, me quieren decir? -dijo subiendo el tono de voz-. ¿Terminar la jornada loca de la cabeza entre la agitación y los insultos? -aulló ante una nube de apariciones que la observaban con ojos de "no te quejes tanto, nena"-. Ya ven qué emocionante -terminó-. Entonces se dio cuenta de lo poco que habían calado sus quejas y se sentó sin rechistar.

Tres sombras de mediana edad y muy bien proyectadas llamaron la atención del resto desde uno de los pasillos centrales. Nuestro nombre es sombra -dijo ella, escoltada por dos pedazos de sombra-. Quiero que nuestra historia sirva para explicar que tres sombras no son multitud -afirmó y dirigió una mirada cómplice a cada uno de sus acompañantes-. Yo había conocido primero a la sombra que tengo a mi izquierda. Mantuvimos relaciones durante algunos años. Un día nos dimos cuenta de que la monotonía se había instalado en nuestra vida y decidimos que necesitábamos un aliciente para seguir juntos. Así que acordamos ir una noche a un local de intercambio de sombras, ya saben, dejando a un lado los condicionantes sociales establecidos -explicó de un modo que parecía que estuviera obligada a abrir las mentes de aquella humareda. Durante la alocución algunas sombras se tapaban la boca, y otras recolocaban su figura en sus asientos, disponiéndose a escuchar con cautela la parte mas comprometida del relato-. Fuimos recibidos por la madame sombra, muy amable en todo momento. Al advertir que éramos primerizos, dedicó unos minutos a tranquilizarnos y nos aconsejó comportarnos con naturalidad y sin prejuicios. También dijo que sería mejor si cada uno iba por su cuenta. El interior estaba excelentemente iluminado, para disfrute de las sombras que se contorneaban a la caza de otras penumbras. Entonces nos separamos y nos entregamos a la faena -relató en un tono que hizo que gran parte de las sombras masculinas se removieran en sus asientos, vigilando las posibles alteraciones de sus excitados reflejos-. Unas horas más tarde, bien entrada la madrugada, cuando volvimos a encontrarnos en la entrada, ya éramos tres. Mi pareja me presentó a la sombra con la que había intimado. Al principio me nublé un poco, pero en cuanto mezclamos nuestras estelas supe que habíamos conseguido ser una pareja de Sombras abierta y moderna -dijo muy segura de sí misma en medio del escándalo generalizado-. Al fin y al cabo todos hemos ganado -finalizó su intervención con impudicia-. Ahora somos tres: ellos se tienen entre ellos y yo los tengo a los dos.

Vuelvan cuando quieran -intercedió la sombra moderadora, subiendo el volumen de su micrófono para atajar la cascada de comentarios en contra que podían escucharse con total claridad.

Mi nombre no es sombra -prorrumpió una voz que dejó la sala en silencio-. No, no me busquen ustedes porque aunque estoy aquí, digamos que no estoy -aclaró, y todos los presentes se agitaron buscando al espectro que los había dejado mudos con aquella declaración-. Así es amigos, yo no puedo decir que sea una sombra –se lamentó-. Estoy aquí entre ustedes, pero ustedes no pueden verme. Y voy a explicarles por qué... Verán, hace unos años decidí tomarme un permiso de paternidad para cuidar de mi recién nacida sombrita, así lo habíamos decidido mi mujer y yo. Ella trabajaba como sombra ejecutiva en una corporación importante y sus ingresos eran superiores a los míos. Pues bien, mientras yo cuidaba a la preciosa sombrita mi mujer se había liado con su sombra jefe. Lo que oyen -puntualizó en medio del estupor de la masa de enigmas-. Y no contenta con eso acudió a una sombra hechicera, quien me practicó una magia negra a consecuencia de la cual he desaparecido completamente -concluyó, logrando multiplicar las voces de asombro-. ¿Son capaces ustedes de imaginar lo que se siente al ver con impotencia cómo tu mujer duerme en tu propia cama con su jefe, el cual lleva puesto tu pijama nuevo regalo del último cumpleaños? -se quejó amargamente-. Sólo pensar en que mi sombrita jamás volvería a verme y que algún día pensaría que su padre era el amante de mi mujer, y es que me ponía malísimo. Tuve que marcharme de casa, no podía seguir viviendo en aquel infierno por más tiempo. Por favor, no sientan lástima por mí, no la necesito, soy un tipo duro –expresó reuniendo fuerzas-. Mi sombra madre siempre decía que "no hay mala sombra que por bien no venga", y tenía razón. Viéndome impotente ante aquella situación, decidí denunciar el asunto en una comisaría de sombras. La extraña naturaleza del caso hizo que fuera pasando de sombra en sombra hasta llegar -no me pregunten por qué- hasta las más altas esferas. Al no poder desbaratar el trabajo de magia negra que me habían hecho, decidieron realizarme una oferta -relató la voz-. Me ofrecieron formar parte de la sección de sombras invisibles, un grupo que se dedica a combatir delitos de toda índole que afecten a la seguridad nacional. Dichas sombras pueden recobrar la visibilidad en función de los méritos obtenidos. ¿Entienden ahora por qué no deben verme ustedes? -preguntó soltando una carcajada, y comprobando cómo se desfiguraba la amalgama de máculas presentes-. Durante una de mis investigaciones sobre delitos monetarios, advertí la implicación del jefe de mi mujer. Di parte a los de Anticorrupción y mi mujer y su jefe dieron con sus huesos en la prisión de cuerpos -concluyó riendo cínicamente-. Me fue dada la custodia de mi sombrita y ha crecido feliz escuchando la voz de su invisible sombra padre. ¿Están impresionados, eh? -dijo, mientras el tropel de fantasmas se miraban los unos a los otros como si temieran ser descubiertos en alguna fechoría que aún no hubiese prescrito-.

Quiero aprovechar este momento de confusión -intervino la sombra moderadora- para recordarles que algunos de ustedes no están aún al corriente de la cuota anual de esta asociación. No nos obliguen a poner el asunto en manos de nuestra voz amiga... ¿Está usted ahí todavía? -consultó entre risas-. Tendrá cosas más importantes que hacer y nos ha abandonado ya... respiren, respiren - dijo, alargando un sarcasmo del que nadie se rió-. Antes de cerrar la sesión daré paso a un último turno de palabra. Se trata de un eminente estudioso y miembro de esta sociedad - explicó señalando a una cortina de humo grisáceo que estaba sentado a su lado.

Desearía que no todo fuera amargo en nuestra reunión de hoy -expuso aquella silueta de aspecto entre intelectual y bohemio. Mi nombre es sombra, un saludo lleno de energía para todos ustedes –se dirigió con voz cálida y amable-. Soy profesor de sociología y escritor, autor del manual de autoayuda "Aprender a ser Sombra: tú puedes", de gran éxito el año pasado y traducido a 17 idiomas. Hoy quiero hablarles de un aspecto que les servirá para aprender a ser mejores sombras. Se trata de la autoestima, la cual definiremos como la capacidad de una sombra para quererse a sí misma –dijo, como si estuviera formando a los presentes en los vericuetos de la venta piramidal-. ¿Por qué no nos queremos en ocasiones? -cuestionó al alumnado de esperpentos-.

¿Porque somos una maldita tiniebla? -replicó una especie de eclipse, de un modo contestatario-.

No, mi querido congénere -se apresuró a responder-, no nos queremos porque nos creemos inferiores a los demás, en este caso, a los cuerpos -sentenció-. Pues bien, yo os digo que la solución está en nosotros mismos. Nadie es superior a nadie, es un principio que debemos tener presente. Tenemos que analizarnos y descubrir aquellas cualidades que caracterizan nuestra forma de ser sombra, y potenciarlas. Por ejemplo -y enumeró- la discreción, la lealtad y el servicio a los demás. ¿Discreción? –explicó- porque como acompañantes no corpóreos, observamos y callamos por naturaleza. ¿Lealtad? –prosiguió- porque siempre nos debemos al cuerpo u objeto al que hemos sido asignados. ¿Servicio a los demás? –concluyó- porque nuestra misión no es otra que proporcionar sombra. Estas cualidades han de servirnos para afianzar nuestro amor propio –finalizó y acto seguido preguntó si alguien tenía alguna duda-.

Ahora ya sé por qué me han despedido tantas veces, profesor sombra –exclamó un clandestino al que dirigieron su mirada todas las visiones-. Me explico –dijo casi con orgullo-. Yo he faltado en repetidas ocasiones a esos tres principios.

Cuéntenos por qué querido amigo –replicó el profesor-.

A ver –dijo el penitente una vez levantado de su asiento- creo que no he sido discreto, ni leal, ni me he dado a los demás.

¿Puede ser usted más concreto, amigo? –interrumpió el sociólogo-.

Seré breve y conciso –respondió el osado halo-. Solía estar asignado a cuerpos del más alto nivel, ya saben, miembros del gobierno, realeza, etcétera. Todo el santo día presenciando conversaciones de alto nivel, secretos de estado y esa clase de cosas, también líos de faldas. Un día un reportero de uno de esos tabloides, ya saben, prensa amarilla, me propuso sacar a relucir ese tipo de cosas a cambio de varios millones de sombretes. Y claro, ¿cómo iba a rechazar semejante oferta? –declaró enfáticamente-. Tengo una familia, ¿sabe? –quiso defenderse, ante las miradas de repulsión de la mayoría de espectros-.

¿Así que ha traicionado usted la confianza de quienes le habían adoptado como sombra? –preguntó muy serio el profesor-.

Sí, lo hice –contestó-. Era la ocasión de mi vida, amigos –dijo a una audiencia que se manifestó con voces divididas-.

Es usted muy valiente al declararlo aquí públicamente –replicó el profesor-. ¿No teme represalias?

Ahora soy una sombra jubilada, ¿sabe?, estoy fuera de la circulación, finito –contestó el clandestino con cierto desahogo-.

Aquí no juzgamos a nadie –manifestó el profesor sombra-. Sólo espero –añadió- que la historia que nos ha contado esta tiniebla, nos sirva a todos para reflexionar sobre lo que está bien y lo que está mal del hecho de ser sombra. Ha sido un testimonio muy revelador –concluyo-. Muchas gracias.

Gracias al profesor sombra –se apresuró a decir la sombra moderadora antes de que el asunto se le fuera de las manos-. Hemos llegado al final de la sesión. Gracias a todos y hasta la próxima vez.

Un momento... que nadie se mueva –amenazó estruendosamente una voz que invadió toda la estancia, como si la mismísima sombra Dios les hubiera dirigido la palabra-. Suerte que no me fui del todo –dijo la potente voz, ahora ya reconocible para los presentes-. Este esperpento que les ha contado con descaro sus fechorías acaba de proporcionarme la detención de mi vida –agregó con cautela-. Llevábamos años detrás del contorno corrupto que puso en peligro nuestro país con sus indiscreciones –explicó a un acobardado público deseoso de salir de allí sano y salvo-. Es mi día de suerte –espetó la voz y dio una carcajada-. Llevaré a este esbirro ante la justicia para que responda ante ella de los delitos que ha cometido. ¿Y luego saben qué ocurrirá? –dijo regocijándose-. Que seré condecorado por ello –añadió-. ¿Y saben cómo? –insinuó-. Se lo diré a ustedes: muy probablemente seré recompensado con la vuelta a la visibilidad –afirmó y todas las sombras dirigieron sus estelas hacia arriba imaginando la posibilidad de un milagro-. Después de todo –terminó de decir la voz secreta- ha valido a pena asistir a esta reunión de sombras.

La marea de penumbras comenzó a disolverse con gran alboroto, chismorreando unos con otros.

¿Quieren ustedes callar y circular ordenadamente sin provocar disturbios? -vociferó la sombra que había sido agente de la circulación-. Es que ya no hay respeto a la autoridad -se quejó entre gruñidos-. A ver quién tiene -masculló- la oscuridad suficiente como para decirme que tengo mala sombra...
©Ignatiusmismo 2006.

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23 octubre, 2006

Cantautor a flor de piel

Letra y música de Alejandro Szabo, incluído en su álbum "Hablar de pìel 10+1"

HABLAR DE PIEL
Sigue siendo parte inmóvil, tu palabra de costal, tanto cuesta, cuesta tanto, que de amor tu no te mueras. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma. Pido más de un día para darte, no das más que una hora, siento tanto la presencia, de otros hombres en tu cama. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma. Una copa no es razón, para que mires ajeno, en tus días y en tu ausencia, en tus fechas mi poema. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma. En tus noches no hay lugares, para que habiten los llantos, es que así sale tu rezo, en tu calle tu amapola. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma. Cómo no logro comprender, si es que al hablar de piel, tu silencio me conforma.
COMENTARIO DE ALEJANDRO SZABO
"De como era la ira finita si la verdad de los ojos hacia lo suyo. De que de hablar de piel nacio a las siete de la mañana mientras caminaba por un Santiago helado. La lluvia removio los planetas del smog y trajo la nieve. Sin duda mucha contaminación. Pero Santiago tiene eso de ciudad. Tiene lo de Virgen y lo de locuaz. Lo de Cristo y lo de Lopez. Nacio en el celular. Nacio en el metro de Santiago, estación Alcantara. Termino de parirse encima de un bus rumbo al norte, eso que buscamos como animales magneticos. Pero finalmente nacio de las gracias.....de todos. Gracias, de nada. Y sin tildes......"

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18 octubre, 2006

Una familia en el abismo

Los Friedman: Arnold, Jesse, David, Seth y Elaine

Año 2002. Andrew Jarecki está realizando un documental sobre el mundo de los payasos que entretienen a los niños en sus fiestas de cumpleaños. David Friedman es el payaso titular de Jesters-for-Hire, una pequeña empresa con sede en Manhattan. En una de las entrevistas, David repentinamente se puso a hablar sobre su familia. Recordó a su padre, del que dijo con amargura que había sido un gran tipo, pero sólo eso. Jarecki estaba filmando y no pareció dar mayor importancia al testimonio, hasta que el payaso -sentado en las escaleras de la que había sido su casa familiar durante la infancia- se puso triste al citar, de pasada, el intento de suicidio de su madre.
Más tarde, revisando el material con otros miembros del equipo de producción, el director tuvo la impresión de que aquel hombre guardaba un gran secreto. Aprovechó los datos revelados por el payaso para realizar una búsqueda de información en internet. El resultado fue devastador: Un hombre de 56 años y su hijo de 18 habían sido condenados por abusos deshonestos a los niños que acudían a su casa para recibir clases de informática. Entonces Jarecki supo que aquel hombre tenía una historia que contar y él una nueva película que hacer. Sólo faltaba que David se prestara a ello. Y lo hizo. Así nació Capturing the Friedmans.

Imaginemos una familia americana de clase media, Los Friedman. Arnold: eminente ingeniero, profesor de informática y músico. Su esposa, Elaine: la perfecta ama de casa. Los hijos: David, Seth y Jessee. Vivían en Great Neck, una zona residencial de Long Island, Nueva York. Todo aparentaba ser normal en aquella familia y parecían ser felices. La vida familiar era muy hogareña. El padre tocando el piano; los hijos grabando cada detalle de la familia con una cámara de super 8; la academia de informática; las fiestas de cumpleaños; las constantes y divertidas reuniones. En la primavera de 1986, cerca de 100 ex-alumnos del profesor Friedman se habían congregado en una fiesta para celebrar su jubilación como docente en el Instituto Bayside. El acto fue muy emotivo, repleto de comentarios que destacaban sus cualidades profesionales y, sobre todo, personales. Venidos de todo el país, muchos de ellos llegaron a decir que Friedman había cambiado sus vidas. El director del colegio destacó las capacidades de Friedman como enseñante y su dedicación al éxito de sus alumnos.

Arnold Friedman había nacido en Brighton Beach, Brooklyn, era el segundo de tres hijos durante la época de la Gran Depresión. A los 5 años, su padre abandonó la familia, dejándolos sin recursos. Su hermana mayor había fallecido súbitamente y su madre cayó enferma a causa de ello. Después de graduarse en el Instituto de Brighton Beach, Arnold fue a la Universidad de Columbia, donde estudió Ingeniería Química. Tocaba el piano y solía actuar en clubes de Brooklyn al frente de un sexteto de rumba. Fue allí donde conoció a Elaine, la que sería su esposa. La vida de Elaine parecía haber corrido en paralelo a la de Arnold: su padre la había abandonado cuando ella tenía 18 años. Aquella niña se había criado sin el cariño de los suyos. Se casaron en 1955 y se trasladaron a Flushing, donde Arnold hacía sustituciones por el día y tocaba en clubes nocturnos para mantener a la familia. En 1960 fue contratado como profesor de ciencias en el Instituto de Bayside. Sus colegas veían en él a un profesor imaginativo, con sentido del humor y que nunca se enfadaba ni alzaba la voz.

La investigación llevaba dos años en curso. Inspectores del Servicio Postal destinados en el Aeropuerto Kennedy habían interceptado un pequeño paquete procedente de Holanda que llevaba la dirección de Arnold Friedman. En su interior había una revista llamada Boy Love, que reproducía fotografías en color de niños desnudos y de hombres practicando sexo con ellos. Un inspector, haciéndose pasar por un pedófilo, contactó por carta con Friedman, preguntándole si tenía material de esa revista para vender. Friedman, inaugurando una serie de contactos epistolares con el inspector, le contestó que no tenía material pero que estaba interesado en el asunto. Más tarde, en otra carta reconoció poseer material y se ofreció a cedérselo en régimen de intercambio. Friedman, a condición de que le fuera devuelto, llegó a remitir por correo a esta persona un libro de pornografía infantil, Joe y su tío, de procedencia danesa, acompañándolo de una nota: disfrútalo.

Arresto de Arnold y Jesse Friedman

El 3 de noviembre de 1987, un inspector de policía haciéndose pasar por cartero se dirigió al domicilio de los Friedman y entregó a Arnold un paquete. El libro estaba de vuelta. Y la trampa tendida. Quince minutos más tarde, oficiales del gobierno y agentes de la policía de Nassau rodeaban la casa con una orden de registro. Encontraron material de pornografía infantil. También se incautaron de una lista con 80 nombres y números de teléfono pertenecientes a los niños que acudían a sus clases. Era el principio del fin para esta familia. La policía entrevistó a docenas de niños entre 8 y 11 años que habían asistido a clases de informática en casa de Arnold Friedman. El resultado de esas entrevistas fue, según la investigación, devastador: los niños, al principio reacios a contar algo tan íntimo, relataron cómo fueron víctimas de abusos sexuales por parte de Arnold Friedman y de su hijo Jesse. Arnold Friedman fue acusado de 108 delitos, y su hijo Jesse de 18 años, de 245.

En 1988 Arnold Friedman fue hallado culpable de 42 delitos sexuales a menores y condenado a una pena de entre 10 y 30 años. Por primera vez en su vida, Arnold y Jesse tenían que separarse. La estancia de Arnold en prisión fue demoledora. nadie le quería, hasta los otros presos lo insultaban. Se vino abajo, no podía soportar pensar que moriría en la cárcel, que su mujer se había divorciado y que su carrera estaba arruinada. Pero sobre todo se sentía culpable de que su hijo Jesse pudiera ser condenado a su costa.

"Estimado Juez Boblon: Jesse merece cumplir los 18 años de condena. Él abusó de mí y de otros. No quiero verle y no quiero que me vea. Mr. X."

Los cargos contra Jesse eran menos consistentes que los que habían condenado a su padre, aunque su situación era muy delicada debido a la presión social y de los medios. Los abogados aconsejaron a Jesse decirle al tribunal que él había sido víctima de los abusos de su padre, era la única forma posible de salvarle. Pero Jesse se negó a declarar en contra de su padre y defendió hasta el final su inocencia sin a penas recursos legales. Finalmente Jesse fue hallado culpable de 25 delitos sexuales a menores y condenado a una pena de entre 6 y 18 años. La comunidad de Great Neck, donde vivían, quedó conmocionada ante el hecho de que habían convivido con dos pedófilos y que muchos de sus hijos habían estado en manos de ellos. Poco después de ingresar en prisión Jesse, Arnold Friedman se quitaba la vida en su propia celda.

El film de Jarecki es de un verismo fuera de lo común. Aquí el género documental cobra toda su fuerza, ya que la cinta cuenta para su desarrollo con un elemento de un valor incalculable: todo el metraje de la grabaciones familiares en super 8, lo que equivale a tener a su disposición prácticamente la historia filmada de los Friedman. Este material, cedido por David una vez se prestó a colaborar en la elaboración del film, resulta muy elocuente a propósito de las características de esta familia: vemos a los Friedman en toda clase de situaciones, buenas y malas; pero llama poderosamente la atención la serie de escenas reales que incluyen peleas desquiciadas, discusiones tensas, disputas acaloradas, alternadas con otras escenas marcadamente surrealistas, que mezclan irónicamente el drama con la comedia, al más puro estilo de Vive como quieras de Frank Capra, dando al espectador una imagen un tanto disparatada del ambiente familiar que se le presenta. Pero lo cierto es que todo ello llega al espectador con una fuerza indescriptible. Unas veces lo emociona, otras le da un puñetazo en el estómago, y las más, le deja la sensación de estar asistiendo en primera persona a la destrucción de una familia. Jarecki conjuga estas imágenes con otros elementos propios de la producción del film no menos interesantes. Así por ejemplo incluye entrevistas a los miembros del nucleo familiar, a familiares de éstos, e incluso juega con los tiempos dando saltos hacia adelante o hacia atrás, para ahondar con más precisión en el drama de la lenta agonía de los Friedman. La película no sólo es el crudo retrato de la descomposición de una familia así como un documento de interés sociológico excepcional. También es una excelente lección de cine. No en vano causó sensación en el Festival de Sundance 2003, donde acaparó el gran premio del jurado, siendo posteriormente candidata al Oscar como mejor película documental en 2004. Su proyección en medio mundo arrojó luz sobre un caso difícil de entender y, seguramente según la tesis de la cinta, poco claro desde el estricto puto de vista judicial. A veces, la justicia (americana) se mueve más por intereses mediáticos y políticos que por el estricto sentido de igualdad, presunción de inocencia y justicia al que se debe. Eso defiende en parte Jarecki con su película.

Arnold Friedman fue enterrado en el cementerio de Long Island y su epitafio rezaba: "querido padre, dedicado profesor, pianista, físico y playero".

Elaine Friedman volvió a casarse y se trasladó a vivir a Berkshires.

El hijo mediano, Seth, que se negó a participar en la película, ya no vive en Nueva York.

Jesse Friedman después de cumplir su condena

Después de pasar 13 años en prisión, Jesse fue puesto en libertad en 2001 y vive actualmente en Nueva York, donde ha regresado a la Universidad para terminar sus estudios de economía. A sus 34 años Jesse, lejos de querer olvidar los hechos que le arruinaron la vida, ha escrito numerosos artículos y fundado una web desde la que pide una revisión de su caso. Entre las cuestiones que Jesse pone en entredicho en un alegato de 1000 páginas sobre la investigación, destacan las siguientes:


-Alega que la mayoría de los estudiantes de informática entrevistados por la policía, no reconocieron ningún abuso hasta que fueron presionados e inducidos, y sus testimonios manipulados por la propia policía.

-Uno de los alumnos que testificaron haber sufrido abusos, había admitido posteriormente no recordar los hechos sino cuando había sido hipnotizado.

-Agentes de policía admitieron haber incentivado a los niños para testificar en contra de los Friedman, incluyendo fiestas infantiles con pizza y hamburguesas.

-Uno de los detectives admitió haber visitado varias veces a un estudiante de 15 años hasta convencerle que testificara en contra de los Friedman, a pesar de que el chico había declarado que no había sufrido abusos.

-Varios alumnos de informática admitieron haber proporcionado declaraciones falsas sólo para que la policía los dejara de acosar.

-Un grupo de detectives, en una conversación grabada, le decía a uno de los chicos que si no declaraba que había recibido abusos por parte de los Friedman, se convertiría en un homosexual.

David Friedman, inductor espontáneo del documental gracias a su valentía o quizás al miedo acumulado, sigue siendo el payaso más famoso de los cumpleaños de Manhattan. La película se cierra cuando David acude a la prisión a recoger a su hermano el día en que dejan libre a Jesse después de cumplir 13 años de carcel. Se nos reserva un final muy emotivo: el rencuentro entre Jesse y su desquiciada madre. Merece la pena dejarse atrapar por esta excelente película.


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14 octubre, 2006

Todo es a lo grande en Tejas

Están sentados en el porche, a la entrada de la suntuosa mansión de su rancho en Farmers Branch, Dallas, Tejas. Es domingo. Hace un día de sol típicamente tejano. Hoy pueden desayunar tranquilos sin que a él lo telefoneen para darle la última hora sobre el precio del barril Brent. El hombre, excesivamente trajeado, va calzado con unas relucientes botas vaqueras, con un llamativo broche de oro enlazado a la altura del tobillo. La mujer va vestida con una blusa estampada de fin de verano, falda a juego y zapatos de medio tacón. En la mesa, impecablemente servida, les espera una bandeja con huevos revueltos y bacon, zumo de naranja, café caliente recién hecho y tostadas con mantequilla y mermelada de frambuesa. Delante de la casa hay una plazoleta coronada con una fuente de mármol. Antes de llegar al complejo, un imponente arco metálico con el anagrama familiar grabado en letras rústicas y envuelto en una enredadera, da la bienvenida a las posesiones de los McCulloch, e invita a recorrer, entre amplias zonas ajardinadas, el camino recién asfaltado que conduce a la vivienda.

-Querido, ya he pensado adónde deseo ir en nuestro viaje de invierno.

-Vaya por Dios. ¿No tenías que asistir hoy a la reunión de las Damas de la Caridad en el Instituto Cristiano de Dallas?

-Sí, pero quería hablarte de las vacaciones de invierno. Quiero que vayamos a Turquía.

-¿Turquía? ¿Y qué diablos se nos ha perdido en los confines de la tierra cada vez que a ti se te antoja ser Cristóbal Colón?

-Quiero conocer esa cultura, Jim. Dicen que está a medio camino entre oriente y occidente.

-Lo siento, querida. He oído que no es recomendable viajar a Turquía. El terrorismo es una amenaza constante allí.

-No digas tonterías. Es un país precioso. Nuestra administración tiene intereses militares allí. Además, Rose Mary y Louis estuvieron el año pasado y me han hablado maravillas.

-Oh sí, claro. Esa pareja de presuntuosos. Ellos siempre han querido ir por delante del resto de los tejanos. No tuvieron suficiente con haber convertido su hacienda en un museo donde los turistas beben sin control mientras un conjunto de vaqueros canta y baila destrozando clásicos de nuestra música folk. Ahora quieren descubrir Turquía, como si el condado y el mismísimo estado se les hubieran quedado pequeños. Seguro que no eran conscientes del peligro que corrían.

-¿Por qué eres siempre tan negativo, Jim? Ellos sólo intentan ser cosmopolitas. Es algo innato a los tejanos. Fuimos fundados por exploradores o es que no lo sabes. Nos gusta explorar mundo.

-Pues yo no quiero explorar mundo. Lo mío es explorar pozos de crudo en Tejas, ya lo sabes.

-Oh, vamos querido, sabes que lo pasaremos bien. Es bueno dejar Tejas a un lado por unos días.

-¿Por qué iba a serlo? Tejas es nuestro mundo, Laramy. Estas tierras nos han dado todo lo que tenemos. Pásame la mantequilla, ¿quieres?

-El viaje del año pasado también lo elegí yo y fue un éxito.

-Oh, sí. Memorable. Me encantó pasar una semana en pleno diciembre entre pescadores de bacalao en Escandinavia. Regresé con un catarro que aún me dura. -Qué exagerado eres. Lo pasamos bien en aquella aldea marinera en Noruega. La cabaña de madera al borde del océano atlántico era idílica. Nunca olvidaré aquel lugar. ¿No le pones mermelada a la tostada?

-Pues yo prefiero olvidarlo. Lo único que recuerdo es que todos los tipos que me tropecé se llamaban Olav o Sven o algo parecido.

-Fue una forma íntima de disfrutar del descanso.

-Y tan íntima: éramos nosotros y los pescadores. Nadie más.

-Pero descubrimos una cultura distinta a la nuestra, cielo.

-¿Distinta? Esa gente parecía vivir en el siglo... bueno el que sea. Cuando llegamos allí y vi el panorama lo único que deseaba era encontrar un sitio, aunque fuera una cueva, para ponerme a beber lo antes posible.

-Y bien que lo encontraste. ¿Recuerdas aquella taberna vikinga a la que fuimos la primera noche?

-Cómo no. Había más pescadores que en el concurso estatal de pesca del róbalo en el lago Caddo, válgame Dios. Apestaba a bacalao pero parecía no importarles, bebían como cosacos para ahogar sus penas. Así que no tuve más remedio que unirme a ellos: quería olvidar haber ido a parar a aquel maldito pueblo fantasma.

-Vamos Jim, no seas tan gruñón. Yo me lo pasé bien. Y tú también. ¿O no recuerdas los paseos por la orilla del mar a media tarde?

-Claro, de lo más idílico. Ellos tampoco lo olvidarán fácilmente. Vi como nos observaban desde las ventanas de sus casas. Debió de ser todo un espectáculo ver a dos marcianos vestidos como esquimales paseando por el puerto, calados hasta las cejas por aquella lluvia que no cesaba nunca.

-Fueron muy respetuosos y educados. Saludaban en su idioma cada vez que nos cruzábamos con alguien.

-Pues a mí su forma de hablar me pareció tribal. Daba miedo, sí señor. Podía imaginarlos en sus ratos libres, reunidos alrededor de una hoguera con sus cascos con esos cuernos, portando espadas de hoja ancha y afilada, presentándole sus respetos a Erik el Rojo.

-¡Qué horror! Pues yo aprendí enseguida a decir "Hallo, God Morgen", y parecía sentarles bien. Como siempre, tenía que obligarte a abrir la boca para no quedar mal cuando nos saludaban...

-¿Y qué demonios querías? No podía fiarme de ellos. ¿Pensaste alguna vez sobre qué trataban sus conversaciones privadas en la lonja mientras destripaban la pesca? Pues yo sí: "¿Qué, te has cruzado hoy con los marcianos?”, “¿Qué diablos se les habrá perdido en nuestro poblado?”, “Si el carnaval Vikingo no es hasta marzo."

-Pues bien que te liaste a hablar con aquella mujer, ¿recuerdas?, aquella rubia de largas trenzas que nos sirvió la comida el día que estábamos solos en la taberna.

-Sí, claro, se llamaba Katrine. Y hablé con ella por una sola razón.

-¿Cuál?

-¿Cuál va a ser? Pues que hablaba nuestro idioma. Resultó ser anglófila.

-Vaya, pues a mí no me habló en nuestra lengua en ningún momento. Mejor dicho, ni siquiera me habló.

-Porque te pasaste toda la maldita comida en el servicio o hablando con tu hermana por teléfono.

-Era gracioso. El único teléfono público del pueblo imitaba un enorme cuerno vikingo. ¿Por qué lo pondrían fuera de la taberna y no dentro?

-Porque son Vikingos, por qué va a ser. ¿Qué esperabas encontrar allí, una factoría de General Motors? Querida, esa gente no era como nosotros. Tenían unas costumbres muy rudimentarias. Nunca han visto un partido de los Dallas Cowboys, ni sabrán lo deliciosa que está una hamburguesa doble con chile. Válgame dios.

-Así que hablaste con ella en mi ausencia?

-No tuve más remedio.

-¿Y qué te dijo? Parecía tan seria la tal Katrine.

-Lo era. Fue como hablar con una barra de hielo de aquellas que nos traían a casa en los setenta desde la fábrica de los Mansfield.

-¿Me vas a decir qué te dijo?

-Tuve que emplearme a fondo para sacarle unas declaraciones. Me contó que era la única mujer soltera en aquel lugar. Ella procedía de otra aldea, no me preguntes el nombre porque no acerté a entenderlo. Había recalado allí huyendo de un pasado que la perseguía.

-¿Y a ti que diablos te importaba eso?

-Bueno, dijo que se encontraba sola. Que allí lo único que hacía era atender el bar la mayor parte del día.

-Cielo santo, Jim. ¿Y qué esperaba, que la consolaras?

-No lo sé. ¿Crees que no era una situación embarazosa para mí?

-Maldita sea, ¿te dejo un minuto para telefonear a Tejas y tu te lías con la primera fulana que se te cruza?

-No precisamente. Sólo trataba de ser amable con una dama. ¿Y qué quería tu hermana además de cuchichear?

-¿Una dama? ¡Ja! ¡Menuda pelandusca! Creo que me debes una explicación. Y la quiero ahora mismo. Mi hermana sólo quería saber cómo lo estábamos pasando.

-Es posible que te la deba, querida. Más bien sí.

-¿Y por qué no habías mencionado el asunto hasta hoy?

-No creí que te gustara lo que te iba a contar. Seguro que tu hermana disfrutaría si lo pasáramos mal.

-¿Así que te liaste con ella? ¿Es eso lo que hiciste señor McCulloch?

-¿Cómo diablos iba a liarme? Además, aunque hubiera querido, ¿dónde nos habríamos liado, sobre el piso mojado de la lonja de pescado, entre cajas de hielo y restos de escamas? Por todos los santos, si no me separé de ti en todo el tiempo que duró la maldita pesadilla escandinava.

-¿Qué es lo que no me iba a gustar, Jim? Me estás asustando.

-Oh nada.

-Dímelo ahora mismo, me está sentando mal el desayuno...

-Está bien, querida. Hay algo de esta historia que no te he contado.

-¿Y quieres contármelo?

-Si tú quieres, sí.

-Menuda mañana de domingo. Si va a causarme daño... tenemos un matrimonio, dos hijos y una reputación en Tejas.

-Verás. Ella me dijo que tenía algo que confesarme, algo que no le había dicho a nadie en aquel lugar. Y no me preguntes por qué -probablemente fue el efecto del alcohol- pero estuve de acuerdo en escucharla y... nos citamos al día siguiente.

-¿Te citaste con esa mujer a mis espaldas?

-¿Recuerdas que a la mañana siguiente cuando despertaste yo no estaba, y que cuando regresé te dije que había ido a dar un paseo?

-Sí. Oh, por Dios Jim...

-Ella me había citado en su casa, casi en la cima de la colina.

-Tal vez no deberías seguir con esta absurda historia. Me estoy poniendo mala.

-No había ascendido una cima tan pronunciada desde mis tiempos del club de exploradores, cuando realizamos aquella excursión al Pico de Guadalupe. El caso es que ya casi me faltaba el aliento, y ¡zas!. Allí estaba ella, sentada en un escalón de madera a la puerta de la casa. Una pequeña cabaña pintada de colores.

-¿Te sedujo? Dímelo de una maldita vez, James William Anthony McCulloch. No soporto esta angustia por más tiempo...

-No, no me sedujo. Fui tan casto con aquella joven como lo he sido contigo la última década. ¿Es eso lo que querías oír?

-Vaya. No era necesario que mencionaras eso. Al menos no para justificarte. Además, el sagrado matrimonio es mucho más que eso en lo que estás pensando.

-Sí, tal vez lo sea. Pero soy tejano. Y un tejano siempre debe mantener su reputación bien alta.

-Claro, querido. Había olvidado que estoy casada con David Crockett...

-Bueno… continuando con la historia, aquella mujer guardaba un secreto y me había elegido a mí para que lo guardara. Aunque lo cierto es que su mirada seca y a veces extraña me imponía. Yo no sabía que decir. Prácticamente me limité a escucharla.

-¿Y piensas que me voy a creer que no se te insinuó? ¿O acaso no se dio cuenta de que eras todo un tejano?

-No se me insinuó, no lo hizo... Dijo que tuvo que irse del poblado donde vivía. La habían descubierto, así que huyó hasta ir a parar allí.

-¿Y qué habían descubierto? ¿Que era una cualquiera y una destroza matrimonios?

-No era eso. Habían descubierto que era especial.

-¿A qué te refieres con especial? Si era tan especial no la habrían echado de allí...

-Dijo que la habían declarado "bruja" y que a las brujas se las la expulsaba sin contemplaciones.

-¿Bruja? ¿Qué quieres decir?

-Pues bruja. Qué va a ser. Hechicera, mujer con poderes... ya sabes.

-No mucho, la verdad. Procuro no mezclarme con toda clase de gente.

-Había seducido a todos los hombres de aquella aldea, estuvieran casados o no.

-¡Cielo santo! Y eso, ¿por qué?

-Dijo ser la reencarnación de Freya, quien comandaba a las Valquirias. Una especie de vírgenes convertidas en diosas del amor vikingo.

-¿Una diosa del amor que es virgen? ¿Qué tontería es esa, Jim? ¿No sería más bien una loca?

-Verás, su abuela había sido la Valquiria Hlök. Su madre había sido la Valquiria Thruda.. Y ella, aun llamándose Katrine, tenía por nombre de guerra Freya...

-¡Menuda Valquiria! ¿Te sedujo, maldita sea?

-Ya te he dicho que no. Dijo que los forasteros no formaban parte del hechizo.

-¿Y los del poblado?

-Me confesó que ya los había seducido a todos. Aunque ella a eso lo llamaba "sanarlos". Sanarlos de los males sufridos en la batalla, se entiende.

-¡Madre mía! Y decía que se le iba la vida tranquila en la taberna sirviendo comida y bebida. Me los imagino en alta mar, pescando y contando los días que faltaban para regresar y subir a la cima.

-No todos iban a pescar, si bien eso es lo que decían a sus mujeres.

-Sí claro, unos navegando en alta mar y otros escalando a la montaña. ¡Menuda aldea de deportistas!... ¡Hombres! Todos sois iguales... ¿Y cuál era el temor de la pobrecita Valquiria?

-Que se enterasen las mujeres de la aldea y que le ocurriera algo malo a causa de ello. Algunos se habían ido de la lengua, traicionando la debida discreción.

-¿Y tú que le dijiste? Estarías estupefacto, digo yo, si es que no entraste en su juego...

-Hice algo por ella.

-¿Qué? ¿Qué cosa Jim?, ¿qué diablos hiciste por esa mujer?

-Le extendí un talón por un valor suficiente como para que se fuera de allí y cambiara de vida. Eso es todo lo que hice. Bueno, también le sugerí que los Estados Unidos era un buen lugar en el que refugiarse, el país de las oportunidades.

-No se te ocurriría mencionar Tejas, con esa frase que siempre tienes que soltar cuando alardeas...

-Sí, lo hice. Qué querías que hiciera. Le dije que "todo es a lo grande en Tejas". Después de todo es un sentimiento que me gusta expresar con orgullo.

-¿Y ella qué dijo?

-Me pidió nuestra dirección. Le gustaba la idea de cruzar el atlántico. Además, conocía el idioma.

-¿Y tú se la diste?

-Sí. Se la di.

-¡Por todos los santos!, ¿por qué hiciste eso, Jim? ¿Es que quieres que venga y acabe con todos lo matrimonios del Estado de Tejas?

-Cálmate cariño. No soy tan estúpido. El estado de Tejas se extiende a lo largo y ancho de 700.000 kilómetros cuadrados. Así que pensé que no hacía ningún mal si le daba mi antigua dirección de soltero de cuando vivía en Addison.

-¡Maldita sea, Jim! ¡Tejas!, ¡Tejas! ¡Es lo único que hay en tu cabeza aparte de paja! ¿Por qué tuviste que mencionar Tejas? ¡No se te pudo ocurrir darle unas señas de otro Estado para alejarla de nosotros!

-Querida: durante la conversación dijo cosas de nosotros que sólo alguien de nuestra familia conocería. Esa mujer poseía algún poder sobrenatural. Si le hubiera mentido, lo habría averiguado.

-¡Válgame Dios, Jim! ¡Planeo un viaje de descanso y tú lo conviertes en una pesadilla para nuestra familia! ¿Qué clase de hombre eres? ¿Cómo has podido meternos en un lío como este?

-Hay algo más, Laramy.

-¿Qué hay algo más? Creo que suspenderé la reunión de esta mañana. No podría presentarme allí con este disgusto. Llamaré a Mary Jane. En su lugar, tú y yo iremos a la Iglesia para contarle todo esto al reverendo Dixon...

-No sé como decirte esto, Laramy. Pero hace un mes recibí en la Corporación una carta de ella.

-¿Qué dices? ¿Te escribió a la Corporación? ¿Cómo averiguó las señas? ¿También se las habías dado?

-No. No se las había dado. En la carta decía que al fin estaba en los Estados Unidos... y no precisamente en Addison, ni por desgracia en Nueva York, ni siquiera en Las Vegas, querida.

-¿Y entonces dónde demonios estaba esa mujer, Jim?

-Oh, siento tener que decírtelo pero... el matasellos era de... de este Condado. Era el maldito matasellos de la oficina postal más próxima a nuestro rancho.

-¡Dios mío! Creo que me voy a desmayar...

-Oh, abrázame Laramy. ¡Que el señor nos asista!
©Ignatiusmismo 2006.

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10 octubre, 2006

Que tengamos suerte

"Que tinguem sort" Letra y música de Lluìs Llach
cantada por Pedro Guerra y Lluìs Llach

Si em dius adeu Si me dices adiós; vull que el dia sigui net i clar quiero que el día sea limpio y claro; que cap ocell que ningún pájaro; trenqui l'harmonia del seu cant rompa la armonía de su canto; Que tinguis sort Que tengas suerte; i que trobis el que t'ha mancat y que encuentres lo que te ha faltado; en mí en mí; Si em dius "et vull" Si me dices "te quiero"; que el sol faci el dia molt més llarg que el sol haga el día mucho más largo; i així, robar y así robar; temps al temps d'un rellotge aturat tiempo al tiempo de un reloj parado; Que tinguem sort, Que tengamos suerte; que trobem tot el que ens va mancar que encontremos todo lo que nos faltó; ahir ayer. I així pren tot el fruit que et pugui donar Y así toma todo el fruto que te pueda dar; el camí que, a poc a poc, escrius per a demà. el camino que, poco a poco, escribes para mañana; Què demà mancarà el fruit de cada pas; Que mañana faltará el fruto de cada paso; per això, malgrat la boira, cal caminar por eso, a pesar de la niebla, debes caminar; Si véns amb mi Si vienes conmigo; no demanis un camí planer no pidas un camino llano; ni estels d'argent ni estrellas de plata; ni un demà ple de promeses, sols ni un mañana lleno de promesas, sólo; un poc de sort un poco de suerte; i que la vida ens doni un camí y que la vida nos dé un camino; ben llarg bien largo.

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05 octubre, 2006

Nuestra última discusión

¿Recuerdas nuestra última discusión? ¿Aquella en que nos tiramos los trastos a la cabeza y descubrimos que no nos entendíamos? Sí, esa. Sé que dije cosas que no debía. Y que te arrinconé con aquellos argumentos que más podían dolerte. Fui un estupido y lo siento. Quería acercarte a mí y sólo conseguí que te fueras. No recuerdo cómo empezó todo. Hablábamos tranquilamente intentando entendernos y de repente todo se torció. Tú te defendías con esa fuerza que te sale cuando te sientes herida, y tal era la vehemencia de tu discurso que parecía que el mismísimo mundo estuviera en contra tuya. Me vi obligado a enviarte una palabra envenenada para poder volver a escena y pasaron varios reproches tuyos antes de que me dejases entrar. Unas veces me devolvías de revés el mismo dardo afilado que yo te había enviado; o bien ponías al descubierto mis debilidades básicas, esas que descubriste al poco de conocernos. El toma y daca duró una hora y media larga. Tiempo suficiente para que nos hiciéramos daño. Es curioso cómo en todos nuestros enfrentamientos hay unas fases bien definidas. Al ataque en tromba del uno le sigue la defensa encendida del otro, y luego cambian las tornas. Hubo silencios, que nos sirvieron para ordenar las pocas ideas frescas que nos quedaban a ambos o, según se mire, para rebuscar argumentos hirientes que lanzar en forma de carga de profundidad. Pero siempre me llama la atención ese momento perdido hacia la mitad de la contienda, en que una concatenación de frases afortunadas por ambas partes parece conducir casi a una reconciliación, que es intangible, que tal vez sólo uno de los dos percibe, y que se hace pedazos al poco tiempo por un dime mal formulado o un direte peor entendido. Y vuelta a empezar. Se agotaban ya las fuerzas, la saliva escaseaba y la voz se resentía, por no hablar de la agilidad mental para generar una defensa sin que ésta mostrase signos evidentes de flaqueza. Aún así seguimos dándole. Hasta que llegó mi momento crítico, ese en que quizás como consecuencia de una serie de asaltos consecutivos perdidos, creí que iba a perderlo todo. Y me entró ese miedo irracional que me deja helado y me sitúa en tierra de nadie, como si me hubieran arrebatado todo en un instante. Entonces sentí miedo a perderte y bajé la defensa queriéndote dar certeza de tu victoria, esperando también de tu generosidad, que no me concediste. Al contrario, pisaste el acelerador a fondo para vapulearme, consiguiendo alimentar mi ira y devolviéndome fuerzas para volver a hostigarte. Me prendiste la mecha y salí disparado, esta vez como un volador de feria defectuoso que hace zig zag sin una trayectoria definida. Creo que ni siquiera te hice daño o era que ya estabas inmunizada contra mis débiles estrategias. A esas alturas, el incidente languidecía sin remedio: eramos dos boxeadores sonados que se tambaleaban cada uno en su esquina del cuadrilátero. El cansancio y la falta de entendimiento se unieron para restar calidad a los argumentos, que ya no eran otra cosa que un puñado de lanzas y unos escasos escudos, completamente dispersos en el campo de batalla. Nuevo silencio. Éste más reflexivo, que sirvió para pensar si a lo mejor el otro llevaba razón en algo, o si uno se había extralimitado y si merecía la pena tanta bulla por algo que no sabíamos bien como había llegado hasta aquí. Atrás quedaba la bravuconería para dar paso a un mar de dudas. Recuerdo que me avergoncé en el mismo instante en que pasó por mi cabeza la película de mis barbaridades. No sé tú. Se te veía muy digna con la escopeta presumiblemente cargada. Ya nos nos mirábamos. Sólo esperábamos una señal de la otra parte -la que sea- que nunca llegó. Dejamos de hablar. Nos separamos. Cerramos puertas y rampas y reemprendimos el vuelo por separado. Sigo preguntándome hoy qué es lo que ocurrió. Aparentemente no fue nada. O fue todo.

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03 octubre, 2006

En busca de Louis Kahn

Louis Kahn y Nathaniel Kahn en 1970

"El proyecto es un acto circunstancial (que depende de distintas posibilidades), la forma no puede estar supeditada a condiciones circunstanciales. En arquitectura la forma caracteriza una armonía de espacios apropiados para determinadas actividades humanas." -Louis Kahn

El maestro cuyas sólidas ideas influenciaron a toda una generación de arquitectos, fue hallado muerto a los 73 años el 26 de marzo de 1974 de un ataque cardíaco en los aseos de la estación Pennsylvania de Nueva York, cuando regresaba de un viaje de trabajo en India. En su pasaporte la dirección de su residencia estaba borrada y su cuerpo fue enviado a la morgue, donde transcurrieron tres días antes de que alguien se presentara a reclamarlo. Qué muerte más injusta y terrible para un artista de su talla, qué triste última página en la biografía de un gigante que marcó la historia de la arquitectura en la segunda mitad del siglo XX. Kahn era un tipo especial que había decidido vivir su vida de una manera especial. Queda su legado arquitectónico: un conjunto limitado de obras llenas de enseñanza.

The Salk Institute for Biological Studies La Jolla, California

Había nacido en Estonia en 1901 y ese mismo año sus padres habían emigrado a los Estados Unidos, instalándose en Filadelfia y adquiriendo la nacionalidad americana en 1914. Educado en una rigurosa tradición Beaux-Arts, Kahn estudió arquitectura en la Universidad de Pennsylvania y viajó por Europa hasta adquirir un estilo propio, reinterpretando el Estilo Internacional, destacando un enorme interés por la luz y los materiales y, sobre todo su capacidad para involucrarse en los proyectos como si en cada uno de ellos le fuera la vida.

Biblioteca de la Academia Phillips Exeter, New Hampshire

La obra de Louis Kahn no es precisamente extensa, sin embargo cada proyecto suyo ha ejercido una enorme influencia sobre arquitectos de todo el mundo. En palabras del arquitecto I. M. Pei: "Tres obras maestras significan mucho más que haber proyectado 50 o 60 edificios". Ese era Louis Kahn, un artista universal en busca de la excelencia, lo demás no le interesaba. A destacar: Instituto Salt (La Jolla, California 1959-65); Laboratorios Richards de Investigación Médica (Filadelfia, 1959-65); Asamblea Nacional de Dhaka (Bangladesh, 1962-74); Museo de Arte Kimbell (Texas, 1967-72); Centro de Arte Británico de Yale (Connecticut, 1969-74); Indian Institute of Management (Ahmedabad, India 1974).

Asamblea Nacional de Dhaka, Bangladesh

Su vida privada encierra tantos misterios como la genialidad de su obra. En su obituario dijeron que le sobrevivían su mujer Esther y su hija Sue-Ann. Sin embargo Kahn mantuvo durante su vida tres familias con tres mujeres diferentes. Así que había otras dos mujeres, y dos niños más, una niña, y Nathaniel, hijo de la arquitecto Harriet Patterson. Nathaniel tenía once años cuando su padre murió, así que sus recuerdos del maestro de la arquitectura se reducen a las visitas semanales que Kahn le hacía y cuando se lo llevaba de excursión en ocasiones. A finales de los noventa, Nathaniel decidió explorar la vida y obra de su padre, una suerte de viaje al corazón del hombre que le había dado la vida y del que desconocía casi todo. De su empeño personal de casi cinco años surge My Architect: a son's journey, una película documental hermosa y conmovedora, que nos acerca a Louis Kahn, el hombre y el mito, una producción brillante por la que Nathaniel Kahn fue nominado al Oscar en 2003. Vean este fragmento del film (el comienzo), en el que Phillip Johnson compara la grandeza de Kahn con la de Le Corbusier, Van der Rohe y LLoyd Wright, y juzguen ustedes mismos.

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30 septiembre, 2006

La Conexión del Arco Iris

Los arco iris son tan asombrosos que logran mantenernos mirándolos fijamente. No hay dos arco iris iguales; cada cual ve el suyo propio. La última vez que vimos el arco iris tú estabas al otro lado del mundo. Separados por la distancia y por una cortina de lluvia atravesada por el sol. Pedí tu nombre escrito en el arco iris y me fue concedido; no sé si tu pediste el mío, ni si se te cumplió. Escuché unas voces que decían mi nombre; tal vez las mismas voces te clamaron a ti el mío. Durante unos instantes estuvimos unidos por la conexión del arco iris. Solías decir que los arco iris no eran más que visiones, ilusiones que se desvanecen. Yo te respondía que no; que los arco iris te permiten imaginar a alguien allá donde nace su fuente multicolor. Puedes creer en ellos o no, pero los arco iris no tienen nada que ocultar, son transparentes. Me pregunto por qué no estás hoy ; tal vez porque la conexión del arco iris entre nosotros murió. Espero algún día volver a ver un arco iris con tu nombre. Sigo escuchando esas voces; las he oído demasiadas veces como para ignorarlas. Sueño con sentir otra vez la conexión del arco iris, como anhelan encontarla los soñadores y los que aman.


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26 septiembre, 2006

Regalo de aniversario


Susan lo tenía todo planeado. Aprovecharía la hora del almuerzo para darse un salto. La tienda estaba situada en Lexington Avenue, a cinco paradas de metro desde Union Square. Se habían conocido allí exactamente hacía un año. Ambos ojeaban objetos de regalo, se tropezaron, se pidieron disculpas, se sonrieron y habían terminado tomando café, y lo que ocurrió luego perdura hasta hoy. Así que para Susan aquel lugar guardaba un significado especial, allí su vida había cambiado para siempre, al menos eso es lo que le gustaba pensar cuando los fantasmas del pasado acechaban su equilibrio emocional. Calculó minuciosamente cuánto tiempo le tomaría la travesía subterránea. Deseaba comprar allí el regalo de aniversario, sentía que haciéndolo así todo adquiría un carácter mágico. Estaba feliz y hacía un día que parecía hecho a su medida: el cielo despejado, la plenitud del sol, el aire limpio y el bullicio de las calles llenas de gente que iban y venían.

Primera parada: calle 23, y Susan pensaba en él. Lo imaginó trabajando en su bufete de abogados, ajeno al plan que ella había trazado, mediante el cual supuestamente habían quedado para ir al cine, sólo que al encontrarse ambos en la taquilla Susan le diría que se sentía un poco mareada y que la acompañara a algún sitio a sentarse y tomar un vaso de agua, con la sorpresa de que justo al lado del cine se encontraría el restaurante francés en el que ella misma había realizado una reserva para celebrar que llevaban un tiempo juntos: doce meses de citas amorosas, de escapadas improvisadas, de confidencias y de complicidad mutua.

Próxima parada: calle 28, y Susan recordaba como algo lejano aquella pesadilla en que se había convertido su vida anterior: el desánimo, el cielo a menudo gris, el llanto infinito, las malditas pastillas, elementos todos de una nube negra que gracias a él se había disipado. No le importó que el resto de pasajeros la observaran riéndose sola mientras decretaba que su vida se dividiría en antes de él y después de él. Del antes de él ya no quería saber nada, y del después de él quería pensar que duraría siempre porque sentía que estaba disfrutando plenamente. Sólo el ruidoso golpe de las puertas del vagón la ausentaba por instantes de su mundo de dos, haciendo que fijara su vista en la pegatina roja que advertía de lo peligroso de apoyarse allí con el tren en marcha.

Próxima parada: calle 33, y Susan decidió qué ropa se pondría esa noche: tal vez el vestido negro con aquel precioso broche dorado en el escote, o algo más sencillo -una falda y una camisa con la chaqueta a juego- aunque pensaba que quizás desentonaría con el elegante traje y corbata a juego que llevaría el guardián de sus sueños. Deseaba estar guapa para él, veía muy justo complacerle hasta en los detalles más insignificantes, hacía por entregarse totalmente al amor entre ambos. También recordó que había pedido hora en la peluquería, confiaba en que su estilista recordase cómo la había peinado justamente hacía un año, aquel día en que él se había fijado justamente en su cabello y le había dicho lo hermoso que lo tenía, y ella -acusando timidez y coquetería- había omitido darle explicaciones al respecto, acompañando su sonrojo con una sonrisa.

Próxima parada: Gran Central, y Susan soñó con que tal vez él le diría durante la velada eso que ella tanto ansiaba escuchar: le pediría que fuera su esposa y le confesaría que la amaba más que a nada en el mundo y que deseaba tener niños y criarlos junto a ella en una casita familiar a las afueras, quizás en New Jersey. Más de una vez en todo este tiempo había jugado a fantasear fabricándose una película muy ajustada de cómo sería su vida con él: la casa familiar, las travesuras de los niños, las vacaciones, y también la navidad, una fecha que últimamente sólo deseaba que pasara lo más pronto posible.

Fin de trayecto, y antes de poner un pie en la calle Susan se detuvo un instante justo al final de las escaleras de Lexington. Alzó la cabeza dejándose calentar por el sol que lucía entre los edificios de Manhattan, respiró profundamente y -sintiendo pasar la gente a su lado- cerró los ojos y se prometió a sí misma que nunca más renunciaría a la felicidad, ese estado de plenitud que tanto se había hecho esperar pero que al fin había alcanzado al conocerlo a él, ese ser maravilloso que le había devuelto las ganas de despertar cada mañana, que le había hecho perder el miedo cuando se aproximaba la noche, que le había devuelto las fuerzas para enfrentarse a la vida. Y Susan estaba orgullosa de haber seguido sus lecciones con dedicación. Tanta, que se había acostumbrado a esperar su llamada telefónica en el trabajo, y mientras se decían cosas bonitas ella sacaba del bolso un frasquito conteniendo el perfume tan masculino que usaba él -solía llevarlo a todas partes porque la hacía sentir segura-, lo destapaba, y se dejaba impregnar por su fragancia, sintiendo que estaba junto a él.

No había muchos clientes en la tienda a mediodía, así que no hubo problema en que la encargada -a quien Susan se tomó la molestia de contar la historia del feliz encuentro-, le fuera mostrando objetos que podían ser de su interés. A Susan le gustaba ojear con detenimiento, analizar las posibilidades de cada elección, hasta que dio con un lujoso estuche de complementos vinícolas que pensó que él adoraría, pues era un gran amante de la buena mesa y de los mejores vinos. La encargada puso su mejor sonrisa e hizo la previsible observación de que la elección había sido todo un acierto y luego le pidió que la acompañase al mostrador. Al salir del pasillo para dirigirse a la caja central Susan miró hacia la derecha por pura inercia, en uno de esos barridos visuales que uno hace cuando se dirige a un lugar determinado y de camino distrae la mirada unos instantes. Al fondo estaba la sección de joyería, justo el rincón de la tienda que ella tenía grabado en su memoria. Se detuvo un momento ensimismada, dándose tiempo a rememorar detalles del feliz encuentro. Mientras pensaba embobada no pudo evitar fijarse en una escena muy concreta: había una pareja de espaldas examinando bisutería. Contemplando aquella pareja Susan esbozó una sonrisa al trazar un paralelismo imaginario con su propia historia. Unos segundos después la pareja se dio la vuelta y Susan pudo ver sus caras. ¡No por Dios! —exclamó sobresaltada alzando la mano izquierda hasta su boca para atenuar el eco del grito. Se quedó paralizada unos cuatro, cinco segundos, no más. Su cuerpo parecía incapaz de moverse, como si sus extremidades desatendieran cualquier orden de su cerebro. Tenía el rostro desencajado. Se dio media vuelta y avanzó hacia la caja aparentando tener una entereza que acababa de perder de súbito. Le temblaban las piernas, la frente se le calentó y su cara se ruborizó por completo. Abonó el regalo sin mediar palabra, haciendo esfuerzos para no dirigir la mirada hacia el lugar señalado, debatiéndose entre la incredulidad y el deseo huir sin que nadie la abordara ni se dirigiera a ella. ¿Se encuentra bien? —preguntó la encargada al entregarle la bolsa de la compra. Susan no podía articular palabra. Se puso las gafas de sol con torpeza y salió corriendo sin recoger el cambio. Camino del metro sintió vértigo y le invadió un sudor frío, con un vacío inmenso en el estómago y un sentimiento de dolor como si le arrancaran las entrañas. Entonces un millón de lágrimas —compañeras de batalla esperando la ocasión de intervenir— se derramaron de sus ojos, precipitándose por toda la extensión sus mejillas. Siguió andando y entre sollozos se desprendió casi sin fuerzas de un "¿por qué…?" que le salió del alma.

Aún tuvo tiempo de depositar la bolsa conteniendo el regalo en una papelera -con ese gesto conmovido de quien deja unas flores sobre la tumba de un ser amado que se ha ido para siempre- antes de perderse por las escaleras del suburbano, como animal asustado que huye a refugiarse en su madriguera hasta que pase la tormenta.
©Ignatiusmismo 2006.

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22 septiembre, 2006

Canción para un tipo solitario

Eres joven e intentas no ser distinto, intentas sobrevivir; intentas ser igual a los demás, hasta que te das cuenta de que estás hecho de otra manera; así que el anonimato se convierte en un refugio. Un día te levantas y te has convertido en uno de los otros, has crecido; y te sientes cómodo en ese mundo mientras habitas en él en solitario; y te preguntas si alguna vez alguien te reconocerá tal y como eres; y te cuestionas si no es demasiado tarde para que alguien desee averiguarlo...



Tienes que esperar / que haya alguien para ti / tan extraño como tú / alguien que encaje / con las cosas que haces / sin que ello resulte dificil / porque sabes como distorsionar la verdad / hasta que encaja contigo mismo / esas cosas que mantienes / A tu alrededor / nunca sabes lo que te van a reportar / si tu vida va tirando pero sin ti / eso es el final de las cosas, sabes / aquí vamos / Tienes que saber / que hay más en este mundo / de lo que has visto / porque nosotros todos / tenemos una vision limitada / de lo que pueda suceder / cada vez que avanzamos / con nuestras cegueras encima / cada uno de nosotros un poco desamparado / sin poder entenderlo o explicarlo / cada uno de nosotros en un planeta distinto / en medio de todo, yendo hacia y viniendo desde / alguien puede decir hola / aquí vamos / sintiendo que alguien te toma en serio / bueno es algo a lo que nadie / pondría pegas / podría ocurrir hoy así que te sugiero / que abandones tu costumbre de marginarte / es el final de las cosas, sabes / aquí vamos / alguien puede decir hola / tú, viejo así y tal / aquí vamos.

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11 septiembre, 2006

Elaine (September 11th, 2001 in memoriam)


Han transcurrido cinco años desde que te fuiste, Elaine, y ni un solo día he dejado de pensar en ti, me es imposible. Nuestro hogar, en el que tantos momento felices pasamos juntos, permanece rodeado de recuerdos tuyos que no he querido retirar, porque sé que en ellos habita la semilla de todo aquello bueno que tú sembraste: un matrimonio feliz, y unos niños maravillosos.
Conservo registrada en mi memoria tu llamada telefónica del 11 de septiembre de 2001, el día en que me dijiste adiós con un un hilo de voz que nunca antes te había oído. Guardo para mí cada una de las palabras que dijiste, cada golpe de aliento tuyo, cada recuerdo sonoro de aquella conversación, por amargo que fuera. Yo en aquel momento no conocía la gravedad de los hechos -más tarde lo supe-, y tú estabas asustada -tengo miedo, dijiste-, con la respiración alterada. Fuiste siempre una persona muy fuerte, de las que no se asustaban fácilmente. Quiero pensar que mis palabras de aliento te ayudaron a mantaner la calma mientras el final se aproximaba. Mantuve la esperanza de que pudieran llegar hasta donde estabas y te sacaran de allí sana y salva. Yo no estaba viendo las imágenes de televisión, hablaba contigo desconociendo completamente la magnitud de la catástrofe. Tal vez fue mejor así, de haber sabido más el pavor se habría apoderado de mí más que de ti y me habría venido abajo. Tuviste el arrojo de decirme que ibas a morir, y yo, ingenuo y esperanzado, te hice ver que todo saldría bien y que volveríamos a estar juntos con nuestros hijos. Pero tú, comprendiendo que sería la última vez que te dirigías a mí, quisiste decirme que me querías y que querías mucho a los niños, que no olvidara decírselo. Yo -quebrándoseme la voz- te dije que te amaba, y que no te preocuparas más que de ponerte a salvo. Cuando colgué el teléfono estaba muerto de miedo.
Solías salir a la calle a tomar café. Era una una obligación que te impusiste a ti misma cuando te ascendieron. No siempre pero en ocasiones, si no tenías reunión a primera hora telefoneabas a tu amiga, la publicista de la planta 66, y te reunías con ella en el Lobby. Os encantaba ese paseo de confidencias al aire libre, sobre todo cuando el sol brillaba con fuerza en el cielo del bajo Manhattan. Ese día no lo hiciste, amor, no sé por qué razón. Algún asunto de esos que se te daba tan bien solucionar te retendría a primera hora de la mañana en la torre sur del World Trade Center, en tu despacho de la planta 97, desde donde solías telefonearme a diario para desearme buen día o gastarme la broma de que alcanzabas a divisarme si mirabas hacia New Jersey. Desde allí pudiste observar un horror que al principio te era ajeno, y que más tarde te arrinconaría irremediablemente, con la lenta agonía de las malas noticias que se ven venir y que no tienen solución. Habría dado cualquier cosa por cambiarme por ti. Porque tú eras necesaria en la vida de nuestra familia más que yo. El destino ha dispuesto que no sea así. Qué injusto. Desconozco las circunstancias que te impulsaron a saltar al vacío mi amor, tal vez caíste porque te faltaba ya el aliento y te flaqueaban las fuerzas. Pero era muy propio de ti no haberte querido dejar atrapar por el horror y haber preferido escapar de él como un ave que huye espantada de su nido y se siente libre surcando el cielo en busca de otra guarida. Yo no habría tenido el valor para hacerlo pero tú, una vez más, fuiste fiel a ti misma. Afrontaste el peligro sin dejar que el espanto te arredrase. Eras fuerte frente a la adversidad y hacías que yo me sintiera seguro a tu lado. Dijeron que tu cuerpo yació en la acera unos minutos antes de ser sepultado bajo la nube de polvo, y que había rastro de otras desesperadas caídas en los alrededores. Tengo para mí, Elaine, que mientras tu alma se desprendía de ti súbitamente tuviste que sentirte felizmente liberada de toda aquella angustia. Sé con certeza que alcanzaste la paz por unos instantes antes de separarte de mí para siempre. Desde entonces, amor, tu ausencia llena cada día y cada minuto de nuestras vidas -la mía y la de nuestros hijos-, que nunca volverán a ser las mismas que eran antes. Lo mismo que Nueva York, que ya no es la ciudad que solía ser, porque la han cambiado para siempre.
©Ignatiusmismo, 2006.

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09 septiembre, 2006

La chica de la habitación 714

La chica de la habitación 714 con vistas a la piscina aparentaba estar muy segura de sí misma mientras terminaba de quitarse el maquillaje. Luego de una ducha de agua tibia y un minucioso cepillado de dientes, se sentó en la cama con las piernas cruzadas disponiéndose a escribir algo en su diario. Encendió un cigarrillo que había extraído del primer cajón, cerró los ojos y se quedó inmóvil durante unos instantes fantaseando sobre su brillante porvenir. En su muñeca derecha, un precioso reloj de marca que ese mismo día le habían regalado señalaba casi la medianoche. La jornada había sido intensa: ensayos, entrevistas, pruebas de vestuario, desfiles, visitas protocolarias. Así cada día desde hacía una semana cuando había llegado a aquel exclusivo hotel situado en la costa. En el mueble aparador, junto al televisor, una carpeta negra con el anagrama del concurso grabado en blanco contenía la agenda que ponía en orden sus actividades. Abierta por el día Sábado, quedaba únicamente una hoja por pasar, lo que significaba que faltaba una sola jornada por cumplir. Junto a la carpeta, reposaba una tarjeta de visita con un teléfono anotado a mano. En la mesita de noche una preciosa lámpara de porcelana floral iluminaba un best seller de tapas duras recién empezado, según delataba el marcador que sobresalía. Junto al libro, un elegante teléfono a juego con el resto de los elementos decorativos de la estancia, llevaba un rato esperando ser atendido.

—Hola mamá.

—¿Cómo te ha ido, querida?

—He tenido un día agotador

—Lo sé, cariño, piensa que mañana es el último.

—Sí mamá, mañana se sabrá si lo he hecho bien.

—Sabes de sobra que lo has hecho bien. Este era tu sueño y te has preparado para ello. Tu padre y yo estamos muy orgullosos de ti, y tus hermanos…

—Lo sé mamá, aunque no soy la única que se ha preparado bien. La competencia es atroz.

—Oh, no pienses en ello, cariño, sé tu misma. Ellos sabrán apreciar todos tus encantos…

—Eso espero, esto está siendo realmente duro para mí, pero es mi sueño y voy a hacer por conseguirlo.

—Seguro, cariño. Tengo que colgar. No olvides que te queremos…

—Gracias mamá. No lo olvido. Buenas noches.

Colgó el teléfono y permaneció estática por unos instantes, observando la imagen de su familia en un pequeño marco que siempre llevaba consigo. Pasó el dedo índice muy despacio sobre el cristal del marco, acariciando ensimismada la imagen de los suyos. Cuando llamaron a la puerta su rostro cambió por completo. Era el sonido claramente definido de unos nudillos golpeando a la altura de la mirilla. Antes de levantarse se detuvo a pensar unos instantes. Luego se humedeció los labios dando un trago al vaso de agua que había en la mesita, se retocó frente al espejo y atenuó las luces antes de abrir la puerta…

Al día siguiente la voz impostada de un presentador de variedades, presuntamente embargado por la emoción, proclamó que ella había sido elegida la mujer más bella del país. Y en el momento de ser coronada, en medio de una salva de aplausos, una tímida lágrima -cuyo verdadero significado solo ella conocía-, se derramó por su preciosa mejilla.
©Ignatiusmismo, 2006.

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07 septiembre, 2006

Últimos días de Verano


Últimos coletazos estivales; últimos días sin calendario; últimos baños de mar salada; últimos atardeceres lindos; últimos paseos de brisa marina; últimas miradas furtivas; últimos rayos de fornido sol; últimos castillos en el aire; últimas noches de clara luna; últimos besos robados; últimas ventanas abiertas de par enpar; últimas tentativas de trasnochar; últimos pensamientos vacíos; últimas olas llenas de espuma; últimas sombrillas y toldos; últimos cafés granizados; últimas almohadas humedecidas; últimas confidencias al aire libre; últimos despertares serenos; últimas horas de holgazanería; últimas veces entre tú y yo; últimos cielos desnublados; últimos planes de excursión; últimos tragos descontrolados; últimos sueños a todo color; últimas sobremesas prolongadas; últimos cuerpos deliveradamente exhibidos; últimos amores adolescentes; últimas fragancias de coppertone; últimas toallas tendidas en la arena; últimos días de urbes deshabitadas; últimas almas en bikini; últimos saludos de forasteros; últimos sudores sin esfuerzo; últimas noches de desenfreno; últimos sonidos ipnóticos; últimos rostros tiznados; últimas palabras sentidas; últimos arrebatos sedientos; últimas lecturas soleadas; últimos vehículos descapotables; últimas piscinas clorificadas; últimos mercadillos callejeros; últimos pies desnudos; últimas confesiones espontáneas; últimos deseos cumplidos; últimos ecos de tu nombre.


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06 septiembre, 2006

¿Me borrarías de tu memoria?


Has usado el comodín, vida,
y como si fuera un mal recuerdo
me has borrado de tu memoria.
Puedo pensarte, sentirte, olerte,
tu en cambio no te percatas de mí
como si no me hubieras conocido.
Tu huella sigue viva en mí,
la mía te ha sido arrancada.
Renaces en busca de la felicidad,
la misma por la que yo muero .
Tan solo tengo un comodín,
que de usar borraría de mí
lo que me queda de ti.
***

"El brillo eterno de la mente inmaculada" (Eternal sunshine of the spotless mind), una cita tomada de un poema de Alexander Pope, en el que se hace referencia a la plena felicidad alcanzada en una vida sin recuerdos dolorosos.

Imaginemos un futuro en el que tecnológicamente fuera posible borrar de nuestra memoria todo aquello que quisiéramos. Una suerte de borrado selectivo de las pistas de un disco duro, relacionadas con aconteceres del pasado que nos generen dolor por la razón que sea.

En una aplicación consentida de la técnica -dejando a un lado los usos perversos de la misma (reflejados por Jonathan Demme en su película El mensajero del miedo)-, correspondería al individuo decidir qué determinación tomar, valorando el posible alcance de semejante práctica: ¿Eliminar personas?, ¿eliminar hechos dolorosos?, ¿eliminar conocimientos adquiridos?, ¿eliminar momentos felices para vivirlos otra vez?, ¿eliminar todo?, ¿no eliminar nada? Borrando de nuestra memoria esos recuerdos... ¿no perderíamos más al hacerlo? ¿No forman parte esas cicatrices del "adn" de nuestro carácter? ¿No perjuicaría a nuestra personalidad la falta de esos recuerdos? Y puestos a modificar, ¿por qué no añadir también información a nuestra memoria? Sin duda estamos ante un asunto polémico...
¿TÚ QUÉ HARÍAS?


OLVIDATE DE MI
Una película de Michael Gondry, basada en un guión original de Charlie Kaufman

Joel y Clementine se habían conocido en un vagón de tren. Un cruce de miradas había bastado para que la chispa saltara entre ellos, aunque son muy distintos el uno del otro. Él es extremadamente introvertido y le cuesta articular palabra, mientras que ella es un volcán en erupción, impulsiva y de comportamiento extravagante. El caso es que conectan y se hacen inseparables por unos años.


Un día Joel recibe la noticia de que Clementine le ha dejado, suponemos que como resultado de una situación insostenible a ojos de ella. Pasan los años y Joel siente que, pese a los momentos amargos vividos, debería volver a intentarlo con Clementine. Pero al ir a buscarla al trabajo se encuentra con que ella tiene otro novio, y que además actúa como si no le conociera de nada.

La casualidad hace que caiga en manos de Joel una carta dirigida a su ex-novia. En ella, el Dr. Mierzwiac le rinde cuentas a Clementine del proceso que le ha practicado a petición suya, recordándole que la operación tiene carácter irreversible y que tal hecho debe permanecer en el mayor de los secretos. La carta detalla que la operación tuvo por objeto borrar de la memoria de Clementine todo rastro de Joel así como de su relación afectiva, haciendo tabla rasa, y permitiendo que Clementine siguiera con su vida sin el más mínimo recuerdo de aquella relación.


Desesperado por las consecuencias del hallazgo, Joel acude al Dr. Mierzwiac para que le practique la misma operación, borrando así a Clementine de su memoria. Sin embargo, durante el proceso de borrado selectivo de recuerdos, Joel descubre que hay recuerdos que no se borran debido a su gran amor por Clementine. Desde lo más profundo de su cerebro, intenta frenar el proceso que, de culminar, haría que Clementine no existiera nunca más para él...

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02 septiembre, 2006

La versión de Joyce Maynard


Joyce Maynard, de 53 años, la autora de To die for, cuya plasmación al cine lanzó a Nicole Kidman, es sin embargo conocida en todo el mundo por haber sido la jovencita que cautivó al mismísimo J.D.Salinger. Todo empezó en 1971, Maynard estudiaba en la Universidad de Yale y escribía artículos con sólo dieciocho años. Uno de ellos –An eighteen year old looks back on life-, fue publicado por el New York Times Magazine, con una gran repercusión. Entonces Maynard recibió una carta de Salinger, de 53 años, en la cual le felicitaba y le advertía de los peligros de la fama. La carta fue correspondida por la joven, que poco después visitó al gran escritor en su casa de Cornish, New Hampshire. Maynard dejó la universidad y se quedó a vivir allí durante diez intensos meses. Luego, Salinger se cansó de ella y la rechazó con desprecio. Se separaron para siempre.

Es conocido el recelo del consagrado autor de El guardián entre el centeno a compartir cualquier detalle sobre su vida. Durante 40 años, los mismos que lleva sin publicar una sola línea, su imagen no ha aparecido en ningún medio de comunicación, ni siquiera en las tapas de sus libros por indicación suya. Apenas se sabe nada de su vida e incluso hay quien duda de que esté vivo.

Durante mucho tiempo Maynard rehusó hablar del asunto “Salinger” pero en 1998 publicó
Mi Verdad, autobiografía en la que daba su versión de lo sucedido con J.D.Salinger, dejando en muy mal lugar al que había sido su mentor. Para colmo, decidió vender las cartas privadas que el escritor le había enviado a lo largo de su relación por 125.000 dólares, entonces dijo que por motivos económicos. Eso desató las iras de los seguidores del novelista, hasta el extremo de que el Creador del Antivirus Norton, Peter Norton, fanático del escritor, decidió comprar las famosas cartas para devolvérselas a su propietario.

-Joyce, usted un buen día destapó la caja de los truenos hablando públicamente de J.D.Salinger, el escritor que había sido su ídolo…
-Después de mucho tiempo callada, necesitaba poner las cosas en su sitio.
-Salinger permanece recluido desde hace muchos años sin querer hablar con la prensa, que alguien ofrezca datos de su vida debe de valer mucho dinero…
-Fue lo que pensaron en su momento, aunque lo que me impulsó a hacerlo fue poner la verdad en su sitio. Necesitaba dar un sentido a mi vida. Una vez Salinger me despachó, pasé mucho tiempo en silencio, por fidelidad por una parte, y por miedo por otra. Miedo verdadero a convertirme en el blanco de su ira.
-¿Es cierto que con 18 años usted lo dejó todo para ser la amante de un hombre que la apartó del mundo, así ve usted lo sucedido?
-Ese hombre cambió y marcó mi vida de tal forma que no me he sentido libre hasta que he escrito ese libro. Para mí fue un poco como una muerte. He pasado muchos años bajo el yugo de la sombra de la persona a la que más he admirado en mi vida, más que a ninguna otra. Cuando ya no estaba con él, he seguido creyendo mucho tiempo que sus actitudes y sus pensamientos eran los válidos. He sentido la opresión de su censura silenciosa sobre cada uno de mis actos. Necesitaba liberarme de ello.
-Siempre se refiere a él como “ese hombre”… ¿tanto odio siente por él?
-Ahora sólo siento indiferencia.
-¿Cómo consiguió Salinger digamos “captarla”?
-Se presentó ante mí como mi alma gemela. Me dijo que era el poseedor de toda la sabiduría y le creí.
-¿Y cómo era en realidad?
-No era más que un neurótico, obsesionado con cuidar su salud, además de hablar mal de todo y de todos.
-¿Por qué diablos decidió en 1997 presentarse en su casa antes de publicar el libro sobre él?
-Fui porque me había bloqueado, y al verle supe que la razón era el terror a ese hombre poderoso...
-¿Cómo reaccionó él?
-Volvió a demostrarme el mismo desprecio que entonces.
-¿Y usted que conclusión extrajo del breve encuentro?
-Ya no me pareció sino un amargado, cruel, viejo, triste, trágico… Entonces supe que todo había terminado.
-A raíz de la publicación de sus cartas, usted supo que hubo otras mujeres en la vida de J.D….
-Es un hombre que ha pasado su vida obsesionado con la juventud y las chicas jóvenes.
-Su libro fue el blanco de todas las críticas, incluso se la comparó con Monica Lewinsky. No le parece que eso significa que Salinger es un escritor muy apreciado en todo el mundo...
-Me mostraron como una depredadora. Es triste para las mujeres que tengamos que callar si por hablar de alguien poderoso podemos turbarle.
-En el libro usted desgrana con todo tipo de detalles la crueldad y humillación a la que, según usted, Salinger le sometió, sin embargo, hay quien considera su relato banal y oportunista…
-Que cada uno saque su propia conclusión. Yo me he limitado a escribir mi verdad. Si ese hombre quiere escribir un libro, que lo haga. Seguro que se lo publican.

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01 septiembre, 2006

Liki


Le conocí a principios de esta semana. Me lo encontré en el parque al que suelo acudir a diario. Vestido con equipaje de fútbol, llamaba la atención verle hacer maravillas con la pelota a lo Ronaldinho. Me acerqué a él y le saludé. Me sonrió y me devolvió el saludo. Se llama Liki, tiene 21 años y es de Guinea Conakry. Le he preguntado si juega en algún equipo y me ha dicho que sí. Bueno, que jugaba en un equipo de un pueblo de las afueras pero que no le pagaban ni para el autobús. Era un equipo aficionado, así que prefirió dejarlo y entrenar por su cuenta. Me ha parecido realmente bueno con la pelota, aunque sólo le he visto hacer virguerías, pero le he imaginado dominando el centro del campo, posición en la que me ha dicho que le gusta jugar, repartir el juego. Quise saber si se había ofrecido a algún equipo. Dijo que no sabía cómo hacerlo. Que había acudido al finalizar un entrenamiento del equipo local donde milita un jugador de un país fronterizo con el suyo. Y que éste se lo había sacudido de encima, le había dicho que él no sabía cómo podía ayudarle, que se quitara el fútbol de la cabeza. Pero Liki no quiere renunciar a su sueño. No entiende como un ser humano que ha sufrido igual que él, un compatriota como quien dice, alguien que lo ha pasado mal hasta llegar adonde está, no quiera ayudarle. ¿Temor a que su bienestar se tambalee o a que el fútbol español se tiña de africanos ávidos de triunfo? Entonces pensé en la doble cara de la inmigración. Algunos, cuando salen adelante, olvidan que alguien les ayudó en su momento y no se brindan a auxiliar a otros. Pero a Liki eso no le importa. Allí estaba con su gran sonrisa, explicándome en voz alta sus ilusiones. Quise preocuparme por si tenía los papeles en regla pero él se adelantó, pensé luego que tal vez por ese miedo a la denuncia que les acompaña siempre, y me dijo que “papeles todo bien, todo bueno”. Me interesé por si disponía de tarjeta sanitaria, y me dijo que sí. Que una familia local –bendita familia- le ayudaba desde que había llegado a esta ciudad. Que solía hacer trabajos de carga y descarga para una cadena de supermercados. No pude reprimirme a preguntarle si le pagaban, pues recientemente había oído en las noticias cómo individuos desaprensivos utilizaban a los inmigrantes para trabajar de sol a sol en las huertas y ni siquiera les pagaban, bajo la amenaza de denunciar su carácter ilegal. Qué canallas, recordé. A Liki le pagan por su trabajo –bendita familia-, así que después de todo lo que ha pasado (y que algún día tal vez me cuente) hace una vida aproximadamente igual que cualquier chaval de su edad de los que no tuvieron la necesidad de subirse a una barca para buscarse la vida o morir. No creo que estudie, se expresa en español con esa dificultad del extranjero que hace que el interlocutor sufra. Te entiendo, no paré de decirle para que no se pusiera más nervioso todavía. Algunas palabras las dijo en francés, idioma adoptado en su país por haber sido colonia francesa hasta 1958. Hoy Guinea Conakry atraviesa uno de sus peores momentos. Refugiados de Liberia y Sierra Leona han invadido algunas zonas del país huyendo de las masacres de las guerrillas rebeldes, mientras la comunidad internacional mira a otro lado. Estuvimos hablando un buen rato, luego le dejé continuar con su entrenamiento y me fui a casa pensando en él. Al siguiente día volví a verle. Y al siguiente. Adiós Liki, digo al pasar… Adiós amigo, me contesta siempre… Desde entonces, Liki forma parte de mi acontecer más o menos diario, espero que por algún tiempo.


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30 agosto, 2006

Alejandra Pizarnik

Nacida en Buenos Aires en 1936, hija de emigrantes rusos devenidos burgueses en el país andino. Alejandra tuvo una infancia triste, era una niña introvertida, dominada por las fantasías y los miedos. En 1954 ingresa en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y un año después publica su primer libro de poemas, La tierra más ajena. En 1956, publica La última inocencia dedicado a León Ostrov, su psicoanalista de muchos años y de quién, según testimonios, estuvo enamorada. En 1958 publica Las aventuras perdidas, que lleva una ilustración de Paul Klee, su pintor favorito. Su mundo es generalmente amargo. Una vida definida como un dolor vehemente, una absoluta desesperación. Entre 1960 y 1964 se instala en París, e inicia una etapa de maduración personal, que hará que pertenezcan a esta época la mayor parte de sus poemas antológicos. Allí conoce a Octavio Paz y a Julio Cortázar, amistades que mantiene hasta su muerte. En el año 1965 regresa a Buenos Aires, es el inicio de su periodo de obsesiones y delirios, pero no se harán evidentes hasta la última etapa de su obra, marcada por la melancolía y la sombra de la locura anterior a su muerte. Su vida termina en un abandonarse lentamente a su peor enemigo: ella misma. Se suicida el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, de una sobredosis de somníferos.
LA NOCHE
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa deliray grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.
(Las aventuras perdidas, 1958)

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29 agosto, 2006

Cosas que detesto


Detesto la actitud condescendiente de los poderosos sobre los débiles; a los Lobbys -icluidos los de carácter religioso-, porque su objetivo es dominar nuestras vidas; a los trepas, gente que tiene que pisotear al de enfrente antes de que el de enfrente lo haga con ellos; a las mismas caras, los mismos gestos, las mismas conversaciones en todas partes, en la tele, en los periódicos, en la calle; a los comentaristas deportivos, con su verborrea barata de fanático de folclóricas; a Almodóvar, sólo por el hecho de que les guste a los franceses; estar detenido en un semáforo y que el "bakala" del vehículo de al lado tenga la música a todo volumen y las ventanillas abiertas; los centros comerciales, venga familias enteras para elegir el detergente; a la gente que dice “mira un negro” pero no dice “mira un blanco”; a los “pijos” porque ellos lo valen, te lo juro por el cocodrilo de Lacoste; a los tipos que exigen que les hables de usted porque no te conocen o no te han otorgado la confianza para hacerlo; a las reuniones de vecinos, donde todos sacan al parlamentario que llevan dentro; a los presentadores de las noticias, con esos gestos impostores mientras piensan dónde esquiar el próximo fin de semana; a Catherine Deneuve, toda una vida en ese espacio indefinido que hay entre "puta o princesa", que diría Esquitín; a las series de ficción españolas, tan mediocres que hacen que el culebrón venezolano parezca Twin Peaks a su lado; a la masa de turistas que entorpecen el paso en el mercado los sábados, sólo van a fisgonear (eh jefe, el género no se toca); a quienes no paran de pisarse en una conversación, porque no conocen el sagrado valor sintáctico del silencio; a los niños que parecen viejos, espoleados por unos padres muy estúpidos; a la gente rica que lo es por ser miserable con los demás no porque les haya tocado la lotería; a la impunidad de los abusos policiales, aunque sea un cállese o le denuncio por desobediencia a la autoridad; a quienes con información sesgada quieren lograr que yo deteste o idolatre a otros; a los bancos que cierran los cajeros automáticos de noche para que “ningún pobre de mierda” duerma en ellos; a las pegatinas de los autobuses que te exigen amablemente que les cedas el paso por el morro; al anochecer de los domingos, porque me hace sentir desamparado; a los camatas, esos dechados de cultura, cuando se ponen confianzudos con la chica de la mesa de al lado; a los turistas que en el Louvre prefieren fotografiar a la Gioconda para enseñársela a sus suegros que disfrutar de la sensación única de estar ante ella; al consumismo gracias a una publicidad machacona y mentirosa, con precios desde, y ofertas 3x2; a los camareros de roma, que dicen que degradan los platos de los turistas y les cobran más caro que a un romano; a las estrellas del fútbol, orgullosos de ser tan adinerados y tan incultos a la vez; a la marrullería de los balcánicos en competiciones internacionales de baloncesto, y la de los italianos en fútbol; al concejal de un municipio pequeño que chupa cámara en una televisión local; a los listos que hablan por el móvil cuando el avión ya está entrando pista; a los taxistas que, en vez de apuntarse a un curso CCC de buenos modales e higiene, se aprovechan de que eres turista para dar mil rodeos y así estafarte; a las cajeras de supermercado que sin haber tenido conocimiento carnal tuyo te llaman “cariño” y te dejan a deber un céntimo; a esas parejas presuntamente bien avenidas que juegan con las palas en las playas, haciéndose la ilusión de que alguien atiende a su crucial partida; a la puta canción del verano y los Caribe Mix, por qué no la canción del otoño o la del frío invierno; a las viejas que llevan los perros a la peluquería y los visten conjuntados y les dan de comer chuletones del club del gourmet; a esas fiestas de los pueblos donde las fuerzas vivas recrean en la plaza mayor retazos de la historia del lugar, y siempre terminan con fuegos artificiales; y a mí mismo claro, por no ser más tolerante a veces con este jodido mundo que me ha tocado vivir.

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28 agosto, 2006

Ausencia


Si te dicen que caí, sigue adelante y no quieras saber cómo. No te detengas bajo ningún concepto. Acelera el ritmo de tus pasos y no mires atrás. Apresúrate. Corre lo más rápido posible para alejarte lo suficiente de mi realidad. Piérdete y más adelante busca un nuevo espacio donde habitar. El tiempo -testigo de cargo de nuestra pequeña azaña- llamará un día a tu puerta y te hará partícipe de los detalles, si entonces quieres oírlos. Escúchale lo imprescindible, no dejes que sus argucias melancólicas te generen dolor. Mientras tanto procura hacer camino, que el peso del recuerdo más próximo no cause en ti más mella de la necesaria. Sé fuerte y aleja de tu mente todo pensamiento dubitativo. Atente a lo convenido sin ambages. Aquello que tú y yo juramos cumplir sí o sí. Tenlo presente en los momentos de confusión y cuando sientas deseos de tirar la toalla. Y que eso te sirva de luz para alumbrar tu camino, que estará lleno de sombras, de trampas, de pasadizos laberínticos, de sendas que no conducen a ninguna parte. No te detengas, sólo para pensar en cómo continuar. Elige un destino a conciencia y avanza con pie firme. Lucha por ello hasta quedar sin fuerzas, hasta la extenuación. Hazlo por ti. Yo ya no estaré a tu lado ni estaré observándote ni velando por ti en la distancia ni estupideces de esas en las que nunca creímos. Luego recomponte como puedas. Piensa más que nunca en ti, reinvéntate de acuerdo a tu nueva realidad. Búscate con el fin de que puedas encontrarte. Y nunca dejes de seguir adelante. Procúrate la felicidad. Y olvídame como es debido.

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Memento

Estamos ante una obra fascinante, con la estructura argumental y narrativa más original que se haya podido ver hasta la fecha. Su complejo desarrollo, su envolvente puesta en escena, y la propia e intrigante trama, hacen de esta película una revelación. Pese a estar completamente desordenada no deja ningún cabo suelto, y consigue mantener el interés del espectador hasta el final. Para saborearla como se merece, hay que verla una y otra vez, hacerse partícipe en su ingenioso juego de rompecabezas, y sentir que se van dando pequeños pasos para terminar de componer el complejo puzzle que plantea.

Memento, escrita y dirigida Christopher Nolan, es una película de suspense producida en el año 2000, ganadora de multitud de premios y mencionada por Internet Movie Database en el puesto número 24 de las 250 mejores películas de todo los tiempos. El guión está basado en un relato llamado Memento Mori (en latín, "recuerda que eres mortal"), escrito por su hermano Jonathan. Una de las mayores peculiaridades de la película reside en su línea temporal, la cual en vez de ser lineal va hacia atrás "a saltos", mostrando según avanza la película las causas de lo ya visto, en vez de las consecuencias. Entre éstas, hay escenas en blanco y negro que progresan en orden normal, pero intercaladas en mitad de la historia. Al llegar al final de la película las escenas en blanco y negro y en color se juntan en un evento final.

Memento es la historia de Leonard, quien sufrió un trauma cerebral que le causó amnesia anterógrada. Leonard es incapaz de almacenar nuevos recuerdos, sin embargo, posee memoria a largo plazo y recuerda cómo realizar las acciones cotidianas. Para "recordar" los sucesos de su vida crea un sistema usando fotos instantáneas para tener un registro de la gente con la cual se relaciona, dónde se hospeda y otros elementos básicos para el desarrollo de su vida. Además de las fotografías, también toma notas y se hace tatuajes con pistas sobre el asesino de su esposa, a veces demasiado ambiguas. Leonard busca vengarse del hombre que violó y asesinó a su mujer, y que le provocó su enfermedad, a la vez que se siente culpable por no haber creído en Sammy, otro personaje que sufrió su mismo problema.

Cronológicamente hablando la historia empieza con Leonard en un cuarto de motel. Mantiene una conversación telefónica con un interlocutor desconocido a quien cuenta la historia de Sammy Jankis. Leonard era un investigador de seguros y uno de sus casos era el de un hombre llamado Sammy Jankis que sufría amnesia anterógrada. Leonard investigó el caso de Jankis y determinó que su enfermedad no era física, sino psicológica, y por tanto exenta de cualquier cobertura de seguro.

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27 agosto, 2006

Pensamientos


Hay días en los que sueño con una vida distinta; y otros en los que deseo permanecer en la que tengo. Hay noches en que cambiaría el mundo. Otras en las que lo dejaría tal como es. Hay veces en que siento que llevo algo dentro que debería explotar; y otras en que lo que llevo dentro me impide desarrollarme. Hay sitios en los que querría estar durante un tiempo; y otros en los que solo estar un minuto me parecería una eternidad. Hay gente con la que me gustaría compartir cosas; y otra con la que sólo intercambiaría palabras. Hay pensamientos que pueblan mi mente constantemente como si la habitaran en propiedad; y otros que nunca pasarán por mi mente ni remotamente. Hay olores que provocan en mí recuerdos hermosos de tiempos pasados; y otros que traen a mi memoria el sabor de la amargura. Hay paisajes que producen en mí sencaciones próximas al sosiego; y otros que apenas apaciguan mis ansias de olvidar. Hay detalles de la gente que me hacen creer en el ser humano; y otros que me generan desconcierto y estupefacción. Hay vidas sencillas que están llenas de verdad; y otras que, por complicadas, son una pura ficción. Hay mares que me envuelven y me rebosan; y otros que solo advierto desde la orilla. Hay momentos que terminan siendo significativos; y otros, a veces los más, que están vacios de contenido.

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26 agosto, 2006

Un poema de Houellebecq

No es eso

"No es eso. Trato de conservar mi cuerpo en buen estado. Quizás esté muerto, no lo sé. Hay algo que habría que hacer y que no hago. No me lo han enseñado. Este año he envejecido mucho. He fumado ocho mil cigarrillos. Me ha dolido, a menudo, la cabeza. No obstante debe haber una manera de vivir; algo que no se encuentra en los libros. Hay seres humanos, hay personajes; pero de un año al otro apenas si reconozco las caras.

No respeto al hombre; sin embargo, lo envidio."

© Michel Houellebecq
Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán


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Las Alas de la Vida


Carlos Cristos. Cincuenta años. Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Comentarista de salud en Radio 5 de Radio Nacional. Investigador. Músico. Patrón de Vela. Piloto de Vuelo Libre. Montañero. Inventor. Y tantas cosas más.

Como médico, Carlos ha tenido que comunicar a sus pacientes diagnósticos muy graves y acompañarlos en su enfermedad hasta el final. Pero un día el doctor Cristos se sentó al otro lado de la mesa de consulta, como paciente. Se le había diagnosticado Atrofia Sistémica Múltiple, una enfermedad degenerativa, invalidante y mortal. Con estos elementos, el director de cine Antoni P. Canet ha realizado un documental de una fuerza conmovedora. La película refleja aspectos de la vida cotidiana del doctor Cristos una vez se ha convertido en paciente, así como sus muy lúcidas reflexiones sobre la enfermedad, la vida y la forma de abordar el tema de la muerte. La aproximación de Canet es sencilla y eficaz: se limita a ser testigo del acontecer diario de la vida de Cristos, dándole voz propia, y añadiendo reflexiones de quienes están a su alrededor.

Llama poderosamente la atención la desdramatización exhibida ante una enfermedad tan dura y demoledora. A lo largo del metraje asistimos al desgaste físico y mental del doctor Cristos, asumido por él desde una actitud resignada, encarando su trance con grandes dosis de pragmatismo científico, huyendo él y los suyos de cualquier sentimentalismo, regalándonos una gran lección de vida.

Estamos ante una persona ante la encrucijada de la muerte, y observamos atónitos cómo, sin rehuirla, la mira a la cara y afronta su inminencia con serenidad y, como él mismo dice: "si es posible, con una sonrisa". El documental nos presenta a un tipo lúcido, encantador, entrañable, ocurrente, sencillo, del que no tardamos en enamorarnos como espectador. Carlos se nos mete en el bolsillo a los diez minutos de metraje, y lo hace tomándonos de la mano para que le acompañemos en su viaje final. Es consciente plenamente de la oportunidad que se le ofrece y no repara en explicaciones y reflexiones sobre su peripecia personal, la cual quiere que sirva de ejemplo, que su testimonio sirva para aclarar lagunas sobre una enfermedad que, por desconocida, aún no tiene un tratamiento. Y va más allá: propone la revisión del sistema de saluda actual, del abordaje de la muerte por parte de los profesionales, de la medicina paliativa, del encarnizamiento terapéutico, etc. Carlos defiende que el desenlace de la vida puede y debe ser confortable y, en uno de los momentos más eminentes del film, nos explica cómo quiere que sea su propio final.

La película ha obtenido el Primer Premio al Mejor Largometraje Documental en la 41ª Semana Internacional de Cine de Valladolid. Un jurado compuesto por la actriz y periodista María Casanova, la historiadora María Luisa Martínez de Salinas, y el cineasta y profesor Juan Millares, justificó su fallo en la "sensibilidad" con que el trabajo "aborda la dureza de una situación en la que el protagonista demuestra una enorme generosidad y una inteligencia que van a la par con el talento cinematográfico del realizador", quien a su juicio invita a la reflexión sobre el sufimiento, el dolor y la dignidad.

Recientemente, el film ha recibido el Premio Valores Humanos "José Couso y Julio Anguita Parrado" 2007, que concede el Festival de Cine y de la Imagen de Fuentes de Ebro en memoria de los dos periodistas españoles asesinados en Irak. Con este galardón el festival aragonés premia los guiones con tema social o aquellos documentales que denuncien la injusticia y/o promuevan la solidaridad. El jurado ha reconocido un documental “que nos habla de la vida, de la riqueza y la coherencia vital de una persona en la antesala de su muerte”, señalando “las pocas veces que se ha visto en una pantalla tanta humanidad y sinceridad”. Asimismo el jurado ha destacado el esfuerzo de su protagonista, Carlos Cristos, quien “es capaz de darnos una lección para la vida”, y ha subrayado también la labor del director, Antoni P. Canet, y de su equipo “por la sensibilidad, valentía y humanidad que han demostrado en esta película”.

Las Alas de la Vida

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25 agosto, 2006

Entrevistas que supuestamente no sucedieron: Nnenna Freelon

“No hay dos personas iguales en la tierra. Con la música sucede lo mismo; o no es música.” -Billie Holliday

-Al escucharte por primera vez pensé… vaya, hay algo distinto en ella… ¿qué será?
-¿y que te respondiste?
-Bueno, el tipo del asiento de al lado en el auditorio donde yo estaba viéndote cantar se apresuró y le dijo a su esposa: ella tiene magia.
-Jajajaj… ¿de verdad?...
-Sí, no sé lo que pensaría la esposa... pero a mí me leyó el pensamiento.
- Jajaja…
-Tengo un talento extraordinario, tal vez el único natural que poseo, para detectar lo que es realmente bueno allá donde se encuentre.
-Vaya, eso es fenomenal, te llevará lejos, jajaja…
-Bueno, en realidad no me sirve para nada que no sea pura satisfacción interior, no puedo usarlo con otros fines.
-Entonces es bueno para ti... jajaja.
-Nnenna, pocas mujeres entran en la escena del Jazz con la fuerza y seguridad con que tú lo has hecho…
-Verás, no he aparecido de repente. En realidad me ha pasado como a cualquier artista, empiezas de la nada y vas creciendo. Mi carrera no habría avanzado de no haberme tropezado con gente importante, como Julie Andrews o sobre todo Ellis Marsalis. Ellis vio en mí alguien que podía destacar y actuar junto a él fue un gran comienzo.
-¿Y de dónde demonios sale una cantante de las características tan privilegiadas que tú tienes?
-Jajaja… Bueno, en realidad me gradué en el Simon College y en Servicios Sociales por la Universidad de Durham (Carolina del Norte). Me casé y tuve tres hijos. Aparte de eso estudié con Yusef Lateef y pertenecí varios años a una banda en la que Woody Williams era el baterista. Así que no salgo de la nada como es lógico.
-¿No será que ibas al mismo coro que Whitney Huston?
-Jajaja… No, aunque he cantado en un coro parroquial. Son una gran escuela para la gente joven. De hecho uno de mis álbumes lleva por título “Church: Songs of Soul and Inspiration”, donde recreo aquellas canciones que yo cantaba de niña.

Nnenna Freelon - Blueprint of a Lady / Balm in Gilead

-¿Y qué te atrajo de Billie Holliday como para dedicarle un álbum?
-Bueno, Billie fue una mujer muy especial… Billie en realidad cantó lo que tenía que decir a su manera. Es una de las cosas que me impresiona de ella. Fue una superviviente, creó un concepto innovador absolutamente brillante. Ella cantó para su tiempo… Y yo trato de hacer lo mismo. El proyecto surgió en colaboración con el coreógrafo Ron Brown, hicimos una cosa multimedia en vivo sobre Billie. A raíz de eso pensé que podría sacar un álbum dedicado a su música y así lo hice con Concord Music.
-En escena, en ocasiones pareces una reencarnación de Billie Holliday, te vuelves muy espiritual…
-Oh, ¿en serio? Verás, reuní mucha información sobre ella: articulos, grabaciones, opiniones, imágenes, sentimientos… he intentado asumirlo todo y ponerle mi granito de sal. Esta mujer se forjó un camino en medio de una situación difícil. Su arte fue un sendero para ella, fue su refugio, un lugar donde se sentía fuerte, segura, invulnerable. Pasó muchas dificultades, pero la forma en que encaró la vida es realmente increíble. Sólo pensar en la realidad socioeconómica para una mujer negra en 1915, es suficiente para valorar su esfuerzo y coraje.
-Y musicalmente, ¿Qué hallazgos encontraste en la forma de interpretar de Billie Holliday?
-Billie Holliday tenía una sorprendente capacidad para sacar toda la emoción a una canción sin apenas hacer nada. Era una minimalista en cierta manera, aportando su punto de vista sobre la música y haciendo swing a su manera para su época. Lucía hipnotizada, con un estilo sobrio, y muy hermosa.
-¿Te ha molestado que parte de la crítica te haya comparado con Sarah Vaughan?
-En absoluto. Es una de las voces más privilegiadas que han existido. Verás… cuando te incorporas a cualquier disciplina artística, es inevitable que se establezcan comparaciones con los mitos ya establecidos en esa disciplina. En el mundo de la canción, es normal que la gente diga… mmm, su voz es parecida a la de... o canta en el estilo de… es algo que tú no puedes evitar. Lo que sí te puedo decir es que con esas referencias en mente, yo intento tener mi propio estilo, lo cual es un trabajo duro y constante. Me importan mucho los arreglos, la forma de interpretar, la variedad estilística, la instrumentación…
-Hay un aspecto de tu trabajo que me llama la atención, cuando la mayoría de artistas sólo piensan en ganar fama y dinero, tú vas y dedicas parte de tu tiempo a programas educacionales…
-Sí, me he pasado los últimos cuatro años viajando por todo EE.UU. como portavoz de Partners in Education, enseñando a adultos y niños que “cada uno” también puede cambiar el mundo, si uno tiene dedicación y perseverancia. “One child at a time”, con este lema he intentado atraer la atención sobre aspectos educacionales para los niños.
-Vaya, con lo fácil que es sacar discos y presentarlos en el Show de Oprah Wimprey e ir a fiestas y viajar en primera por todo el mundo...
-Jajaja... ya he ido y Oprah es muy simpática pero es una parte de mi trabajo que no me llena tanto como la espiritual, yo aprecio mucho la vida interior, los buenos sentimientos hacia los demás, la entrega a la sociedad... Todo el mundo va a una fiesta alguna vez y viajo en primera por motivos contractuales.
-Si fuera presidente te habría ofrecido el puesto de Condoleeza Rice...
-Jajajaja... gracias pero soy muy feliz haciendo lo que hago que es lo más bello el mundo.
-Nnenna... ¿would you marry me?...
-Lo siento, ya estoy casada... pero eres muy simpático Ignatius...
-Eres muy amable... pero solo conoces una parte de mí... me transformo después de ver a George Bush en la tele...
-Jajaja... bueno nadie es perfecto...
-Me dejas despedirme con uno de tus scat?
-Claro, adelante...
- Sweet, sweet... sweeeet nneeeenaa... dubidubi daaa... tiraro... reero... raariro... nneee... nnaaa...byeeeee.... jajajaja
-Jajajaja...

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24 agosto, 2006

El niño que quería ser un oso


En ocasiones, el cine de animación llega a la madurez y deja de ser un género menor para convertirse en puro cine. Es el caso de este hermoso cuento animado del maestro danés Jannik Hastrup. Una osa polar da a luz una cría que nace muerta. La osa, abatida por el dolor, intenta dejarse morir bajo la nieve. Su pareja, un oso macho, viendo el estado de ánimo de la osa, decide arrebatar un bebé a un matrimonio de esquimales para que la osa lo críe como un osezno. La madre del bebé llora amargamente su ausencia y su marido decide emprender un viaje hasta encontrar a su hijo y devolverlo a casa. Mientras tanto, el niño crece y desarrolla una vida como si fuera un oso.

La película, que ha sido seleccionada para ser exhibida en el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York y en la National Gallery de Washington, ha recibido los siguientes premios internacionales: Children’s Jury Prize and the Adult Jury Prize for Animated Feature Film or Video - The 2003 Chicago International Children’s Film Festival; Best Children’s Film Award - The 2003 Norwegian Children’s Film Festival; Mención Especial Berlin International Film Festival 2003; Premio del Jurado Bangkok Film Festival 2005; Mejor Película Infantil Norwegian Children Film Festival 2003.

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23 agosto, 2006

Tren de madrugada

En agosto de 1989 viajé a Londres por motivos que aquí no vienen al caso. Era un vuelo nocturno. El avión llegó tarde al aeropuerto de Gatwick. Un shuttle me condujo hasta la terminal donde debía tomar el tren a Victoria Station. Era ya bien entrada de madrugada. El tránsito en aquel tren es una imagen recurrente en mi memoria, que aparece y desaparece continuamente. Recuerdo que subí y me senté. Con los nervios no había tenido tiempo de comprar el billete, o sencillamente no supe cómo hacerlo y no quería que se me escapara. Tomé asiento. Al cabo de un buen rato vino el revisor y tuve que abonar el billete con penalización por haber subido abordo sin él. Lo hice, en el convencimiento de que era mi pasaporte para llegar a Londres sin que nada malo me ocurriera. Tal vez tenía miedo. El resto del viaje lo pasé observando el exterior del tren por la ventanilla. Serían las cuatro de la madrugada. Ni un alma ahi fuera. Solo paisajes, viviendas a oscuras, farolas a media luz, vehículos estacionados a las puestas de las casas, bolsas de basura por fuera de los contenedores. Entonces me parecieron imágenes desoladoras, frías, lejanas, de otro lugar ajeno al mío. Tampoco es que tuviera un gran concepto paisajístico de los alrededores de Londres. Había algunas personas más en el mismo departamento que yo. Pronto desaparecieron ellos y sus equipajes. Así que me quedé solo, con la única compañía del ruido de las maquinas, bajo la luz blanca chillona de los neones, sentado en un sillón marrón forrado de cuero, sin perder de vista mi maleta, con mi bolsa entre las manos. Intrépidamente insconciente. Sin pensar en nada y al tanto de todo. Con la mirada clavada en esa sucesión de vistas que, a la velocidad del rayo, pasaban por delante de mí, dejándome huella por lo que veo. Unas vistas que arraigaban en mí una sensación de soledad, una tristeza seguramente pasajera. O igual ya la llevaba conmigo, no lo sé. ¿Habría sido todo distinto de día?, me pregunto. Es posible. El bullicio, la gente, la claridad llenándolo todo, la personas moviéndose en el exterior, el trafico de vehículos afuera. Quizás el viaje hubiese tenido un sentido distinto... En Victoria Station tomé un taxi hasta el hotel pero no recuerdo gran cosa de las calles de Londres por las que transcurrió el recorrido. O tal vez no estoy interesado en recordarlo.

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Yokas-Bosco, la extraña pareja


Boscorelli: Oye Yokas, a veces pienso que deberías ser de otra forma, no sé...
Yokas: Así que Bosco piensa a veces... es toda una novedad... ¿ser de otra forma?, ¿a qué te refieres?
Boscorelli: Pues... no sé... tener otra vida que no sea ser madre y aguantar a un marido en paro
Yokas: Oye Bosco, ¿acaso me he metido yo en tu vida?... ¿alguna vez te he dicho que estoy harta de ser tu madre?
Boscorelli: Yokas aún eres joven... y estás buena... joder podrías aspirar a un tio que te diera mas marcha, no sé...
Yokas: ¿Te parece poca marcha hacer mi turno cada día para luego irme a casa a criar dos hijos?
Boscorelli: A eso mismo me refiero... recuerdas aquel tipo que te encontrase, aquél que había estudiado contigo...
Yokas: Sí, ¿qué pasa con él?
Boscorelli: Pues pasa que debiste haber ido a la cita y haberte dado un buen revolcón... eso pasa
Yokas: Oh, claro... es un consejo de Maurice Boscorelli, ese hombre maduro y equilibrado... ¿por qué no cierras la boca señor pichafloja?...
Central:...Cinco Cinco David... disparos en un hotel en el 423 de la Cuarta y Brighton Row...
Yokas: Cinco Cinco David... 423 de la Cuarta y Brighton Row...
Boscorelli: Joder Yokas, cada vez que hablamos de algo importante van los de la central y nos colocan un aviso...
Yokas: Anda pon la sirena y conduce... don Juan... jajaja

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20 agosto, 2006

Charlie Moreno


La canción azul
Charlie Moreno (bajo) - José Antonio Ramos (timple) - Polo Ortí (piano) - Andreas Prittwitz (saxo)

"Hola, mi nombre es Charlie Moreno. Nací en 1978, y me dedico profesionalmente a la música desde los 19 años" -dice él de sí mismo.

Lo único que sabía de él es que era de Gran Canaria, que tocaba el bajo y que había sacado su primer álbum, So Lonely. El CD llegó a mis manos por recomendación de mi amigo Curro, y desde entonces no he hecho más que escucharlo una y otra vez. En él hay frescura, talento e inventiva. Surge una nueva ola de jóvenes con la fuerza suficiente para devolver el bajo a la primera línea del Jazz... y Charlie Moreno está entre ellos.

El periódico Canarias 7 ha organizado un encuentro on-line con el músico, del cual hay aquí algunos fragmentos:

P:¿Quién es el bajista que mas te ha influenciado? (A.H)
R: Bueno, yo diría siempre que Jaco Pastorius, pero es que hay un gran abanico de grandes bajistas a los que también he "robado" un poquito de su técnica, de su forma de afrontar un solo, etc. Por darte algún otro nombre además de papá Pastorius, tenemos a Víctor Wooten, Richard Bona, Marcus Miller, Carles Benavent, Brian Bromberg y un largríiiiiiiiiisimo etc.

P: Hola Charlie. Enhorabuena por haber logrado después de muchísimo esfuerzo, tiempo e ilusión haber podido mostrar tu excelencia como músico y compositor en un disco. Ya lo he oído al menos 15 veces y cada vez me parece más completo y lleno de talento. Espero que sea por fin el trampolín que te catapulte en el mundo de la música.... ¿qué nuevos proyectos te planteas?¿qué músico soñado querrías tener en el próximo disco?..... Abrazos !!!! (Sergio S.)
R: Muchas gracias, Sergio. Ahora mismo estoy trabajando en diferentes frentes. Tanto con la presentación de So Lonely, como actuando como músico acompañante de diversos artistas del panorama pop español. Además estoy moviendo un proyecto en Barcelona que me hace mucha ilusión y que está funcionando muy bien. Es un dúo, bajo y voz, con mi amigo y cantante Carlos Calzado. Estoy buscando la oportunidad de presentarlo en las islas. Además estoy llevando la producción de algunos temas que me han encargado para empresas en Barcelona, sintonías, etc. Lo grabo todo en mi estudio, en casita. Con respecto a lo del músico soñado para mi próximo disco, depende mucho de la disponibilidad. Tengo muchos y buenos contactos con músicos fenomenales con los que me encantaría contar para mi próximo trabajo. Depende también de la música, a ver qué gran músico sería el adecuado para algún tema en concreto.

P: Hola, Charlie y felicidades por tu primer disco ¿Cuáles son tus influencias y tus músicos favoritos? (Ramón Herrera)
R: Muchas gracias Ramón. Mis influencias en lo que a estilos se refiere son muy amplias. Digamos que mi background es la música negra, el funk, el soul, el blues, y cómo no, el jazz. Son los estilos con los que más disfruto. Y además, la música africana, y algunas cosas del pop y el rock. El problema con estos últimos es que ya es muy difícil escuchar algo que me sorprenda, la gran mayoría son clichés comerciales y productos gancho.
Mis músicos favoritos son Jaco Pastorius, Herbie Hancock, Pat Metheny, Chic Corea, Bobby McFerrin, Joe Zawinul, Richard Bona, Paco De Lucía, Michel Camilo, Dave Fuzinski, Keziah Jones, y muchísimos más. Supongo que esta lista es susceptible de variar cada día, ya que admiro a muchos músicos y no me caben todos aquí...

P: Ya tienes disco, felicidades!!! Y ahora qué? Un saludín y arriba de ellos (Domingo)
R: Pues ahora a intentar que mi música llegue lo más lejos posible. Me encantaría que se pudiese escuchar en cualquier parte del mundo y eso no es nada fácil, pero estoy haciendo el esfuerzo necesiario para que llegue a diferentes sitios de Europa y EEUU. Creo que es un disco que se puede disfrutar tanto aquí como en Pekín. Estoy muy orgulloso de él.

P: ¿El jazz atraviesa un buen momento o una crisis? (Víctor)
R: No creo que el jazz en particular atraviese ninguna crisis. La escena musical en general está bastante desmejorada, y muchas veces es bastante desalentador ver cómo funciona la industria y cómo se trata al músico en ciertos ámbitos. Yo cuando me cuelgo el bajo y cierro los ojos y me pongo a improvisar con mi banda o con los músicos con los que suelo compartir escenario y vivencias, te garantizo que sólo pienso en un buen momento, en un grandísimo momento. Y creo que si eres capaz de entender y disfrutar el jazz, verás que este estilo en concreto no conoce crisis. Yo tengo discos que se editaron hace 50 años (Parker, Monk, Davis, Mingus, etc.) con los que sigo disfrutando y aprendiendo todavía hoy. Y hay muy pocos estilos de los que se pueda extraer una sensación como esta.

P: ¿Está de acuerdo con que la fusión ha logrado que el jazz en Europa deje de ser una minoría? (Javier Suárez)
R: Estoy de acuerdo en que la música no debe llevar etiquetas. Toda la música ha surgido de fusionar estilos. Y el jazz no iba a ser menos. El jazz está evolucinando. Yo soy un ferviente amante de las mezcolanzas, de añadir diferntes ingredientes que den sabor diferente a lo que tocas y/o escuchas. También estoy de acuerdo con aquellos que tocan jazz como se tocaba hace 50 años, eso es también maravilloso, de hecho, creo que es la faceta más complicada y retante del jazz.

P: Además de talento, ¿qué se necesita para ser un buen músico de jazz? Un beso grande y adelante de una fan (Noelia)
R: El jazz necesita un compromiso. Necesita que se le dediquen muchas, y quiero decir MUCHAS horas de estudio, y necesita también que se practique con otros músicos también por muchas horas. Siempre digo que el jazz es a la música lo que la neurocirugía es la medicina. Y por eso creo que al músico de jazz merece un respeto especial. Es alguien que ha pasado mucho tiempo de su vida dedicado a la gran tarea de desarrollar la habilidad de improvisar, usando la música como principal medio de expresión de su arte. Y eso es muy complicado y requiere un esfuerzo grandioso. El jazz es una forma de vida.

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Terry Kath

Terry Alan Kath (31 enero, 1946 – 23 Enero 1978), nacido en Chicago-Illinois, guitarrista, vocalista y fundador (junto con Walter Parazaider, Danny Seraphine y Lee Loughnane) del grupo Chicago. James Pankow, Peter Cetera y Robert Lamm fueron llamados por Kath para completar la primera formación de la banda. Kath compuso "Introduction" para su primer álbum, The Chicago Port Authority, editado en 1969. Era un músico autodidacta, que apenas sabía leer música, fiel seguidor de Jimmy Hendrix. El éxito "Questions 67 & 68" tenía líneas de guitarra creadas por Kath, que se convirtieron en el sello de identidad de Chicago. "Beginnings", otro éxito del grupo, estaba subrayado por Kath con un acompañamiento rítmico de guitarra de 12 cuerdas, que luego sería emulado por otras bandas. Fascinado por los artilugios, Kath llegó a poseer casi veinte guitarras, aunque las primeras que llegaron a sus manos fueron una Gibson SG y una Fender Stratocaster. No era amigo de modulaciones especiales ni modificaciones de sonido. le gustaba experimentar con amplificadores y distorsionadores. Utilizaba los pedales wah-wah con avidez. Kath se había casado con Camelia Ortiz en 1974, y en los últimos años de su vida se había visto atrapado por el alcohol y las drogas, incluyendo la cocaína. Sus compañeros de banda sabían de su lenta agonía hacia la infelicidad. Se dice que de no haber fallecido, habría sido el primero en abandonar el grupo. de hecho, alguien supo que estaba preparando un disco en solitario.

Sobre las cinco de la tarde del 23 de enero de 1978, después de una fiesta en casa de su amigo Don Jonson en Woodland Hills, en Los Angeles, Kath –que era un entusiasta de las armas- tomó una pistola nueve milímetros semiautomática y se puso a limpiarla. Cuando Jonson le gritó desde la cocina que tuviera cuidado, Kath revisó la recámara para probar que la pistola no estaba cargada, apuntó al aire y apretó el gatillo. En su estado de embriaguez, olvidó que algunas pistolas semiautomáticas disponen de un dispositivo de seguridad que previene de la descarga de una bala cargada cuando la recámara es retirada (es por eso que la recámara siempre debe ser revisada visualmente). Cuando reinsertó al recámara, Kath colocó la pistola en su sien y apretó el gatillo pronunciando la tristemente infame frase de “no te preocupes, no está cargada”, en otro intento de probar que todo estaba bajo su control. Desgraciadamente con la recámara reinsertada, la bala cargada se descargó y lo mató en el acto, apenas cuando faltaba una semana para su treinta y dos cumpleaños. Terry Kath fue enterrado en el Cementerio Forest Lawn Park Memorial de Glandale, en California. Tenía una hija de dos años –Michelle-. El mazazo para familiares, amigos y para el grupo fue devastador. Chicago ya no sería lo mismo sin Ferry Kath, su fundador.

Su última aparición sería el recién grabado Chicago XI en 1977, donde premonitoriamente Kath cantaba la hermosa balada que cierra el álbum, “little one”, un tema que Danny Seraphine había escrito para sus hijas, y que en la voz de Terry Kath, parecía que el guitarrista le cantara a su propia hija Michelle:

Little one it's so nice to have you near me / to feel once again the love you bring here / Ooh my little one, I am sorry for the pain you've felt / say the word and daddy will make it disappear / Oh my little one / bring your love here / little one / I need you near / little one / don't live in fear of the future / 'cause I will always be there / Oh my little one / music is my life, I hope you understand / traveling on the road with me you can see the way we live / Oh my little one / I will always cherish these days with you / as time goes by I hope you see the love I tried to give / Oh my little one / let your love flow / my little one / like a flower you'll grow / someday you'll have your own little one / and you will always be there / Little one, it's so nice to have you near me / to feel once again the love you bring here / Ooh my little one, I am sorry for the pain you've felt / say the word and daddy will make it disappear / Oh my little one / bring your love here / Little one need you near me / Little one / don't live in fear of the future / ‘cause I will always be there / Oh my little one / let your love flow / My little one / like a flower you'll grow / someday you'll have your own little one / and you will always be there / My little one…

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La sexualidad de los discapacitados

Titulo: Almas con Sexo. Género: Documental. Año de Producción: 2002. Nacionalidad: Española. Formato: Vídeo Betacam. Directora, guionista y productora: Pilar González Rams. Idioma: Danés- Español (Versión original con subtítulos en Español). Equipo en Dinamarca: Corealización y Postproducción: Mikkel Grey. Cámara: Kristian Mott. Asistente de cámara y producción: Michael Bro. Equipo en España: Cámara: Manolo Aparici. Sonido Directo y Postproducción: Juan Antonio Ramos (Thrill Solutions). Edición: Taller de Audiovisules de la Universidad de Valencia.
Sinopsis: Almas con Sexo es un documental que trata la sexualidad de las personas con discapacidad física severa en dos países diferentes: España y Dinamarca, dando así dos puntos de vista totalmente distintos.

Festivales en los que ha participado:
-FESTIVAL DE VITORIA-GASTEIZ del 24 al 29 de junio 2002
-XXV FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE INDEPENDIENTE DE ELXE del 18 al 24 de
julio del 2002
-FESTIVAL INTERNACIONAL DE DOCUMENTAL DE BARCELONA “DOCUPOLIS” del 16 al
de Octubre del 2002
-4ª MOSTRA DE CINEMA DE SOS RACISME. Barcelona. Del 7 al 9 de Noviembre del 2002.

Pilar González Rams tiene treinta años y es licenciada en comunicación audiovisual por la Universidad de Valencia. “Almas con sexo” fue emitido por el programa Documentos TV de TVE el día 5 de marzo de 2003.

ALMAS CON SEXO SEGÚN SU DIRECTORA, PILAR GONZÁLEZ RAMS:

Todo comenzó cuando me fui a estudiar a Dinamarca con una beca Erasmus. Allí conocí a Tor, un joven danés con una parálisis cerebral que le afectaba a más del 90% de su cuerpo. En una primera impresión deduje que Tor no podía ser candidato a gozar de una vida sexual debido a su condición física. Sin embargo todas mis premisas se vinieron abajo cuando Tor comenzó a contarme paso a paso como vivía su sexualidad. En ese momento mi reacción fue exactamente la misma que tienen los espectadores la primera vez que ven el documental: “nunca me había planteado este tema”. Reconozco que en ese preciso momento yo era una víctima más de la desinformación que existe en torno al sector de personas con discapacidad

Por otra lado, comencé a indagar sobre el sistema de bienestar social danés y descubrí que el Estado proporcionaba a estas personas todos los servicios necesarios con el fin de cubrir las necesidades de este colectivo, especialmente en el ámbito de la sexualidad . Cuando los daneses alcanzan la mayoría de edad se independizan de sus padres y es el gobierno quien a partir de entonces se encargará de ellos proporcionándoles numerosas ayudas para que puedan llevar a cabo esta emancipación. En el caso de las personas con discapacidad, éstos pueden elegir entre vivir en una residencia o en pisos individuales. Si su opción es esta última, el gobierno les proporciona el piso y los asistentes necesarios para que puedan llevar una vida normalizada e independiente dentro de sus límites. Esto independencia sin duda favorece que la persona con discapacidad pueda tener una vida sexual. Es obvio que en España la mayoría de personas con discapacidad viven con sus padres o en residencias, con lo cual, la privacidad y libertad para gozar de su sexualidad se ven mermadas.

La experiencia de Tor me hizo reflexionar sobre el papel tan importante que ejerce la sexualidad en personas con discapacidad y al mismo tiempo los mitos y tabúes frutos de la ignorancia que todavía siguen vivos en algunas sociedades y que pueden poner en peligro el derecho a una necesidad tan básica como esta. Así que con el deseo de transmitir este mensaje, decidí realizar mi primer documental sobre discapacidad y sexualidadad, un pequeño film de 10 minutos de duración que reflejaba esta temática dentro de la sociedad escandinava y donde Tor era el protagonista.

Cuando regresé a España en el verano del 2001, mi primera reacción fué preguntarme como estaba planteado este tema en nuestro país. Después de una superficial investigación se me ocurrió la idea de realizar un documental que tratase el tema de la vida sexual de los discapacitados en dos paises diferentes: España y Dinamarca. Y es aquí cuando surge la primera versión de Almas con Sexo, un documental que sin elogiar un sistema en detrimento de otro pretendía contar las experiencias que viven los discapacitados físicos a la hora de satisfaccer sus necesidades sexuales.

En España no me asombró demasiado que este tema no se contemplara en ningun lugar. Después de una exhaustiva busqueda no encontré ningún artículo o información al respecto y las respuestas que obtenía de los servicios sociales eran tales como “ hay otras necesidades que cubrir que son prioritarias a la sexualidad” o “nunca ha habido demanda sobre este tema y por ello no se han propuesto iniciativas”.

Pero el gran obstaculo con el que realmente me encontré en España fue conseguir testimonios de personas con discapacidad que quisieran compartir sus experiencias. Tardé más de tres meses en encontrar a alguién que quisiera intervenir en el documental. En muchas de las asociaciones donde me dirigía para obtener este tipo de información intentaban evitar el tema manifestando que nunca habían tenido demanda de ninguno de los miembros. Recuerdo como la directora de una asociacion de universitarios con discapacidad me dijo que sus estudiantes eran todavía muy jovenes y por lo tanto no se habían planteado todavía esta necesidad, así que esta persona me recomendó ir a otra asociación donde la gente era más mayor y probablemente me podrían ayudar. Finalmente encontre a un sexólogo que estaba realizando un taller de sexualidad y gracias a la ayuda que él me prestó conocí a las dos personas que salen en mi primer documental: Juanma y Raquel.

En Enero del 2002 y despúes de haberme enfrentado a un duro rodaje acentuado por los tipicos problemas a los que se enfrenta una directora nobel, conseguí finalizar el documental con éxito y comenzó la etapa de los festivales. El resultado fué una gran acogida no sólo por parte del público de festivales sinó también por parte de numerosas asociaciones de discapacitados que mostraron un gran interés por el documental invitándome a a sus jornadas y congresos para proyectarlo y relatar mi experiencia.

En el més de Mayo de ese mismo año, una productora de televisión catalana me propuso dirigir un nuevo documental sobre esta misma temática para el programa DocumentosTV de TVE. Una versión donde se utilizaban las imágenes de mi primer documental pero con la estructura propia de documentos tv, surgiendo así la segunda versión de “Almas con Sexo”.

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Félix Francisco Casanova


Con 17 años obtuvo con "El invernadero" el premio el Julio Tovar, principal galardón de poesía de Canarias. A los 18 años recibió el Benito Pérez Armas de novela con "El don de Vorace". A los 19 le fue concedido por el periódico "La Tarde" el premio al poemario "Una maleta llena de hojas". Fue también autor de un diario, "Yo hubiera o hubiese amado", y de "Cuello de botella", un libro de poemas escrito en colaboración con su padre. El conjunto de los versos de Félix Francisco Casanova está recogido en el volumen "La memoria olvidada" (1973-1976), publicado por la editorial Hiperión en 1990.
Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1956, hijo del poeta Felix Casanova de Ayala. Vivió en Tenerife hasta su muerte en enero de 1976: lo encontraron en la bañera asfixiado por un escape de gas. Tenía sólo 19 años. Tras su desaparición quedó la hueya profunda de su fugaz obra, dando paso al nacimiento del mito, alentado por los rumores de su posible suicidio, que aún resuenan. Es incluso probable que esa áurea mística que le rodeaba haya impedido en cierta medida un mayor acercamiento a su obra y a lo que ésta significó. Desde entonces, llueven los aplausos, las consideraciones, los homenajes y los poemas escritos en su recuerdo, en recuerdo de aquel jóven que tal vez hoy sería una figura de la poesía y la narrativa escritas en español.

"A veces, cuando la noche me aprisiona,
suelo sentarme frente a una cabina
telefónica
y contemplo las bocas que hablan
por lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar,
yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas."
...
"El autobús de medianoche
pasará por aquí, frente a tu casa.
Sonará tres veces el claxon
y oirás las risas contagiosas
de sus pasajeros.
Tú morderás la cortina de la ventana
y aferrándote a los muebles
romperás a llorar.
Justo la noche en que decidas
marchar
él faltará a la cita."
...
"Era flexible como un junquillo
y su nombre no hacía despegar los labios.
Ni al caminar por la más blanda arena
dejaba huellas, ni al lanzarse al mar
espuma.
Nunca la lluvia consiguió mojarla
ni la hojarasca crujió a su paso.
No tengo la menor idea de dónde está.
¿Lo sabes tú?"
...
"¿A qué podremos jugar
cuando el invierno emigre
y las lluvias cesen?
Ya no será tan fácil deslizarse
por la húmeda lengua del crepúsculo,
alzar el vuelo con los cuerpos
trenzados
y respirar por una misma boca.
¿Sería ésa la hora
de suponer perfecto nuestro estilo,
de, quizás, haber creado
la verdadera comunicación
para rechazarla luego?"

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19 agosto, 2006

Jazz

Diccionario: “Estilo de música de raíces Afro-Americanas caracterizada por una subestructura rítmica sólida, notas tristes, e improvisación de estructuras armónicas y melódicas.”

Enciclopedia: “Una forma de arte Americana y un fenómeno internacional.”

Académica: “Género de música americana originado en New Orleáns alrededor de 1900 y caracterizado por una métrica prominente y fuerte, improvisación, colores tonales distintivos e interpretaciones técnicas características, y patrones rítmicos puntuados o sincopados.”

Ken Burns: “El verdadero poder del Jazz es como un grupo de gente puede juntarse y crear un arte improvisado y negociar sus agendas… siendo esa negociación un arte.”

Wynton Marsalis: “El Jazz es algo que inventaron los negros para decir las cosas más profundas, no sólo sobre nosotros y cómo vemos las cosas, sino sobre como vemos la forma moderna de vida democrática. Es la nobleza de una raza hecha música… es la música más compleja de interpretar que conozco, y es la prueba más portentosa de la emoción humana en la historia de la música occidental.”

Profesor de biología de una Universidad Americana: “Dejo que sean las grandes mentes quienes definan el Jazz. Podemos debatir sobre qué es o no es el Jazz, pero cuando lo hacemos yo pierdo el interés. En biología, no podemos siempre distinguir entre humanos, animales y plantas, y eso está bien. Es bueno proclamar lo insignificantes que somos. En música ocurre lo mismo.”

Louis Armstrong: “El Jazz es una música en que un tema nunca es interpretado igual dos veces.”

Ralph Ellis: “El Jazz es una arte de afirmación individual en el grupo y frente a él.”

Pat Metheny: “Jazz no es la música de Kenny G.”

Un viejo músico: “El Jazz es mejor que el sexo… y dura más.”

Un crítico: “No disponemos de una definición porque el Jazz es una forma de arte viva, siempre cambiando, siempre creciendo.”

Un maestro: “Si a ti te suena a Jazz, es que es Jazz.”

Un audaz: “Algunos dicen que el Jazz tiene un pié metido en la tradición mientras busca ponerle zapatos nuevos al otro, o tal vez un baño caliente y polvos de talco.”

Frank Zappa: “El Jazz no está muerto, sólo huele divertido.”

Leonard Bernstein: “First simple scales that soared slowly and floated back down again, sometimes stumbling on the way.Then more and more difficult scales that climbed quickly and fell with dizzying speed and soaring arpeggios...”

Miles Davis: “Jazz es una palabra del Tío Tom… Deberían parar de usar esa palabra para vender.”

Charlie Mingus: “Para mí la música es un lenguaje en el sentido del término. Hace muchos años yo utilizaba el lenguaje hablado con muchas dificultades. Mi boca no podía expresar bien mis pensamientos. Mi contrabajo se convirtió en mi forma de expresarme. Así que yo hablo con la música.”

Paquito D’Rivera: “Un día estando aún en la Habana, me dijeron que un tipo vestido de marciano con un sobrero como un cartucho en la cabeza había estando preguntado por mí… era Dizzy Gillespie… es la mejor definición de Jazz que conozco.”

Dizzy Gillespie: “Me ha llevado toda la vida aprender qué no tocar.”


Bill Evans Trio (1965) - Waltz for Debbie

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Avión despegando (Plane's take-off)

Comandante: ... eehh... Luxor 4380 solicitando inicio de rodadura a la pista de despegue...
Torre:... Luxor 4380... inicien rodadura hasta la salida cuarta y giren a la izquierda...
Comandante: ... Luxor 4380... iniciando rodadura hasta la salida cuarta para girar a la izquierda...
Torre: Luxor 4380... informen cuando estén en esa posición...
Copiloto:... Buena visibilidad... viento SSW 8 Km/h... sin turbulencias para el despegue... ausencia de techo de nubes... pista seca y en buenas condiciones...
Comandante: Luxor 4380... solicitando Permiso de Tránsito de Vuelo...
Torre:... Luxor 4380... está autorizado al aeropuerto de Boston por la UA36... nivel de vuelo 310... salida Oscar-4... frecuencia de control de salida 128.80... código de transponder 4380... posterior al despegue mantenga inicialmente 7000 pies...
Comandante:... Luxor 4380... autorizado al aeropuerto de Boston por la Ua36... nivel de Vuelo 310... salida Oscar-4... frecuencia de control de salida 128.80... código de transponder 4380... posterior al despegue mantaner inicialmente 7000 pies...
Torre:... Luxor 4380... recibido...
Comandante:... Lista de comprobación...
Copiloto:... Alerones, timón de dirección y profundidad verificados... sistema de presurización verificado... trim y flaps de despegue en posición... aerofrenos replegados... control de los instrumentos verificado... valores de potencia de despegue revisados... velocidades de despegue verificadas...
Comandante:... efectuando briefing... carrera de despegue hasta alcanzar V1... en caso de falla anterior a V1 despegue abortado y frenado seguro del aparato... en caso de falla de motor u otra que atente seriamente a la seguridad posterior a V1, alcanzar V2 e iniciar la subida del aparato para evitar una salida de la pista... si no hay falla, al alcanzar Vr presionar comando de vuelo para colocar la actitud de nariz arriba y despegue... velocidad de ascenso 300 Km/h hasta nivel de vuelo 310...
Copiloto:... Todo listo...
Comandante:... Luxor 4380... entrando en pista para despegar...
Torre:... Luxor 4380... permiso para despegar...
Comandante:... soltando frenos... aplicando potencia de despegue a los motores... controlando dirección con comando de rueda de nariz...
Copiloto:... aceleradores ajustados al valor de EPR para despegue... instrumentos del motor monitorizados...
Comandante:... Aeronave alineada al eje de la pista...
Copiloto:... 60 Kms/h... timón de dirección efectivo...
Comandante:... Pasando a pedales de dirección...
Copiloto:... 80 nudos...
Comandante:... 80 nudos...
Copiloto:... Alcanzando V1... alcanzando Vr...
Comandante:... Comando de vuelo en actitud de nariz arriba... allá vamos...
Copiloto:... Seguridad en el aire y ascenso positivo...
Comandante:... Retraer tren de aterrizaje...
Copiloto:... Tren de aterrizaje retraído...
Comandante:... ¿Altura de seguridad?...
Copiloto:... 1500 pies.. altura de seguridad alcanzada...
Comandante:... Decreciendo actitud de nariz arriba... aumentando aceleración... retraer flaps...
Torre:... Luxor 4380... pasar a frecuencia del control de salida...
Comandante:... Luxor 4380 pasando a frecuencia del control de salida...
Torre:... Luxor 4380... buen vuelo...
Comandante:... Luxor 4380 en ruta... gracias...

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17 agosto, 2006

Jayson el argonauta

"Mentí sobre donde había estado, sobre dónde había conseguido la información, sobre cómo escribí al noticia", dice Jayson Blair, de 27 años, de raza negra, así que ningun parentesco con el primer ministro británico de los cojones. Un tipo del Washington Post, Howard Kurtz, tuvo que meter la naríz y descubrir que una de las piezas escritas por Blair en The New York Times sobre una familia de Tejas con un hijo desaparecido en Irak, utilizaba párrafos escritos por una reportera del San Antonio Express News. ¡Gilipollas! Tenías que haber fusilado material del periódico de Fargo en Dakota del Norte. Aunque es muy probable que Frances McDormand te hubiera jodido el invento con su astucia parsimoniosa. El muy cabrón de Blair -el reportero digo, el otro ya lo sabíamos- nunca se movió de su pequeño apartamento en Brooklyn, cuentan que bien puesto de alcohol y cocaína, mientras hacía ver que viajaba por todo el puto país recogiendo testimonios. El escritor en ciernes hizo un trabajo aparentemente espléndido durante la guerra. Con la redacción del periódico diezmada por el envío de periodistas a Irak, el joven reportero empezó a recorrer el país en busca de historias. Hablaba con padres de prisioneros, con esposas de soldados, con heridos de guerra, y su firma saltaba de Tejas a West Virginia y de Virginia a Maryland. Nadie sospechó nada, nadie se fijó en su modus operandi. En cinco meses de viajes frenéticos por todo el país, Blair no presentó ni un solo billete de avión, ni una factura de hotel, ningún contrato de alquiler de coche. ¿Para qué?, si lo más lejos que iba era al badulaque de la esquina a comprarle cigarrillos y whisky al Apu de turno. ¿No se te ocurrió entrar en la base de datos de Amadeus, idiota? Sí, la que usan las agencias de viajes. Habrías conseguido amañar lo de los desplazamientos. Desde las oficinas del NYT, Blair entraba en el archivo fotográfico informatizado y se dedicaba a hacer descripciones basadas en las imágenes captadas por los fotógrafos, a robar frases de otros medios y a inventar con la máxima audacia. Qué cabrón. Solía describir a los sujetos de sus reportajes de forma amable, así que nadie se quejaba. Uno de estos tipos explicó más tarde mientras hacía una barbacoa en su jardín, que daba por supuesto que la prensa manipulaba, así que no le pareció extraño que se pusieran en su boca cosas que no había dicho. Acto seguido telefoneó a su abogado a ver si se podía sacar algo del asunto y siguió asando carne sin inmutarse. Cuando fue convocado por la dirección, y ante el cúmulo de pruebas en su contra, Blair prefirió dimitir que reconocer su culpa. Ya se lo contaré a Oprah Winfrey, pensaría... o en mi propia Web, si me sale de los huevos. Actualmente Jayson sigue un tratamiento en una exclusiva clínica de Manhattan y se ha puesto en manos de un resuelto agente que espera conseguir un millón de dólares para el muchacho, entre derechos literarios y cinematográficos de la historia de la estafa periodística. Cuba Gooding Jr. suena como protagonista de una posible película (Will Smith exigía cantar mientras redactaba, y Sidney Poitier solo podría hacer de abuelo de Blair en silla de ruedas). Probablemente no voy a poder escribir nada en toda mi vida que no sea ficción -ha declarado el muchacho-, que ya ha recibido un anticipo de 150.000 dólares por un libro sobre el escándalo. En realidad aún estaría timando de haberse documentado como es debido. Pero no lo hizo. El tipo del badulaque le habría alquilado El golpe, los timadores, o casa de juegos, mas una caja de galletas con sirope de fresa de regalo. Los timadores de esas películas si que eran profesionales.

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16 agosto, 2006

John Kennedy Toole

Todo acerca de ti se ha convertido en una leyenda. Abandonaste este mundo en 1969, a la edad de 32 años. Cuentan que estabas deprimido, habías engordado, bebías demasiado, aferrado a un sexo sin control. Desilusionado por no encontrar editor para tu obra literaria, un día de forma estudiada condujiste por una carretera rural a través de la costa del golfo de Mississipi. Aparcaste el vehículo. Sacaste una manguera de las de regar el jardín. Colocaste un extremo en el tubo de escape y el otro lo introdujiste por una de las ventanillas traseras. Fuiste hallado muerto con el motor del coche aún en marcha.

Tu personalidad reunía demasiadas controversias: habías sido un niño mimado; un prodigio academico de primer orden; un muchacho torturado por los conflictos con una madre dominante; un joven con una identidad sexual no asumida; un hombre con signos de esquizofrenia; un profesor de lengua muy apreciado; un trabajador incansable; un amante de las costumbres y la música de New Orleans, tu lugar de origen. Te marchaste de este mundo pensando que tu obra, aquella a la que habías consagrado todos tus esfuerzos, nunca seriá publicada. No fue así. Años después de tu muerte, multitud de nuevos lectores se aproximan a tu obra, descubren tu talento y entonces piensan que tu desaparición les arrebató a un autor que, de haber continuado escribiendo, habría proporcionado grandes obras a la literatura de todos los tiempos. Por eso se te sigue echando de menos, Ken.

Everything about you has turned into a legend. You died in 1969, at the age of 32 years. They tell that you were depressed, had put on weight, were drinking too much, stuck to a sex without control. Disappointed that you did not find publisher for your literary work, one day you drove by a rural highway across the coast of the gulf of Mississipi. You parked the vehicle. Extracted a hose of those of watering the garden. Placed an end in the tailpipe and introduced the other for one of the rear windows. You were found dead with the engine of the car still on.

Your personality was assembling too many controversies: you had been a pampered child; an academic prodigy of the first order; a boy tortured by the conflicts with a domineering mother; a young man with a not assumed sexual identity; a man with signs of schizophrenia; a very valued teacher of language; a tireless worker; a lover of the things and the music of New Orleans, your place of birth. You left this world thinking that your work, that one to which you had dedicated all your efforts, never would be published. It was not like that. Years after your death so many new readers come closer your work, discover your talent and then they think that your disappearance snatched them an author who, in the case of having kept on writing, would have provided great works to the all time literature. That's why they keep on missing you Ken.

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Ignatius

"Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez..." -John Kennedy Toole (A Confederacy of Dunces)

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